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Ciencia

La inmortalidad y el fin del mundo, todo lo que esconde el vacío del universo: "No necesitó ser creado, está allí desde antes del tiempo"

Guido Tonelli, físico del CERN y uno de los descubridores del bosón de Higgs, la 'partícula de Dios', reescribe el papel del lado oscuro del cosmos: "El estado más vacío imaginable está llenísimo de algo que no se ve"

La inmortalidad y el fin del mundo, todo lo que esconde el vacío del universo: "No necesitó ser creado, está allí desde antes del tiempo"
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Según el libro del Génesis, «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo». Pero ahora la Física moderna dice que Dios no necesitaba crear tantas cosas, y que basta el vacío para poner en marcha la arquitectura del universo y nuestra propia existencia.

-¿La nueva Biblia cosmológica podría empezar con «al principio creó Dios el vacío» y seguir con «y ya no le hizo falta crear nada más»?

-Es sugerente, pero tampoco es correcto, porque el vacío no necesita ser creado. Es decir, estaría ahí, y esto es bastante inapropiado decirlo, para siempre, porque en el vacío no existe el tiempo, está antes del tiempo- responde Guido Tonelli, físico del CERN y profesor de Física en la Universidad de Pisa, con la autoridad teológica que le confiere ser uno de los descubridores del bosón de Higgs, la partícula de Dios.

El punto de partida es una constatación abrumadora: el universo es casi todo vacío. La realidad se sostiene sobre un photocall inestable e invisible. Las galaxias, estrellas y planetas ocupan una fracción ínfima del espacio. Entre ellas se extienden regiones inmensas de nada, pero resulta que la nada en la Física moderna no existe. «Incluso el estado más vacío imaginable está llenísimo de algo que no se ve, que no brilla y que decide la geometría del universo, su ritmo de expansión y, posiblemente, su destino final», apunta Tonelli.

La NASA sabe que el mayor desafío del espacio no es técnico, sino humano. El vacío cósmico -oscuro, silencioso y carente de referencias- es una prueba psicológica extrema. No se trata de si un astronauta puede operar una nave, se trata de saber si es capaz de sostener su identidad, su equilibrio emocional y su capacidad de decisión cuando desaparecen el horizonte, el ruido cotidiano y la sensación de pertenecer a la Tierra. «La quintaesencia del no ser es la sustancia más temible de todas, dotada del poder de aniquilar toda forma de existencia», sentencia Tonelli en La elegancia del vacío: de qué está hecho el universo (Ariel), que acaba de publicarse en España.

La NASA estructura cada jornada para evitar el vacío mental: rutinas estrictas, ejercicio físico obligatorio, contacto regular con psicólogos en Tierra y estímulos cuidadosamente diseñados, como ciclos artificiales de luz o la posibilidad de contemplar el planeta desde el espacio. Ver la Tierra flotar en la oscuridad no es solo un privilegio estético: es una herramienta psicológica clave para contrarrestar la sensación de insignificancia cósmica. En el espacio, la NASA no solo protege el cuerpo de sus astronautas; intenta, sobre todo, que el vacío exterior no se convierta en un vacío interior.

La Psicología y la Filosofía existencial llevan más de un siglo intentando poner palabras a esa inquietud. Martin Heidegger, uno de los grandes filósofos del siglo XX, entendió la angustia como la experiencia fundamental del ser humano cuando se enfrenta a la nada. Y Jean-Paul Sartre o los psiquiatras Irvin Yalom y Viktor Frankl llevaron esta idea aun más lejos al afirmar que tememos al vacío porque nos devuelve la pregunta que más evitamos: quiénes somos. «Somos los últimos miembros de una comunidad que elaboró su pensamiento básico hace 2.500 años. Y que tiene que superar el prejuicio de que el vacío es la nada, porque el vacío es, en cierto sentido, lo opuesto a la nada», responde Tonelli.

-¿Saber de qué está hecho el universo respondería también a la pregunta de qué estamos hechos nosotros?

