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Un yacimiento único

La última aventura del tridente de Atapuerca: "España también es campeona de Europa en fósiles de la evolución humana"

Acompañamos a los tres directores de Atapuerca en su última excavación conjunta, que acaba el viernes, para hacer balance de 40 años de hallazgos. Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro pasan el relevo a otros veteranos paleontólogos mientras Juan Luis Arsuaga continúa: "El Triunvirato se ha terminado"

Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell, donde excavaron juntos por primera vez, en 1983
Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell, donde excavaron juntos por primera vez, en 1983
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El próximo viernes 26 de julio se cerrará uno de los capítulos más brillantes de la ciencia española, una alianza que ha permitido desvelar muchas claves para entender, en esencia, de dónde venimos y qué nos hace humanos. Ese día concluirá la última campaña de excavación de los yacimientos de Atapuerca en la que participan sus tres directores, las caras visibles de un equipo que ha situado a la paleontología española en la cima mundial.

Para José María Bermúdez de Castro (Madrid, 1952) y Eudald Carbonell (Ribes de Freser, Girona, 1953) será su última campaña en Atapuerca pero Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) ha decidido continuar, aún no sabe hasta cuándo. "El Triunvirato se ha terminado", sentencia Eudald Carbonell, el más veterano de los tres. No se ha perdido ni una sola de las excavaciones de estos yacimientos de Burgos desde que, allá por 1978, las puso en marcha de forma sistemática el paleontólogo Emiliano Aguirre, que dirigió Atapuerca hasta su jubilación, en 1991, cuando les pasó el relevo.

En 1976, dos años antes de la primera campaña de excavación, el ingeniero de minas Trinidad Trino Torres había encontrado los primeros fósiles humanos de Atapuerca mientras hacía su tesis sobre los osos del Pleistoceno. El hallazgo, realizado en la Sima de los Huesos (una cavidad al fondo de un profundo conducto vertical de 13 metros de altura en una de las galerías de la Cueva Mayor), confirmó el potencial de unos yacimientos conocidos desde finales del siglo XIX, aunque ni los más optimistas podrían haber imaginado entonces lo que escondía todo este entramado de cuevas.

Porque un recorrido por la sierra de Atapuerca es un tour por los lugares icónicos donde, a lo largo de medio siglo, han ido apareciendo restos fósiles y evidencias de la presencia de cinco homínidos diferentes: Homo sp. (una especie aún por determinar, de unos 1,3 millones de años de antigüedad), Homo antecessor (850.000 años), preneandertal (500.000 años), neandertal u Homo neanderthalensis (50.000 años) y Homo sapiens, o sea, nuestra especie.

Ellos han sido testigos y han contextualizado esos descubrimientos que, fósil a fósil, van permitiendo escribir y con frecuencia reescribir la historia de la evolución humana. "He estado aquí todos los días de todas las excavaciones desde hace 45 años, soy el senior de Atapuerca", dice Eudald Carbonell mientras entramos en la Trinchera del Ferrocarril para que posen en la Galería, el primer yacimiento que los tres codirectores excavaron juntos, en 1983. "Aquí empezamos los tres. Si no recuerdo mal, ese año bajamos una vez a la Sima de los Huesos y en los años siguientes simultaneábamos la Galería con la Sima", cuenta Juan Luis Arsuaga.

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Llegamos a Atapuerca hacia las 10 de la mañana, es un día fresco y lluvioso, y Eudald viene ya de hacer una cata en la cueva de la Sima del Elefante y en la Cueva Fantasma: "¿Que por qué me jubilo? Porque me toca. Habíamos quedado en irnos los tres a la vez pero nos vamos sólo José María y yo. Académicamente, los dos nos jubilamos el año pasado y ahora nos jubilamos de la excavación", cuenta Carbonell, que se quedará a vivir en Ibeas de Juarros, la vecina localidad burgalesa donde seguirá ocupándose de la Fundación Atapuerca que los tres crearon hace 25 años, dos años después de recibir el Premio Príncipe de Asturias, un galardón que impulsó el proyecto.

