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Entrevista no vista

Santiago Cañizares: "He vivido en el cielo y en el infierno, tengo callo del placer y del dolor"

Si el fútbol fuese el opio del pueblo, los niños en Valencia sólo se llamarían Santiago Cañizares. En aquel club ganó todo lo que pudo, y algo más. Su estilo sin (casi) cortapisas lo ha convertido en un respetado analista deportivo

El ex futbolista y analista deportivo Santiago Cañizares.
El ex futbolista y analista deportivo Santiago Cañizares.Araba Press
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"El futbolista que mejor ha entendido a la afición es Santiago Cañizares", me ha dicho un valencianista, "mejor incluso que jugadores valencianos como Albelda".
¿Sabes cuál es la diferencia? Que yo soy más libre. Hay mucha gente que quiere trabajar en los clubes, que tiene muchos intereses y no actúa con la libertad que tengo yo. Y eso hay que respetarlo, porque no se puede ir de salvaje por la vida. Yo en muchos casos voy de salvaje por la vida porque por suerte me he organizado para no tener que depender de nada ni de nadie.
¿Se desgastaba tanto con el Valencia que llegaba tocado a la Selección?
Eso no tiene que ver con la selección. Yo vivía muy obsesionado con el fútbol. Para mí el fútbol era, primero, una vocación; luego, un trabajo y, finalmente, una obsesión. Eso me hizo exigirme mucho, sufrir muchísimo también e involucrarme en los equipos donde jugué. Valencia me pilló en la época más madura de mi carrera. Llegué a los 28, que es la edad en la que el portero empieza a encontrar su mejor nivel. Juegas con una experiencia y con un estatus que te hace, quizá, ser algo más que un futbolista: cargar con las necesidades de la entidad, clasificarte para Champions, cubrir objetivos. En Valencia, la afición es muy dura, pero sobre todo es agradecida.
¿Por qué se ha negado a seguir vinculado al club?
Porque en mi etapa de futbolista tuve tres hijos y apenas ejercí de padre, me perdí un poco su infancia. Yo tenía vocación de ser entrenador. De hecho, formé parte de una comisión que peleó por los derechos de los ex jugadores para que pudieran ser entrenadores sin tener que ir a la universidad tres años. Y, es curioso, tras conseguir reducir todo eso a un curso, no lo hice. ¿Por qué? Porque entendí que quería dedicar parte de mi vida a mi familia y a mis hobbies, y en el fútbol no lo iba a conseguir: si fuese entrenador me iba a involucrar de tal manera que el fútbol me iba a volver a absorber. Cuando adquiero un compromiso, me dejo la vida en ese compromiso. Mira: acabé en el fútbol con 39 años y yo no había cogido un vuelo nunca para ir a ningún sitio que no fuera a jugar al fútbol. Jamás había cogido un vuelo de vacaciones.
¿Ha conseguido vivir más tranquilo?
Sí, claro. He cambiado hasta de personalidad. Yo vivía muy estresado, vivía para y por el fútbol. Si tenía una lesión entraba casi en depresión. Si ganaba un partido simplemente era al alivio de no haberlo perdido. Si lo perdía no salía de casa, no hacía una vida más o menos normal. Me daba un poco de vergüenza pensar que habíamos perdido con el Valladolid en casa, con el Osasuna en casa, con todos los respetos, evidentemente. He disfrutado mucho con el fútbol. Soy de la opinión de que los futbolistas deberíamos tener una pelota en la mesita de noche y antes de acostarnos darnos un beso y agradecer al fútbol lo que nos ha dado. Pero yo dediqué mi vida al fútbol. No tengo un físico súper dotado, sí válido para jugar, tenía que cuidarlo permanentemente, tenía que pasar horas de fisioterapia, horas de sufrimiento para poder entrenar y mantenerme en la élite hasta los 39. La élite significaba marcar distancias en el Valencia, intentar marcarlas también a nivel global en España para ir a la Selección. Entonces me desgasté mucho, pero celebro que haya sido así porque tenía esa vocación y la hice mi profesión.
¿Qué es ser una leyenda?
Pues entiendo que ser una leyenda se basa en el rendimiento.
¿Es una leyenda?
