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Los tres 'supercerebros' del mayor proyecto de la historia de la neurociencia española: "No hay nada parecido en el mundo a Spain Neurotech"

Rafael Yuste, José Carmena y Álvaro Pascual-Leone son los asesores científicos de la apuesta española centrada en los avances del cerebro que giran en torno a tres pilares: medicina, ciencia y emprendimiento

Los tres 'supercerebros' del mayor proyecto de la historia de la neurociencia española: "No hay nada parecido en el mundo a Spain Neurotech"
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Tres cerebros españoles -dos valencianos y uno madrileño- están detrás de uno de los proyectos más ambiciosos de la Ciencia española de todos los tiempos: Spain Neurotech. Aunque de momento se conozca más como el Centro Nacional de Neurotecnología, los responsables de su diseño se refieren a él en inglés, quizás, en parte, por la costumbre de que sea su idioma en el día a día. «No hay nada parecido en el mundo», asegura tajante Rafael Yuste (Madrid, 1963), uno de los tres líderes del proyecto, además de director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia en Nueva York. «Es como la iniciativa del cerebro de EEUU para España, pero con un abanico de matices que la harán única».

Entre esas diferencias se encuentran los avances que se han conseguido una década después: «La neurotecnología hoy debe ir de la mano de la inteligencia artificial, porque ahora mismo ya no se puede separar», dice Yuste. Y como creador del famoso proyecto Brain de Estados Unidos, lanza otra advertencia que no quiere repetir: «Aunque la propuesta de Barack Obama en su día era un centro nacional, acabó siendo un botín entre 11 institutos del NIH [Institutos Nacionales de la Salud de EEUU]».

Aquí, la historia será diferente. Al menos la misión de sus asesores es poner en marcha un centro basado en el cerebro que gire en torno a tres pilares: medicina, ciencia y emprendimiento. «Vamos a poner en valor toda la neurociencia y las iniciativas que hay en España», sostiene el segundo cerebro José Carmena (Valencia, 1972). «Hay muchos logros que se han conseguido aquí en España. Nuestra misión, la del centro, es catalizarlos, fomentarlos y subrayarlos». El profesor de Ingeniería Eléctrica y Neurociencia de la Universidad de California-Berkeley aporta un papel más enfocado a la parte de la «aplicabilidad de lo que se investigue». «Uno de los objetivos es que todo lo que se descubra tenga un impacto real del que la sociedad se pueda beneficiar», subraya.

Para saber más

El tercer pilar del proyecto, Álvaro Pascual-Leone (Valencia 1961), afirma que, como científicos, siempre buscan conocer más sobre los procesos. «Pero para poder hacerlo necesitamos herramientas y en el campo de las neurociencias éstas provienen de la neuroteconología: instrumentos para entender mejor el cerebro humano», dice el catedrático de Neurología de la Facultad de Medicina de Harvard. «La misión de Spain Neurotech es hacer neurotecnologías para entender el cerebro y, de forma ética, traducirlo en una aplicación clínica».

Los tres talentos españoles afincados desde hace años en EEUU son los asesores científicos de un proyecto único no solo por su propósito científico y social, sino porque ha puesto en común a dos administraciones dispares: el Gobierno de Pedro Sánchez y la Comunidad de Madrid de Isabel Ayuso. «Esto constituye un ejemplo precioso de colaboración a todos los niveles desde los presidentes hasta el último funcionario que nos ha ayudado con las cosas más nimias».

«Es como la iniciativa del cerebro de EEUU para España, pero con un abanico de matices que la harán única»

Rafael Yuste

Yuste lo destaca en una entrevista por videollamada junto a Carmena y Pascual-Leone para explicar a EL MUNDO los detalles de cómo se embarcaron en el proyecto un lustro atrás. «Ha habido mucho respeto mutuo y han mantenido la confidencialidad. Por eso no hemos dado ninguna entrevista hasta ahora», subrayan.