"Hace cuatro años nos reunimos los tres y acordamos hacer la transición para ir dejando a las personas que vienen detrás de nosotros, que están muy bien preparadas porque llevan aquí 30, 35 o 40 años. Conocen perfectamente todo esto y, de hecho, llevan ya los yacimientos, pero había que hacer una transición", repasa Bermúdez de Castro. "Por ejemplo, los asuntos económicos los he llevado yo desde 1985, acababa de defender la tesis y me dijo Emiliano Aguirre: 'Te dejo aquí las facturas y el dinero'. Me cayó un marrón tremendo por la responsabilidad, y he llevado las cuentas hasta el año pasado, que se las pasé a María Martinón-Torres [la directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, CENIEH]", recuerda el paleontólogo madrileño, que también ha hecho esa transición en la parte investigadora.

Juan Luis Arsuaga, por su parte, seguirá siendo uno de los codirectores: "Yo no me jubilo, ¿se jubila Bruce Springsteen? Pues yo tampoco. Mi plan es volver el año que viene a la excavación, al igual que sigo en otros yacimientos como Pinilla del Valle, en Madrid", comenta el también director científico del Museo de la Evolución Humana (MEH) en Burgos. "No lo dejo, voy a seguir y espero que muchos años, si Dios quiere, pero eso no quiere decir que no entre gente nueva, porque aquí en Atapuerca hay muchos catedráticos y en la práctica cada yacimiento tiene su director. Pero estamos a la mitad del actual proyecto científico, que dura tres años y yo soy el investigador principal".

Carbonell compara la transición en Atapuerca con una carrera de relevos en la que ellos tres han sido los corredores principales: "Esperamos que los que vienen detrás corran igual. Tenemos mucha experiencia, pero ya no estamos tan alerta como cuando estábamos al 100%; ahora igual estamos al 80%". Coincide Bermúdez de Castro: "No estamos tan en forma como antes, es algo obvio, y lo razonable es dar un paso al lado y seguir apoyando en lo que se pueda. Y como hay gente tan valiosa y con tanta experiencia en el proyecto, nos podemos ir muy tranquilos".

El nuevo organigrama de Atapuerca, aún por concretar, tendrá probablemente seis codirectores entre los que, junto a Juan Luis Arsuaga, figurarán María Martinón-Torres, Marina Mosquera e Ignacio Martínez Mendizábal. "Aún tenemos que hablarlo, porque tenemos muchas ideas. Además, por un lado está el proyecto de excavación y por otro, el proyecto de investigación", afirma Martinón-Torres, médica de formación, mientras nos lleva al yacimiento de Penal que ella dirige. "Lo llaman así porque hubo que trabajar muy duro para abrir el yacimiento, había mucha vegetación y pega mucho el Sol", cuenta.

Penal es el hermano pequeño del yacimiento de la Gran Dolina que está al lado, mundialmente famoso porque allí fue donde en 1994 se encontraron los primeros dientes de Homo antecessor, una especie que vivió hace 850.000 años y sólo se ha encontrado por ahora en Atapuerca.

María Martinón-Torres, directora del CENIEH, será una de las nuevas directoras. En la imagen, en el yacimiento Penal
María Martinón-Torres, directora del CENIEH, será una de las nuevas directoras. En la imagen, en el yacimiento Penal

¿Cómo lleva el proceso de transición? "Con mucha ilusión y mucha tranquilidad porque llevamos muchos años trabajando en equipo, hemos tenido una codirección muy bien llevada que ha generado un equipo muy preparado, somos muy veteranos y conocemos muy bien el trabajo y las dinámicas. No es un salto vacío, en absoluto", asegura la que será una de las nuevas directoras. Además, confía en seguir contando con ellos: "Aunque José María y Eudald se retiran de la codirección yo, desde luego, personalmente espero que sigan estando por aquí porque tienen mucho que aportar. Si quieren, por supuesto", dice riendo.

Como rememora Bermúdez de Castro, Arsuaga y él se conocieron cuando terminaron la mili: "Yo llegué en 1977 al Departamento de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y mi directora de tesis, Julia Pérez, me habló de que también estaba allí otro chico, Juan Luis Arsuaga, y que ya nos conoceríamos cuando yo volviera del Servicio Militar. Regresé al departamento en 1979 con una beca, y allí estuvimos dos o tres años en el mismo despacho, trabajando juntos, cada uno en su tesis, pero en artículos conjuntos. Fue una época interesante porque aprendimos mucho. Llegó un momento en el que participamos en el proyecto de investigación con Emiliano Aguirre y nos planteamos venir a Atapuerca a excavar". Mientras tanto, Carbonell estudiaba en París Geología del Cuaternario: "Bajé a Madrid en 1981 y conocí a Jose Mari y a Juan Luis en la Complutense. ".