Primero, para ser una leyenda tienes que ser uno de los jugadores más rentables de la historia del mundo. Yo llegué libre al Valencia, no costé un euro porque acabó mi contrato en Real Madrid, vine para jugar aquí [Valencia] 4 o 5 años y acabé jugando 10. En ese momento, el Valencia llevaba 20 años sin ganar ningún título y esa misma temporada ganamos la Copa del Rey, el siguiente verano ganamos la Supercopa de España, empezamos a competir a primer nivel en Champions y jugamos dos finales, el resto las hemos visto por televisión. Luego, en el plazo de tres años ganamos dos ligas -llevaba 31 años el Valencia sin ganar una liga-, la segunda liga vino acompañada de una Europa League -la primera vez que el Valencia ganaba un doblete en dos títulos de entidad-... Yo he tenido la suerte de vivir todo eso. Algo habré ayudado, pero es un trabajo de equipo, coincidí con una serie de profesionales muy buenos, con un grupo...
Demasiada modestia. Usted es un mito del valencianismo.
No, no, no, no; no es falsa humildad. En un equipo de fútbol cuando se consigue un título es porque mucha gente lo ha hecho muy bien. Eso es así.
¿Era uno más?
Por supuesto.
¿Simplemente uno más?
Era uno más. Tenía un papel destacado dentro del equipo porque ejercía cierto liderazgo, por jugar en una posición de mando, de portero, organizas de alguna manera el sistema defensivo. Pero teníamos unos fisioterapeutas... Teníamos un cuerpo médico estupendo, teníamos unos entrenadores estupendos, teníamos una gestión estupenda. Y sí, claro, todos con errores, pero en el global era gente que acertaba con todas sus decisiones y con todo el talento que tenía. ¿Qué ocurre? Que pasan todos estos años y resulta que soy el jugador que, por suerte, más títulos ha ganado en el Valencia, que más partidos de Champions ha jugado, a pesar de que llegué con 28 años, estoy entre los 10 o 15 jugadores que más partidos de liga ha jugado... Bueno, pues por datos, evidentemente, pues sí, soy una leyenda. Pero a mí el Valencia no me debe nada, me ha pagado con creces cada uno de los esfuerzos que he hecho. Me ha permitido lujo, poder criar a siete hijos que tuve, poder sacar adelante a mi familia, a mis padres, comprarles un apartamento en la playa, que me inviten a un café si salimos por la puerta, porque la gente es agradecida y reconoce aquella época. Pues sí, una leyenda, contento, orgulloso, fantástico, pero nadie me debe nada, ¿sabes?
Y sigue trabajando. ¿Podría dejarlo?
No me lo he planteado. ¿Lo hago por gusto? Lo hago por muchas cosas: lo hago por mantenerme activo, porque trabajo con un grupo de gente fantástica, porque siento que me valoran dentro de las empresas, porque me viene fenomenal tener un sueldo y poder garantizar la educación de mis hijos. Yo he cuidado las cosas que he ido ganando, porque tuve una experiencia muy negativa, que tuvo que ver con... Vengo de una familia que ha trabajado mucho más que dinero ha ganado. Cuando no lo teníamos, las cosas estaban mal, subastaban la casa de mis padres... y tuve que sacar eso adelante, con dinero prestado de Txetxu Rojo, entrenador del Celta... Si superas esas experiencias te forman. Me vino muy bien, porque seguramente le hubiera dado menos valor al dinero.
¿Es desconfiado?
Al contrario, las mayores hostias me las he dado en la vida por confiar en las personas. No soy una persona socialmente activa. Como decía Luis Aragonés, "no se preocupe usted que yo ya amigos tengo", aunque acabo confiando plenamente en esa persona. Soy una persona libre que hace tiempo he decidido tratar de hacer las cosas que me apetezcan y no las que vengan impuestas por obligación social. Es que estoy en contra de todo eso, soy un activista contra lo obligatorio.
¿Qué es lo obligatorio hoy?
Estar envuelto en un sistema que sinceramente que no me gusta, que cada vez nos priva más de libertades. Me da la sensación de que en los 90 vivíamos mejor que ahora, que en lugar de evolucionar hemos involucionado en cuanto a las libertades, en cuanto a la seguridad, en cuanto al respeto, en cuanto a distinguir al honrado del ladrón, que esto es algo que me ha preocupado siempre.