El viaje de Spain Neurotech empezó hace cinco años, en diciembre de 2019. Con la idea en la maleta, Yuste se traslada a Madrid para proponer la creación de un centro nacional de neurotecnología. Se reúne entonces con la Universidad Autónoma y la Universidad Carlos III. «Quien de verdad cogió el guante fue la Comunidad de Madrid». Se citó con ellos en febrero de 2020, en los albores de la pandemia. «Me reuní entonces con el consejero de Sanidad [Enrique Ruiz Escudero], el de Educación [Enrique Ossorio], el rector de la Autónoma y el director del Instituto de Investigación de la Paz».

Siete meses más tarde se une al proyecto el Gobierno central, a través de la vicepresidenta Nadia Calviño. En ese momento, estaba al frente del Ministerio de Economía, de quién pendía la secretaria de Estado de Inteligencia Artificial, dirigida por Carmen Artigas. Durante la reunión de Artigas con Yuste en Nueva York le plantean a al neurocientífico que tienen fondos europeos de reconstrucción y que buscan qué hacer con ellos. «Un proyecto Brain a la española», les contesta el neurocientífico, que les explica el proyecto que en el que ya estaba interesada la Comunidad de Madrid. «Y deciden que van a medias».

«La misión de Spain Neurotech es hacer neurotecnologías para entender el cerebro y, de forma ética, traducirlo en una aplicación clínica»

Álvaro Pascual-Leone

A lo largo de 2021 llega el trabajo más duro. «Tres meses intensos de reuniones por Zoom», explica Yuste, que cuenta cómo crean un grupo de trabajo en el que están involucradas las administraciones, las instituciones académicas (la UAM) y los tres asesores. «Aquí es donde se incorpora José Carmena de Berkeley para ayudarnos con la parte del emprendimiento. Y reclutamos también a Álvaro Pascual-Leone de Harvard para la parte más clínica».

En ese tiempo elaboran la hoja de ruta: un informe de 15 páginas con hojas de cálculo que configuran los detalles de cómo tiene que ser el centro. «Se lo presentamos a las administraciones y nos dan luz verde». Hasta aquí todo va fluyendo: Yuste tiene en su cabeza las fechas, los momentos de las reuniones y en todo momento desprende un entusiasmo que comparte con Pascual-Leone y Carmena. Para ellos todo este proyecto, confiesan, «es una forma de volver a España»: emprender el camino de vuelta a casa que «siempre quieres» tras irse para formarse y consolidar una carrera profesional de éxito.

«José y yo nos unimos a Rafa, aportando cada uno nuestras diferentes perspectivas», cuenta Pascual-Leone. «Lo que nos une a los tres es el deseo de volver al país donde nos hemos formado y al que sentimos que le debemos algo, y es aportar un proyecto fantástico que no se ha hecho en ninguna otra parte del mundo». José Carmena se une a este discurso optimista: «No es solo ciencia que quedará ahí en el escenario académico», insiste. «Vamos a cambiar el panorama mundial aportando un tejido empresarial desde nuestro país».

Si hay que poner peros a estos cinco años, señalan el papeleo y los cambios en el grupo de trabajo como las trabas más significativas. En concreto, la lentitud de la burocracia española -«porque es muy detallada», señala Yuste- y el reiterado cambio de interlocutores: «Por los cambios de gobierno, tanto autonómico como nacional y en las instituciones académicas, hemos hablado con más de tres equipos distintos».

«Vamos a cambiar el panorama mundial aportando un tejido empresarial desde nuestro país»

José Carmena

Mientras el dinero asociado a este proyecto ha salido de la dotación de los fondos europeos de recuperación -«tras los pertinentes concursos públicos», subraya Yuste- el trabajo de asesoría de los tres científicos no ha costado nada a las arcas del Estado. «Todo nos lo hemos pagado nosotros, viajes, desplazamientos... Nuestro dinero y nuestro tiempo», declara el impulsor del proyecto.

