Estados Unidos «ya es parte del eje autoritario mundial». Lo afirma el premio Pulitzer y gran cronista del espionaje estadounidense, Tim Weiner (Nueva York, 1956), a su paso por Madrid para presentar la segunda parte de su monumental historia de la CIA. La Misión (Debate) arranca con la crisis existencial de la Agencia en medio del traumático nacimiento del siglo con el 11-S y termina en deriva distópica: un presidente autocrático que ha declarado la guerra a sus propios servicios secretos y ha puesto al mundo entero en alerta roja.
- Donald Trump cumplió ayer nueve meses en el poder. ¿Cómo ha impactado su segundo mandato en la CIA?
- Desde el primer día lanzó una bola de demolición para derribar la arquitectura de seguridad nacional creada por EEUU y sus aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, que se diseñó, entre otras cosas, para protegernos del imperialismo ruso. El primer golpe fue contra la CIA: tres días después de asumir el cargo colocó a la cabeza de la Agencia a uno de sus guerreros MAGA, John Ratcliffe. Lo primero que hizo fue lanzar una purga en la CIA, eliminando a agentes con experiencia y talento porque no pasaban el test de «pureza ideológica». Trump odia a la CIA.
- ¿Por qué?
- La detesta porque cree que es la capital de lo que él llama el «Estado profundo». Ese «Estado profundo» no existe, claro.
- ¿Cómo se pasa un test de pureza ideológica?
- Los espías más veteranos debían responder a preguntas como: «¿Por quién votaste en 2024?»; «¿qué opinas del asalto al Capitolio?» o «¿quién ganó de verdad la elección de 2020?».
- ¿Lo hacían por escrito?
- Era más bien una especie de examen oral. Y en el FBI ha ocurrido lo mismo: el responsable designado por Trump, Kash Patel, también está destruyendo la estructura del Bureau. Al frente de todo este entramado está Tulsi Gabbard, la zarina de la seguridad nacional, una conspiracionista. Lo que estamos viendo es la destrucción sistemática del talento más experimentado en la Inteligencia norteamericana. Y eso aumenta drásticamente el riesgo de un fallo de Inteligencia catastrófico y sistémico. Hoy atravesamos un momento tan peligroso como en los días previos al 11-S.
- ¿En qué medida afecta el caos a las alianzas con otros servicios secretos mundiales?
- EEUU tiene acuerdos con más de 60 servicios de Inteligencia. Pero países como Holanda ya han dicho públicamente que no compartirán información con Washington porque no se fían de los nuevos mandos. Eso eleva el riesgo de desastre, porque cuando la Inteligencia se hace bien, salva vidas. Por ejemplo, en agosto de 2024 la CIA destapó un plan del Estado Islámico para atacar un concierto de Taylor Swift en Viena. Si el ataque se hubiera consumado, habrían muerto miles de personas. La destrucción del sistema de Inteligencia estadounidense por parte de Trump aumenta el riesgo global.
- ¿Beneficia toda esta inestabilidad a Rusia y China?
- Los servicios de Inteligencia rusos y chinos son muy distintos. Los rusos solo quieren joder a Occidente; los chinos quieren conocernos. Como decía Sun Tzu en El arte de la guerra: «Conoce a tu enemigo». La penetración del espionaje chino en el cuerpo diplomático estadounidense es impresionante. Hace diez años robaron los archivos de seguridad de todos los empleados de Inteligencia, incluidos los de la CIA, y los cruzaron con datos biométricos sustraídos de aeropuertos, procesándolos con Alibaba. Hoy, si un agente viaja a China, apenas aterriza ya puede saludarlo un funcionario que sabe quién es.
- ¿Qué busca Pekín con ese acopio de información?
- En 2013, Xi Jinping dijo: «Los datos son el petróleo de esta era». China quiere dominar la información para ganar a Estados Unidos. Quiere un mapa del terreno humano, del campo de batalla.
- Trump es un político al que le gusta la adulación. Usted cuenta en el libro que el jefe de la CIA retuerce y distorsiona la Inteligencia para complacerle.
- Exacto. Y la ideología es la enemiga de la Inteligencia. Cuando eres un ideólogo ya sabes en qué bando estás; entonces, ¿para qué quieres información? Hace unos meses, tanto la CIA como el Consejo Nacional de Inteligencia informaron de que no existían motivos justificados para declarar la guerra a Nicolás Maduro. Trump ordenó reescribir ese informe para que coincidiera con sus ideas. Cuando el Consejo se negó, despidió al director. Y después anunció públicamente una operación encubierta para deponer al líder chavista.
- ¿Por qué ha convertido a Venezuela en objetivo?
- Lo que están haciendo los militares americanos por orden de Trump en el Caribe es asesinar. No puedes disparar a una lancha llena de civiles en medio del mar: viola la ley internacional y la estadounidense. El asesinato como instrumento de la política exterior estadounidense tiene una larga y dolorosa historia en Latinoamérica: Guatemala en 1954,la Contra nicaragüense en los 80, la invasión de Panamá en 1989... En todos esos casos murieron miles de civiles inocentes.
- ¿No se suponía que Trump era un aislacionista?
- Trump no tiene nada de aislacionista, ni de republicano, ni de conservador. Es un sociópata. Un niño de 80 años que coge el juguete que quiere. Y que está manejando EEUU como un capo de la mafia.
- Usted describe el momento preciso en el que Trump viró a EEUU hacia el eje autoritario mundial. Fue en la ONU...
- Imagina ese momento. EEUU votando junto a Rusia y Corea del Norte contra la resolución que condenaba la invasión de Ucrania. Ese día se unió al eje autoritario global.
- ¿Qué margen de resistencia tiene la CIA?
- No es habitual que en el Gobierno haya renuncias por cuestiones de principios, ni en la CIA tampoco. Pero alguna vez ha ocurrido. Seis días después del Watergate, Nixon ordenó al jefe de la CIA, Richard Helms, que detuviera la investigación del FBI por «seguridad nacional». Helms se negó. Ese fue el principio del fin de Nixon. Los agentes de la CIA juran lealtad a la Constitución, no al presidente. Pero los poderes del presidente para ordenar operaciones encubiertas son casi ilimitados. Y Trump no respeta las reglas.
- ¿Está en riesgo la democracia en EEUU?
- Mi madre nació en Nuremberg en 1924. Pasó su vida huyendo de la Alemania de Hitler. Finalmente llegó a Estados Unidos. Sé lo que pasa cuando la democracia se quiebra. La democracia es frágil. La situación hoy es tan grave como en los meses previos a la guerra civil de 1861.
- ¿Qué consecuencias tiene la agenda trumpista para la política exterior de Estados Unidos?
- El daño es enorme. Con Trump, EEUU no se está disparando en el pie, sino en la cabeza de la seguridad nacional. La destrucción de la Inteligencia aumenta el riesgo global. Trump ha reemplazado el profesionalismo por la lealtad y convertido la política exterior en un juego peligroso que puede costar vidas en todo el mundo. Quiere regresar al imperialismo americano, por eso desprecia a la OTAN.
- A Putin, en cambio, le alaba. ¿Qué le debe?
- Durante 10 años, los periodistas, los ciudadanos, los espías, trataron de entender este romance. Pero ahora ya conocemos la respuesta: a Trump le gusta Putin porque quiere ser como él, un autócrata.
- ¿Ha hecho autocrítica la CIA tras los errores de Irak y Afganistán?
- Sí, fundamentalmente el regreso a su misión original, que es el espionaje. La Agencia no se creó para ser un ejército ni para torturar.