¿A qué se refiere?
No puedo entender muchas críticas a gente que ha dedicado su vida a hacer crecer una empresa, dar miles de puestos de trabajo y que sus prácticas no las conozcamos y, sin embargo, las censuremos. Ponte a hacer lo que hace él.
Cuando Amancio Ortega dona...
No lo puedo entender. No puedo entender una crítica a Amancio Ortega cuando se gasta una fortuna en máquinas contra el cáncer. Yo, desgraciadamente, he vivido esa situación con mi hijo y he conocido los esfuerzos que hace. Y seguramente le moleste hasta que los cuente aquí públicamente. No lo puedo entender. ¿Te molesta que el hombre haya hecho un imperio? Pues ponte a hacerlo como él. Seguramente no te apetece porque supone mucho trabajo. Me molestan las críticas a Juan Roig, porque Juan Roig no engaña a nadie. Pone un establecimiento y, si quieres, entras y compras, y si no quieres vas a otro. Pero el hombre ha hecho de un equipo residual, que era el equipo de baloncesto en Valencia, uno de los mejores equipos de Europa con un pabellón extraordinario, ha traído aquí a la Maratón de Valencia, cuando aquí nadie corría y ahora todo el mundo corre, y, joder, dedica parte de su vida al bien social.
¿Eso es confundir a los ladrones con los honrados?
A lo mejor me dices, ¿es del todo honrado? Pues nadie es del todo honrado. Lo que te quiero decir es que ese tipo de personas da de comer a mucha gente. Ese tipo de personas parte de su dinero lo destina a fines sociales. Ese tipo de personas hace crecer a nuestra sociedad. Yo no sé si va a misa todos los días y yo no sé si todo lo que ha hecho en su vida es perfecto. Estoy seguro de que no. Pero yo prefiero esto a la crítica desde un sofá. Usted que está en el sofá criticando, dígame usted qué ha hecho. "No, mira, yo me metí en un partido político". ¿Qué formación tiene usted? ¿Qué sabe usted de la vida? ¿Qué ha gestionado usted para discutir la gestión de gente que lleva toda la vida gestionando? Y ahora que están casi en la tercera edad y que han tenido un éxito extraordinario y que son personas que deben inspirar a los jóvenes empresarios, tú, desde tu sofá sin haber gestionado absolutamente nada en tu vida, por el hecho de meterte en un partido político lo censuras. Sin estas personas, ¿qué sería este país? Sin ellos seríamos peores.
¿Sabe? La primera vez que lo vi en un campo fue en Riazor. Le tiraron una pila.
No creas que no me hizo daño. En Riazor lo he pasado mal. Y me da pena, porque si hablo de Riazor, hablo del deportivismo. Y el deportivismo no son los cuatro tarados que tiran cosas.
No había mucho respeto en la pila, eh, Santiago.
No, desde luego. En eso hemos avanzado. Antes se lanzaban insultos racistas a un jugador y una fiesta. Y a mí me han caído insultos xenófobos. Y a partir de que me teñí el pelo, ni te cuento. En Riazor, un día me tiraron un asiento. Pero sí, en eso hemos avanzado. ¿Por qué la gente ha tomado conciencia de estas cosas? Porque ya no sale gratis.
¿Por qué dice que hay menos libertad?
Es un poco evidente. Entiendo que nos coartan mucho la libertad. Por ejemplo, nos obligan a llevar un coche eléctrico, nos obligan a llevar un parque entre las ciudades, nos obligan a reciclar determinadas cosas. Yo no digo que esté mal o bien, eso es un debate distinto, pero creo que ahora tenemos que cumplir una serie de normas que antes no teníamos. Antes la gente también cuidaba el medio ambiente sin que fuese una exigencia. Y podríamos hablar de otros aspectos en cuanto a impuestos, en cuanto a residencias, en cuanto a patrimonio, en cuanto a circunstancias donde casi que te sientes atado a un Estado que evidentemente te quiere bajo su control.
En resumen, ¿mejor vivir en los años 90 que en 2025?