Y así llegó el verano de 1983, el primero en excavar juntos. "La primera campaña fue muy divertida. A mí me tocó el primer turno, que eran 10 días, y Eudald me preguntó: '¿Has excavado alguna vez?', y yo le dije que no, y el pobre Eudald estaba aterrado porque vio que todos esos chicos y chicas que veníamos no sabíamos nada y nos tuvo que enseñar", rememora Bermúdez de Castro.

"Yo era muy de campo pero nunca había estado en una excavación. Me metieron en una cuadrícula, me dieron un cepillo, un recogedor y un destornillador y me dijeron que excavara. Y estos sinvergüenzas, Eudald y su chico de tesina, Carlos Díez Fernández-Lomana, que fue uno de los primeros que excavó aquí, me gastaron la broma típica. Me colocaron un canto de río, una piedra que se supone que era un percutor [una piedra con la que golpeaban otras piedras para hacer herramientas]. Y como yo no tenía ni idea, empecé a echar la tierra en el cubo, y cuando llegué a la roca la eché al cubo también. Entonces se me abalanzaron: '¿Qué es eso?'. 'Y yo, pues una piedra'. Y ellos: '¡No, es un percutor!'. Me dieron una herramienta 'más adecuada a mis conocimientos' y me sacaron un martillo de 30 kilos. Estuve 10 días picando con él los sedimentos estériles del yacimiento de Galería, donde no había ningún fósil, pero había que quitar primero la parte más dura", recuerda. "Disfruté muchísimo, terminaba la jornada cansadísimo y feliz. Me iba a comer al restaurante Los claveles dos platos de alubias, dos flanes y si me ponías otro filete me lo comía".

Arsuaga ya había excavado en otros yacimientos antes de llegar a Atapuerca: "Yo no soy muy dado a contar batallitas, si te digo la verdad. Al principio era una excavación con pocos medios pero teníamos una casa en Ibeas que alquilamos durante muchos años. Estábamos bastante hacinados, era un poco como una comuna porque convivimos las 24 horas".
Al principio, cuenta Carbonell, había días que iban andando desde Ibeas al yacimiento, con frecuencia con sacos: "Era un desgaste bestial. Cuando bajábamos a la Sima de los Huesos sacábamos una mochila con 30 kilos de sedimentos haciendo espeleología, y ese mismo peso había que bajarlo todo el camino para que lo recogiera la furgoneta", añade Bermúdez de Castro.

Arsuaga, Carbonell (con sombrero) y Bermúdez de Castro, en la Trinchera del Ferrocarril
Arsuaga, Carbonell (con sombrero) y Bermúdez de Castro, en la Trinchera del Ferrocarril

La Sima de los Huesos, donde en 1992 hallaron cráneos humanos de hace 430.000 años, ha sido uno de los lugares más destacados de Atapuerca, pero también el más arriesgado en lo que respecta a la seguridad. De hecho, fue el escenario de los incidentes más graves que han sufrido en estas cuatro décadas. "En tres ocasiones estuvimos a punto de tener fallecidos", recuerda Carbonell, que ha bajado decenas de veces. En los últimos tiempos, iba cada tres o cuatro años pero cree que ya no va a volver a descender allí.

"Una vez, durante la bajada a la Sima se arrancó una piedra que le pasó rozando a Enrique Gil, un excavador que estuvo a punto de matarse. Si le hubiera caído en la cabeza se habría descalabrado seguro", recuerda.

José María vivió en primera persona dos episodios graves: "Estábamos cinco personas excavando en la Sima de los Huesos, donde hay muy poco oxígeno. Eudald incluso nos puso música -le gustaba mucho Stravinsky-, y se marchó. Al cabo de unas horas bajó a por nosotros y tuvo que arrastrarnos para sacarnos porque estábamos ya atontados. Estábamos tan entusiasmado que no te dabas cuenta del peligro". La segunda ocasión fue por un problema con el arnés de sujeción mientras subía por el conducto de 14 metros.


Campaña a campaña fueron aprendiendo y mejorando las medidas de seguridad, mientras que año tras año se consolidaba el proyecto a medida que conseguían más financiación y llegaban más investigadores, pues Atapuerca ha sido y es una cantera y una escuela para los científicos españoles y extranjeros. En la de este año, que comenzó el 17 de junio, van a participar en total unas 300 personas, la gran mayoría son catedráticos y doctores: "Es un equipo multidisciplinar.Tenemos geólogos, biólogos, historiadores, físicos, químicos...yo soy médica, aunque no es tan habitual", dice Martinón-Torres.