-A nivel microscópico estamos hechos de vacío. El volumen que ocupo -mido 1,80 metros de altura y peso 80 kilos- está ocupado por esa masa, pero si lo observamos microscópicamente, con diferencia, la mayor parte de ese volumen está vacío. Mi masa está dominada por átomos de agua, de calcio, de hierro en la sangre, de fósforo. Y esa masa está concentrada en componentes muy pequeños, protones y neutrones, que vemos que están hechos en gran parte de nada, de vacío, porque la masa dentro de un protón está dominada por quarks y gluones, que ocupan una fracción diminuta del volumen del protón. Por eso, cuando voy al hospital y me hacen una radiografía, veo que mi cuerpo es transparente. Pero tengo la impresión de que todo es compacto porque soy un objeto macroscópico. Somos un componente del vacío que reflexiona sobre sí mismo como vacío. Lo cual, para mí, es absolutamente maravilloso.

A pesar de compartir el mismo cielo nocturno, el miedo al vacío no ha tenido la misma incidencia en todo el mundo. Mientras Occidente identifica vacío con carencia, Oriente desarrolló una concepción positiva de la vacuidad: el budismo (nyat) y el taoísmo entienden el vacío como fluidez y equilibrio. El vacío no aniquila el sentido: lo hace posible, y el Tao Te Ching lo confirma: «30 radios convergen en el cubo de una rueda, pero es el vacío del centro lo que hace útil al carro».

"Somos los últimos miembros de una comunidad que tiene que superar el prejuicio de que el vacío es la nada, porque es lo contrario de la nada"

Guido Tonelli, físico del CERN

Sin embargo, en Occidente, Aristóteles formuló una idea que marcó siglos de pensamiento: «La naturaleza aborrece el vacío» (horror vacui). A esta herencia se sumó la tradición judeocristiana, que concibió el universo como una creación dotada de propósito y jerarquía. Y cuando la ciencia moderna desmontó esa arquitectura -revelando un cosmos inmenso, silencioso y sin centro-, el vacío dejó de ser una hipótesis filosófica para convertirse en una experiencia existencial inquietante.

Parménides y la escuela eleática fijaron una ecuación decisiva: si el vacío es no-ser, entonces no existe, ni siquiera se puede pensar. Tonelli subraya que esta posición no es solo metafísica, sino existencial: negar el vacío es también negar el abismo y la muerte como final.

-Pocas cosas más hostiles que el vacío para la vida. Durante mucho tiempo, la inmensidad del universo nos hizo pensar que era ridículo creer que estábamos solos; sin embargo, cuanto más sabemos, más parecemos una anomalía.

-Hay regiones inmensas del universo en las que domina el caos, con galaxias enteras destruidas por gigantescos agujeros negros. Nuestro sol, visto desde lejos, parece una estrella muy tranquila y hermosa que nos proporciona regularmente calor y luz. Pero si lo observas de cerca se ve que está dominado por movimientos caóticos: una gigantesca burbuja de plasma que a veces explota. Las condiciones de equilibrio son, ante todo, temporales. Los primeros simios antropomorfos se desarrollaron en la Tierra hace apenas unos pocos millones de años. Si miramos la cantidad de estrellas que hay en el cielo, debemos imaginar que hay planetas habitables en todas partes. Son números increíblemente grandes. Y los mecanismos que llevaron a la vida en la Tierra no son únicos. Estoy bastante seguro de que estamos cerca de descubrir signos de vida en nuestro sistema solar. Es muy probable que en los próximos 10 o 20 años tengamos la prueba científica de que la vida no es tan rara ni tan inusual.

Cuando los científicos investigaron el vacío, descubrieron que, en realidad, se trata de un estado de la materia dotado de propiedades de lo más singular. «La ciencia contemporánea nos ha permitido ir más allá de la pesadumbre que ha paralizado a la humanidad durante milenios para hacernos descubrir la increíble belleza del vacío, su insuperable maravilla», apunta Tonelli.

El verdadero golpe llega con la mecánica cuántica. Tonelli subraya una paradoja central: incluso cuando eliminamos toda la materia de una región del espacio, no eliminamos la actividad física. El principio de indeterminación de Heisenberg impide que un sistema tenga energía nula y, como consecuencia, el vacío cuántico hierve de fluctuaciones: pares de partículas y antipartículas aparecen y desaparecen constantemente durante intervalos brevísimos.