Yo creo que sí. Pero también te tengo que decir lo que cantaba Karina: cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Nos acordamos de lo bueno. El ser humano tiene ese mecanismo de defensa de olvidar lo malo. Me gustaría que los bancos vendieran productos financieros con rentabilidad en lugar de televisiones.
¿Ningún niño quiere ser portero?
No es que nadie quiera jugar de portero. Yo creo que eso es un mito. España es un país de porteros, no tiene nada que envidiar al fútbol sudamericano ni al resto del fútbol europeo. Pero un niño explora. Me gustaba el fútbol, las canastas, mi padre tenía un gimnasio y era profesor de judo, un día me dio por comprarme una bicicleta y meterme en un equipo de ciclismo...Y exploras. Y donde mejor lo hacía era de portero, y claro que te gusta ver que reacciones más rápido que los demás.
Y recibía elogios.
Claro, y me pedían que jugara con ellos y empiezas a enamorar de eso. El judo se me daba muy bien, ganaba muchos campeonatos y evidentemente tenía la formación de mi padre, que era exigente, porque en aquellos tiempos los padres en lugar de mimarnos nos exigían. Pero me gustaba más el fútbol. Y con 14, 15 años ingresé en el Calvo Sotelo juvenil, en Puertollano. Claro, yo no tenía la edad necesaria y me acuerdo que me querían falsificar la ficha, pero mi padre no quiso. Pero ya empecé a tomármelo muy en serio, hasta que en un entreno, el portero del equipo de Segunda B se lesionó y me puse a entrenar con el equipo. "Chico, tienes una capacidad fantástica", me dijo. "Este chico puede vivir del fútbol", le dijeron a mi padre. Pero, claro, estamos hablando de un pueblo, que los estudios fueran secundarios, sin salario... Pero me dijeron que irían a Madrid a hablar de mí, que también lo harían en la Federación... y ya me puse cachondo. Y así fue: fui a la selección sub-16 y los equipos se fijaron en mí.
El Barça... y el Madrid, claro.
Me acuerdo que probé en los dos. Más que una prueba para ellos, era para mí, para ver cómo respiraba en aquellos lugares. Y, finalmente, escogí el Madrid.
¿Confiaba en que saldría bien?
Sí.
¿Su padre?
Mi padre lo bueno que tenía era que a sus hijos siempre les dio la libertad de elegir lo que queríamos ser. A él le hubiese gustado que yo hubiera heredado su gimnasio de judo, que hubiese sido un profesor fantástico de judo, que hubiera seguido sus pasos. Pero me dice que hice bien.
Ja, ja.
Mi padre pensó lo que pensé yo exactamente con mi hijo, cuando con 12 años el Real Madrid vino a buscarle. ¿Qué te voy a decir? ¿Que no te vayas? A lo mejor me lo recuerdas toda la vida. Pero tampoco te puedo decir que debes aceptar. Pues me fui a Madrid a los 16 años recién cumplidos, que son como si ahora tienes 12. Yo no sabía cruzar una calle. Lo pasé muy bien y aquello me hizo un hombre. Cuando un niño se marcha de casa tiene que desarrollar unas cualidades que tiene dormidas.
¿Por qué eligió Madrid? ¿Por proximidad? ¡Hoy podría ser una leyenda del Barça!
Pues claro. O podría haberme buscado la ruina. Elegimos Madrid porque estaba más cerca. Mi padre no tenía dinero para ir a verme a Barcelona y de Puertollano a Madrid hay 240 kilómetros. Si salía a las 8 de la mañana, a las 11.40 estaba en la grada para verme, comer conmigo, intercambiar cualquier cosa, darme un poco de cariño, recoger la ropa sucia... Lo que sea. Si me hubiese ido a Barcelona, hasta luego.
¿Se arrepiente?
