La vida de Carmen Maura (Madrid, 1945) se ha sustentado siempre en un único principio: hacer y decir lo que le ha venido en gana. La libertad, en definitiva. Fue como mujer libre que se convirtió en actriz sin apoyo familiar, con dos hijos, una separación y una batalla judicial de por medio en una España que ni había despertado a la democracia. Fue como ser libérrimo que construyó una carrera hacia el olimpo del cine español en plena fiesta de los 80 de la mano de Pedro Almodóvar -y de Fernando Trueba, José Luis Borau...-. Y, hoy, con los otros 80 en su cuerpo desde el 15 de septiembre, sigue practicando la libertad.
Carmen Maura, toda ella, aparece en una pequeña sala de la Academia del Cine. Americana verde, pantalones burdeos y zapatos con print de leopardo -ah, la libertad- para presentar Vieja loca, un thiller sobre la vejez, la desmemoria y la propia locura con el que hoy repetirá en el Festival de Sitges. Este es el primero de los tres proyectos que llegarán a los cines en los próximos meses con ella al frente. A principios de 2026, lo hará Calle Málaga, esa disección a la relación madre-hija que desnuda -también literalmente- a su protagonista ante la cámara. Y aún después lo hará La cuidadora, de Álex de la Iglesia.
"Me da un poco de rabia que se junten ahora las tres, pero es que Vieja loca tardamos muchísimo en rodarla, Calle Málaga es la película más rápida que he hecho en mi vida y con Álex es que es un poco pesado porque me hizo trabajar todos los días todas las secuencias. Lo hago porque con él me divierto mucho", explica la actriz a la que los 80 -los cumplidos- no la han aminorado en su producción -las cuentas dicen que su filmografía y su currículum teatral superan los 120 proyectos-. "No voy a seguir a este ritmo, ahora voy a hacerlo más despacio. Cuando estoy rodando me divierto tanto que no me importa, pero es que luego las películas hay que promocionarlas y acompañarlas y ya no estoy para eso. Bueno, de los rodajes también llevo mal levantarme a las 4 de la mañana, la verdad".
Y así empieza un recorrido al presente, pasado y futuro por el universo -libre- de Carmen Maura.
- Acaba de llegar a los 80 y lo primero que se nos presenta suyo es una película sobre la desmemoria, la vejez y la locura... Vaya tema
- Pues no había pensado esto porque me divertí tanto con la película. Qué curioso que no pensara en eso, pero es que este rodaje era como un parque de atracciones. Hombre, no me gustaría nada perder la cabeza, preferiría morirme. Puf. Como se murió mi abuelo en la cama, durmiendo.
- También digamos que en 'Calle Málaga' está su primer desnudo en pantalla, una reivindicación del sexo en la vejez, y en 'Vieja loca' practica una violación después de haber sufrido una usted en su juventud.
- Lo de la violación me preocupó un poco al principio, pero luego dije: 'bueno, lo hacemos y ya está'. El problema ahí lo tuve cuando empecé a oír los gritos y los llantos de mi compañero [Daniel Hendler] que estuvo magnífico. Esa noche tuve pesadillas y no fue porque pensara en lo que me pasó a mí, ni se me ocurrió ese camino. A mí me gusta pensar en las cosas prácticas, no tanto en mis vivencias. Y sobre el desnudo nunca me habían dicho que lo hiciera ante una cámara, pero es que ya todo me da igual. Si me hubieran pedido que me desnudase hace cinco años, hubiera dicho que no seguramente. Tampoco tengo nada que ocultar. Yo había visto las películas de Maryam Touzani y a estas alturas no voy a decir que no a un papel cojonudo porque me tenga que desnudar. Lo que sí digo es que es una pesada, y le he pedido permiso para decirlo, porque lo tuve que hacer por lo menos tres o cuatro veces.
- Más allá de ese desnudo, ¿qué importancia tiene ir mostrando escenas sexuales en personas mayores?
- Ya, eso lo he visto en alguna crítica, pero tampoco le di tanta importancia ni pensé en lo que suponía para personas mayores. Me parece más importante lo de la violación de Vieja loca que nunca se había visto así, yo nunca había visto en cine una tía violando a un tío. Tampoco en la vida real, pero no es que vaya mirando a cada persona que está follando a ver si es una violación. No sé cómo se lo va a tomar la gente, pero me da igual. Ahora tengo una ventaja enorme teniendo 80 años, le estoy intentando sacar todo lo que puedo a lo de ser vieja.