«Dentro del vacío están presentes todos los estados posibles de la materia, electrones y positrones, protones y antiprotones, neutrones... todo una inmensa mina de material organizada de tal manera que parece no contener nada. La materia es una fluctuación que puede durar 13.800 millones de años. Y aquí estamos. Es un mecanismo natural, no hace falta crearlo. Todo el universo está hecho gratis», explica Tonelli.

"Es muy probable que en los próximos 10 o 20 años tengamos la prueba científica de que la vida no es tan rara ni tan inusual"

Guido Tonelli, físico del CERN

-Lo cuántico se está utilizando últimamente como cajón desastre para explicar todo lo que no entendemos, incluso la inmortalidad.

-Francamente, odio este tipo de actitud, y está muy extendida. La gente intenta explicar, mediante la mecánica cuántica, hasta las relaciones amorosas. Entiendo que la use para escapar del miedo a la muerte, es una actitud humana, pero lo que noto hoy especialmente es que en nuestra sociedad moderna tenemos un sentido increíble de poder, porque podemos vivir 80, 90 o 100 años. Ahora podemos intentar sobrevivir a algunas de las enfermedades que hace 20 o 30 años nos habrían matado. Hay una sensación de omnipotencia que se extiende por todas partes. Y ha sido difundida ampliamente por los periódicos y por multimillonarios como Elon Musk. Piensan que podrán vivir 200 años y ahora quieren luchar contra la muerte. Hay, por lo tanto, una especie de locura que se está propagando. Y la mecánica cuántica se usa, de manera inapropiada, para explicar el mecanismo de la conciencia, la idea de que nunca moriremos, que somos parte del universo y que nuestros elementos conscientes sobrevivirán a nuestra muerte física. Es un sinsentido científico. La mecánica cuántica es una herramienta poderosa si se aplica en el contexto adecuado. Pero entiendo la voluntad de intentar superar los miedos. No quiero ser ofensivo con las personas que lo consideran una manera de sentirse mejor, por ejemplo, si han perdido a alguien, pero podemos demostrar que todo esto no se sostiene.

-¿Y qué hay después? ¿Cuál será nuestro papel en el vacío?

-La ciencia moderna ha descubierto no solo que morimos y somos frágiles, sino que, tras nuestra muerte, nuestros componentes serán reciclados y continuaremos existiendo mientras nuestra conciencia muere. Es decir, los únicos componentes de nosotros que continuarán serán del cuerpo. Lo contrario de lo que mucha gente piensa. Nuestro cuerpo será reciclado por la Tierra; nuestros átomos adoptarán otras formas y continuarán en el planeta. Y cuando el Sol, dentro de unos 4.500 millones de años, complete su ciclo de vida, el planeta Tierra se evaporará en cuestión de minutos y todos nuestros componentes seguirán existiendo en forma nebular, en forma de polvo.

-¿Y el universo?

-Es difícil hacer predicciones del clima a una semana vista, así que imagina hacer predicciones del universo a millones de años. Pero si lo tomamos con algo de precaución, la idea actual que tienen los científicos es que esta expansión acelerada continuará. Y si no aparecen fenómenos adicionales, producirá un mecanismo muy triste, en el que básicamente el material de las estrellas que mueren hoy -cada estrella muere después de algunos miles de millones de años, unos 10.000 millones aproximadamente-, se distribuye por todas partes.

-¿Entonces?

-Habrá otra generación de estrellas o planetas que tomará este material y producirá otra generación de estrellas o sistemas solares, y así sucesivamente. Este ha sido el mecanismo que ha estado vigente hasta ahora. Pero si la expansión continúa durante miles de millones de años, las distancias se volverán tan grandes que será imposible recuperar, reciclar, si quieres, el material producido por las estrellas que mueren. Así que, una vez que una estrella muera, básicamente se transformará en una estrella de neutrones, en un agujero negro o en una enana blanca, que es un objeto muy pequeño que no dará luz, y el material no se utilizará para producir más estrellas. Lentamente, todo el universo se convertirá en un enorme objeto en el que las galaxias se apagarán. Pero eso será dentro de 20, 30 o 40.000 millones de años. Por la noche, si todavía hubiera seres humanos, no habría nada que ver, las condiciones serían de aislamiento total. Es un destino muy triste, pero también es muy probable que no estemos allí.