La mayoría del personal del equipo de investigación que viene de fuera se aloja en la Residencia Juvenil Gil de Siloé de Burgos, cedida por la Consejería de Juventud de la Junta de Castilla y León. A las 9 de la mañana llegan los autobuses a Atapuerca y comienza la jornada de excavación. A las 11 se hace una pausa para el café y almorzar, y ya siguen hasta las 15 horas aproximadamente. Por la tarde, toca laboratorio: se revisa, se prepara y se clasifica el material excavado.

Según explica Arancha Aramburu, geóloga del grupo "y taxista" -ha traído en coche a Juan Luis Arsuaga-, la rutina que hay en los yacimientos de la Trinchera del Ferrocarril -"que están en el exterior, son yacimientos más clásicos en los que excavas en tu cuadrícula"-, es diferente a la rutina que siguen en las cuevas en las que ella trabaja con el equipo de Arsuaga: "En la Sima de las Huesos o en la Galería de las Estatuas hacemos espeleología. Tienes que vestirte expresamente, así que te quedas cinco o seis horas dentro. Trabajamos como máximo siete personas a la vez, pero es mejor que haya cinco".

En el yacimiento Penal, excavando junto a María Martinón-Torres, encontramos a tres jóvenes investigadores en su primer día en Atapuerca. El gaditano José Daniel Coronil, el mexicano Agesandro García y la india Pawan Krishna Murti van a estar dos semanas, en el marco de un programa de voluntarios. Los tres están emocionados por excavar aquí y esperan volver el próximo año.

"Físicamente tenemos que estar bastante en forma, y si no lo estás te duele bastante la espalda, aunque la verdad es que yo tengo menos dolores en campo que en oficina", señala Palmira Saladié Ballesté, arqueóloga del IPHES, en Tarragona, y coordinadora de uno de los yacimientos de la Gran Dolina, donde este año esperan encontrar más restos de Homo antecessor. "No sabemos qué va a salir y estamos en un momento muy emocionante", admite.

Un equipo de investigadores excavando en el yacimiento de la Gran Dolina, donde se encontró la especie 'Homo antecessor'
Un equipo de investigadores excavando en el yacimiento de la Gran Dolina, donde se encontró la especie 'Homo antecessor'

Aquí encontramos también a otro veterano, Josep Maria Parés, que tras investigar en la Universidad de Michigan (EEUU) se unió al CENIEH en 2008. Este experto en paleomagnetismo aplicó por primera vez en Atapuerca este audaz método de datación de restos, permitiendo, de manera resumida, demostrar que "en Atapuerca teníamos restos humanos anteriores al medio millón de años en una época en la que mucha gente sostenía que en Europa no había poblaciones anteriores a los 500.000 años. Cabreamos y alegramos a mucha gente a la vez", cuenta Parés.

Su equipo logró demostrar en 1995 que los fósiles de la especie que terminarían denominando Homo antecessor tenían una cronología mínima de 800.000 años. Esos restos aparecieron en el estrato TD6 de la Gran Dolina, que también se llama estrato Aurora en homenaje a Aurora Martín, la arqueóloga que los encontró el 8 de julio de 1994, y que también es la directora gerente del Museo de la Evolución Humana.

En Atapuerca ha habido muchos hitos científicos -el hallazgo en la Sima del Elefante de la mandíbula de un treintañero que vivió hace 1,3 millones de años, el primer caso documentado de canibalismo en la evolución humana, el primer asesinato de la historia, recuperación del ADN más antiguo procedente de restos fósiles (de hace 400.000 años)...- pero Bermúdez de Castro se queda con Homo antecessor.

Para Carbonell, el hallazgo más importante de su carrera es "sin duda" el fósil de Pink, una cara con una antigüedad de entre 1,1 y 1,4 millones de años que descubrieron hace sólo dos años -lo encontró el estudiante Edgar Téllez-. Los detalles del estudio de este fósil se publicarán en unos meses en una revista de impacto y todo apunta a que será un anuncio histórico. Carbonell cree, asimismo, que van a aparecer pinturas de la misma antigüedad que las de Altamira.