- Cuando una llega a una cifra tan redonda, que además marca la década en la que usted despegó, como los 80, ¿se hace un balance de lo que ha pasado?
- Sí, claro que lo hago, muchas veces. Y pienso que toda la suerte que me ha faltado en mi vida personal, la he encontardo en la profesional. Porque mi vida solo han sido problemas, yo misma admiro haber aguantado, pero como actriz tengo una suerte increíble. Siempre he estado en el sitio oportuno en el momento oportuno. Creo que como he tenido tantos problemas personales esto me parecía un chiste, muchísimo más fácil que la vida en sí misma.
- ¿Esta profesión ha sido su refugio?
- Sin duda, a mí ser actriz me ha ayudado a sobrevivir. Sé que este trabajo tiene la putada de que dependes de la suerte, pero yo he tenido un ángel de la guarda que se ha ocupado muchísimo de mí y que me ha dado unas oportunidades cojonudas. Y luego he tenido la ventaja de no darle mucha importancia. Cuando conocí a Almodóvar yo era primera actriz en el Teatro Nacional y todas, Marisa [Paredes], Julieta [Serrano]... me decían que pensara en mi carrera antes de trabajar con él. Y a mí eso me parecía ridículo. Yo nunca había pensado a dónde quería llegar. Si a mí el cine me vino de sopetón haciendo el corto Ir a por lana que fue donde me di cuenta de que me chiflaba la cámara.
- Empecemos por Almodóvar. Hicieron ocho películas juntos, ambos se catapultaron a lo más alto del cine español y también tuvieron su enfado entre medias.
- Yo sabía que Almodóvar iba a llegar lejos y que era un genio, de eso estaba segura, pero nunca pensé que iba a ser rico. Yo le conocí haciendo Las manos sucias en el teatro y a él le encantaba escucharme, me acompañaba a casa, charlábamos una hora, le pedía que inventara historias... Y a mí me ha permitido conocer el humor porque a mí todo el mundo que me para por la calle me dice que se ha reído conmigo y para mí es el mejor piropo.
- Y, de repente, se encuentra usted en aquel grupo en plena Movida que hacía un cine para una España que nacía.
- Yo era completamente distinta a todos ellos, mucho mayor, tenía dos hijos, estaba separada y ellos eran todos muy modernos. Hacían lo que les daba la gana, se vestían como querían y a veces eran un poco ordinarios, pero era un grupo tan sanote. Yo descubrí un mundo muy distinto al mío, nunca entré en aquella espiral de noche, drogas y alcohol porque no soy muy nocturna. No sé las veces que habré escuchado la frase de Pedro: 'Llevo a Carmen a casa y me vuelvo'. Por la noche ya todo el mundo se volvía más loco y a mí eso me aburre.
- Pero ahí, en la noche, se forjó la cultura de esa generación
- Pero yo enseguida me aburría, prefería estar en casa y que ellos se lo pasaran bien. Aunque ese grupo me ayudó muchísimo a sobrellevar toda la carrera de dramas que he vivido.
- Es la segunda vez que habla de esos problemas, pongámosle nombre: usted se separó, estuvo 12 años sin tener contacto con sus hijos por una disputa legal, después su marido la dejó con una deuda que casi la arruina
- Fueron cantidad de cosas muy problemáticas de las que me he tenido que ocupar, que han sido un peso para mí y de las que ya no quiero hablar. Pero ahí estaba mi carrera como actriz para olvidarlo aunque fue duro porque a mis padres no les gustó nada. Solo se reconciliaron conmigo cuando empecé a ganar dinero con la tele. Mi madre protestaba mucho cuando pedía una Coca-Cola, que a mí siempre me ha gustado mucho, y cuando ya salía en la tele, me decía siempre '¿quieres una coca-cola?'
- ¿Ese rechazo familiar fue lo más duro?
- Sí, supongo que a los padres de esa época les gustaba mucho que sus hijos ganasen dinero para que no tuvieran problemas. Porque mi padre era médico, pero tampoco éramos una familia con pasta porque él tenía que doblar por las noches para tener dinero para los Reyes Magos.
- De un ambiente que era muy conservador y restrictivo, ¿cómo salió alguien que siempre ha hecho gala de su libertad?