No, no, no. ¿Qué tal me fue de chaval en el Madrid? Fenomenal. ¿Cedido en el Elche? No jugué, me devalué, pero aprendí que esto no era fácil. Y yo pensaba que sí. En el Mérida cedido estuve fenomenal, fui de los mejores, me fichó el Celta, un equipo de primera, y fueron dos años de maravilla. Voy a Vigo y la gente todavía se acuerda de mí. Gané mi primer Zamora. Después volví al Madrid, y quizá hoy no habría vuelto, porque solo jugué cuarenta y pico partidos, pero la exigencia que había allí me vino bien para cuando llegué al Valencia. A lo mejor en otro equipo no hubiera desarrollado esa competitividad. En el Bernabéu, hacías un paradón y la gente solo te daba un aplauso. Como no fuese contra el Barça...
Hablemos del rubio platino, Santiago: ¿sigue siendo superstición?
Cuando me lesionaba, me deprimía. Y en una lesión un peluquero me lo puso así para animarme. ¿Qué ocurrió después? Que en dos momentos decido quitármelo. Uno, en el Mundial de Corea, me lo tiño de rojo y en la ducha me cae en el pie un bote de colonia y me destroza un tendón. Así que paso de verme en un mundial, disputando la titularidad de la portería, a estar en un quirófano operándome. Tan pronto pude me lo volví a poner rubio. Año 2002. Bien, pues después, en 2012, 2013, no recuerdo bien, empecé a dejármelo crecer para que se pusiera moreno. Me fui a correr un rally a Orense. El rally es algo muy cansado, de mucho estrés, el desplazamiento, el reconocimiento, la carrera... Es espectacular. Y estresante. Acabo, vuelvo a Valencia, y me invitan a un cumpleaños después de esa paliza tremenda. Dan las 4, 5 de la mañana. Agotadísimo. Al día siguiente me levanto y me está saliendo la saliva aquí la comisura de la boca. ¿Qué coño me pasa? Fruto del agotamiento, tuve una parálisis facial. Estuve así cuestión de un mes. Joder, las dos cosas más raras de mi vida me han pasado cuando me he quitado el color rubio. Inmediatamente fui al peluquero otra vez. Así que por superstición, me da pánico quitarme el rubio. Aparte, ya es mi personalidad.
¿Qué colonia era?
Aqua de Gio.
Supongo que nunca más.
Me sigo perfumando.
Los porteros son hombres pegados a la superstición. ¿Tenía rituales?
Me gustaba jugar con una toalla roja. ¿Sabes? Mi vida tiene que ver con el cielo y el infierno permanentemente. Yo ya he tocado el éxito, todos los éxitos que yo ni hubiese imaginado, y también me he comido la mierda más gorda que puede comerse una persona. Llega un momento en el que ya tienes una tolerancia tanto al placer como al dolor, que... Bueno, pues haces un callo. Yo ya toqué el cielo el día que nací. Iba a nacer muerto, desde el punto de vista médico tenía un alto porcentaje de nacer muerto porque venía con placenta previa. Mi madre, cuando fue al hospital, ni llevó ropa para mí. Pero el médico estuvo habilidoso ese día. Pero es más: después descubro que, cuando nací, en ese hospital pudieron haber robado bebés.
El cielo y el infierno, Santiago. ¿Hay vida después de la muerte?
Yo soy creyente, yo creo en Dios, no tengo ninguna duda. De hecho, creo que la muerte no es el final. He perdido a personas importantes en mi vida, especialmente a mi hijo, a mi madre, y siento su presencia. Las siento en el hogar donde vivo. Y a veces me encomiendo a Dios para pedirle ayuda y me lo ofrece. Sé que existe, sé que está. Lo que pasa es que el hombre todo lo perturba. El hombre es un ser destructivo. Quiero decirte que no estoy en contra de la Iglesia pero tampoco pongo la mano en el fuego por todas las personas que representan a Dios en la Tierra. Entonces soy creyente, pero no soy practicante. Mis encuentros con Dios y mis encuentros con mis seres queridos forman parte de mi intimidad.

¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho y qué respondió?

Tras la Euro 2000, Cayetano Ros, un periodista entonces de El País, me hizo una entrevista dura. Y yo se lo permití, pero le dije que tenía que poner exactamente lo que le contestara. Entre otras cosas me preguntó: "¿Sería normal que no fueses más a la selección, dado que los datos sobre los chuts y los goles que te han hecho son lamentables?". Y al final, me dijo: "¿Qué es lo peor de tu profesión". Y le contesté: "Compartirla con gente como tú".