Globalmente, dice Bermúdez de Castro, "aquí en la Península ibérica tenemos los restos de los humanos más antiguos que han vivido en Europa". "Hay un diente de leche humano en el yacimiento Barranco León, en Granada, que debe ser el diente publicado más antiguo de Europa, de 1,4 millones de años, por lo que sería unos 50.000 o 100.000 años más antiguo que lo que se ha encontrado en Atapuerca. También hemos ganado la Eurocopa, si quieres decirlo así, somos los campeones en fósiles de evolución humana", asegura.

Arsuaga, que es embajador de la Marca España, afirma tajante que "Atapuerca es el mayor proyecto paleontológico del mundo en el estudio de la evolución humana", incluyendo el museo. "Con cualquier variable o criterio que uses, es el más importante: puedes mirarlo por número de excavadores, por el número de publicaciones científicas, de centros en todo el mundo que colaboran y participan, por número de visitas...".

¿Por qué este enclave fue tan propicio para que pararan aquí tantas especies durante casi el último millón y medio de años? "Hay varias razones, esto es una zona de paso desde la Cuenca del Ebro hasta la Cuenca del Duero. En el pasado, los humanos nunca iban por las montañas, y los Pirineos eran una barrera geológica natural. También había condiciones climáticas favorables, con temperaturas más o menos frescas o cálidas pero soportables. Y además hay una cosa muy importante que son las cuevas", relata Bermúdez de Castro.

"Nosotros no somos cavernícolas, no somos trogloditas, es un mito absolutamente falso, nunca hemos vivido dentro de las cuevas, que son húmedas, frías y encima no hay luz. Pero si encuentras una cavidad que te sirve de protección en un momento determinado, la usas. Incluso los neandertales hacían campamentos en los abrigos de las cuevas, y Homo antecessor posiblemente entraba para refugiarse en un momento determinado o hacer sus meriendas con los animales cazados y luego se marchaban, vivían en el campo. Toda esa información que queda en las cuevas se retiene, son un verdadero frigorífico para conservar esa información del pasado, dando la falsa sensación de que había una población numerosísima".

Vista general del yacimiento de la Galería
Vista general del yacimiento de la Galería

Cuando les preguntamos cómo han conseguido codirigir entre tres personas un yacimiento así durante 34 años, lo atribuyen sobre todo a que son complementarios: "Cada uno de nosotros hemos hecho cosas diferentes, eso es lo que yo considero más interesante. Nos fuimos repartiendo el trabajo. Yo he trabajado más en la Cueva Mayor, donde ahora mismo tengo cuatro yacimientos bajo mi responsabilidad directa. Si no estuviera hablando ahora contigo para este reportaje estaría en la cueva con mi equipo. Eudald es arqueólogo y ha coordinado los otros yacimientos, al aire libre. José Mari es paleontólogo como yo, pero él hace dientes y yo, el resto del cuerpo. No nos solapamos", señala Arsuaga.

"Cada uno tiene su forma de ser, sabemos cómo somos e intentas no meterte en el terreno del otro porque si voy a hacer cosas que va a hacer otro, es un lío, que lo haga el que sabe hacerlo mejor, y hasta ahora hemos funcionado bien", apunta Bermúdez de Castro. "Yo, por ejemplo, llevo la economía, una parte de la logística y una parte de la investigación que creo que Eudald y Juan Luis no hacen tan bien como yo. Eudald es más de campo, y las decisiones de campo sobre arqueología las toma él. Juan Luis ha llevado también la parte de la investigación, la excavación de la Cueva Mayor y es una persona más mediática, con una capacidad de transmisión de conocimiento muy buena", resume.

Tras examinar tantos fósiles tanto de nuestros antepasados como de nuestra especie, Bermudez de Castro cree que "sin duda lo que nos hace humanos es la cultura entendida como un todo, no solo las bellas artes, es el teléfono móvil, todos los elementos que nos permiten adaptarnos al medio usando herramientas. Luego viene el lenguaje y el arte, pero empezamos a ser diferentes a otras especies animales gracias a la cultura. Ahí empieza todo, luego se va perfeccionando".

Para Arsuaga, lo más importante es que los Homosapiens "somos una especie supersocial. Nuestro cerebro es social", subraya. "Tenemos tecnología que nos permite hacer un Zoom con alguien de Australia o viajar a gran velocidad, pero viajamos para reunirnos con otro. Todo gira en torno a eso. Somos una especie global e interconectada como consecuencia de que somos sociales".