En febrero de 2023, cuando a España le tocaba pasar el examen de la Unión Europea con respecto al uso de los fondos en los PERTE, Calviño decide presentar este proyecto. «Y allí que vamos Carmen Artigas y yo a ponernos delante de 12 personas de la Comisión Europea en el Parlamento a defender el proyecto», sonríe Yuste cuando recuerda ese momento. «Lo pasamos con nota. Y nos pusieron de ejemplo de cómo España gana cuando va con todo, sin hacer diferencias, como en el fútbol, somos imparables».

De Europa se trajeron deberes. «Nos comprometimos a que el centro también iba a desplegar una red de trabajo en la UE». Cierto es que en Europa vieron una inversión que ascendía a 200 millones, entre dos administraciones que públicamente manifiestan sus diferencias políticas, pero que habían diseñado un ambicioso proyecto a largo plazo, 15 años. La aportación es compartida entre el Ejecutivo, que aporta el 60% de la inversión total (40 millones de euros de los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de forma inmediata a la firma del convenio y otros 80 millones entre 2026 y 2037); el gobierno regional, que suma el 39% (78 millones); y la universidad, que añade el 1% (dos millones). Esto permite a nuestro país competir no sólo en el Viejo Continente, sino también en Estados Unidos en el área de las neurociencias, que hasta ahora se había aprovechado en exclusiva del talento de los tres pilares fundamentales de Spain Neurotech.

Los remates del proyecto llegan en 2024. El proyecto acaba en el Ministerio de Ciencia por decisión de Pedro Sánchez -«es más natural que se desarrollé allí», reconoce Yuste- tras la salida de Calviño al Banco Europeo de Inversiones. «Con ello se perfilan todos los documentos jurídicos y se revisa todo, para anunciar el pasado mes de diciembre el consorcio y los detalles de su ubicación», resume Yuste.

Este año tocará coger «velocidad de crucero». El trabajo de los tres investigadores no se acaba. Seguirán asesorando, de momento sin cargos asignados ni sueldo, en el despliegue de cada una de las velas de la hoja de ruta. «Nuestro trabajo es poner al día el informe que realizamos en 2021 con todo tipo de detalles», dice Yuste, para quien el trabajo tangible de Spain Neurotech «echará a andar en 2026».

«Queremos explorar las regulaciones, establecer los marcos normativos e impulsar la legislación»

Todo estará centralizado en Madrid, pero habrá un importante trabajo en red con centros satélites. El Brain español, la apuesta mejorada de Yuste, como presume, no solo contará con la inteligencia artificial, sino también con la ética necesaria para implementar estas tecnologías. Como presidente de la Fundación de Neuroderechos, Yuste confirma que «otra de las ventajas es que España puede ser pionera en este campo». Los aspectos jurídicos del uso de todos estos avances son tan importantes como los mismos logros científicos. «Es necesario abordar esta jurisdicción», explica el neurocientífico. Para ello, uno de los grupos fuertes del centro será el compuesto por juristas y expertos del mundo del derecho. «Queremos explorar las regulaciones, establecer los marcos normativos e impulsar la legislación», dicen.

Reconocen que España puede, gracias a este centro, adquirir un papel importante «en el desarrollo de la neurotecnología». Queremos llevarla al plano de la aplicación clínica y a sostener un ecosistema de emprendimiento todo ello encajado dentro de unos valores éticos». Pascual-Leone subraya que «esto va a servir para asegurar a la ciudadanía que este dinero público se invierta de forma inteligente, respetando los derechos fundamentales».

Casi un siglo más tarde una generación de científicos ha recogido el testigo de Santiago Ramón y Cajal. «Era un verdadero neurotecnólogo. Si viviera hoy estaría con láseres en los laboratorios», insiste Yuste. El neurólogo de Harvard reconoce que creó una escuela de neurocientíficos: «Sus conocimientos se convirtieron en herramientas prácticas».

Para Carmena, el papel de este proyecto será similar, aunque en el siglo XXI: «Queremos generar un gran ecosistema para una nueva generación de neurocientíficos en nuestro país. Vamos a sembrar».