- Yo le echo la culpa a mi ángel de la guarda y siempre os aconsejo que le deis importancia aunque no me hacéis caso. Conmigo ha tenido unos detalles alucinantes. Muchas veces pienso que mi ángel de la guarda es mi padre, tanto prohibirme ser actriz. Cuando se murió vi en sus cosas que tenía guardados todos mis programas de televisión, todo lo que había hecho. En mi familia era feo ser actriz y es una pena porque mis padres se murieron con una distancia de seis meses cuando rodaba Ay, Carmela sin poder verme bien.
- Ahí ya tenía una carrera muy consolidada y aún así ese es uno de los proyectos que siempre cita.
- Yo he tenido mucha suerte, lo primero de que se me dé bien esto porque sino se sufre mucho en esta profesión. A mí siempre se me ha dado bien y además nunca he tenido ambiciones. Para mí todo esto me ha venido de más, nunca pensé que iba a ser actriz porque no tengo ninguna pinta de serlo y tampoco que me iba a salir tanto trabajo, que yo nunca he estado en paro. No me identifico mucho con el papel de estrella, pero sé interpretarlo cuando tengo que hacerlo.
- No me va a decir ahora que usted no sabe que es una de las estrellas más absolutas del cine de este país.
- Es que no me lo creo, hacer una película no me cuesta nada, pero eso... Cuando hice el programa Esta noche me asaltó la fama en 24 horas, así que entiendo a los chicos esos de los realities que se vuelven locos porque hay que estar muy plantado en el suelo. Yo lloré muchísimo por ser famosa no podía soportar ir al Corte Inglés y que me parara todo el mundo. Qué agobio, por dios,
- ¿Hay algo de lo que se arrepienta en todos estos años?
- De mi carrera no, de mi vida personal, sí, porque no he hecho más que meter la pata. Sé que he hecho películas impresentables en mi carrera, pero siempre he tenido claro que lo que importa es trabajar y ganarte la vida. No fui nunca nada exquisita, yo hacía todo. Vamos a ver, que he hecho mucho café-teatro, he bajado escaleras con plumas en la cabeza.
- Todo eso que ha hecho y que le ha permitido llegar hasta aquí, ¿qué le ha dado a esta edad?
- Si siempre he dicho y hecho lo que me ha dado la gana, ahora ya no sabes hasta qué punto llego. Además todo el mundo cree que te vas a romper porque eres mayor y me tratan como si fuera la abuela de todos. Yo llego a los rodajes y aviso de que puedo ser la madre y la abuela de todos ellos, que me tienen que tratar con cariño y darme mimos. Y lo hacen.
- Si siempre ha hecho y dicho lo que ha querido, le doy la opción de que grite aquí lo que quiera.
- Ya no tengo ganas de gritarle al mundo nada, solo tengo ganas de irme al campo con mi perrita. Eso es lo que más me apetece, hacer comiditas, pasearme... Estoy cansada de dar tantas vueltas al mundo ya de promoción. Además este mundo hace que no me dé ninguna pena ser mayor. Es todo horroroso, que estemos discutiendo si mandamos más aviones de guerra, que se siga matando a gente. Es que se ven unas imágenes... Tampoco está tan mal ser mayor, lo bueno que tiene es que me queda poco tiempo en este mundo insoportable. Porque los que os vais a quedar aquí, pienso en mi nieta de 22 años... Lo que me importa ahora es morirme de una manera un poco cómoda, sin molestar y sin dar la lata
Y aquí debiera haber acabado esta entrevista, pero ya saben lo de Carmen Maura con la libertad. También en los tiempos acotados para esta charla y en las despedidas. "Yo ya sé que os doy muchos titulares, pero tampoco leo ya las entrevistas que hago ni las tengo guardadas. No guardo muchas cosas en casa", dice antes de que la grabadora vuelva a encenderse -con su permiso- para un último arrebato de libertad. "Prefiero que sean mis muñecas las que decoren mi casa, no quiero tener todos los premios ahí. Mi casa está llena de cosas absurdas, pero nunca verás un premio, solo uno que utilizo como asiento para las barbies. No me gusta estar todo el tiempo pensando que soy actriz, no me gusta recordármelo".
Como si siendo Carmen Maura fuese posible. Ella siempre por libre.





