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Jesús Vázquez lleva unas semanas de locos. Presentar el Benidorm Fest ha sido su tabla de salvación en medio de «un bache profesional y vital» del que, asegura, ya está saliendo. La oportunidad que le ha dado RTVE -en particular, el director general de la televisión pública, Sergio Calderón, amigo y, por lo que parece, también confidente- ha hecho resurgir cual ave fénix al presentador de los presentadores: es Récord Guinness al profesional que más formatos ha conducido en la historia de la televisión en español (55). «Estoy como un niño con zapatos nuevos», nos dice en una de las pocas entrevistas que ha podido agendar entre reuniones, estilismo, guiones y ensayos. «Me han devuelto la alegría y ahora mismo tengo el rumbo marcado. Me he subido al barco», nos confiesa con emoción.
Cuando vemos a una celebrity como Jesús Vázquez, que ha acompañado a tres generaciones durante más de siete lustros, siempre vemos el brillo, los focos, el éxito... No lo oculta. Su trabajo le ha permitido ser un privilegiado a nivel profesional, pero también personal, pues hay pocos presentadores que consigan una opinión tan unánime: todo el mundo le quiere, haga lo que haga en televisión. Es consciente, lo agradece, pero reconoce que el Jesús de la televisión es un «personaje», un traje que se pone con cada proyecto. Es tímido, introvertido, máximo protector de su intimidad. Le da vergüenza y reparo cuando le paran por la calle o le miran con esos ojos de asombro y escucha: «Mira, tío, que es el de Jazztel». Le pasó hace unos días con un grupo de chavales. «Fíjate si han pasado años, que la fama todavía la gestiono así. De repente estoy en mi vida privada y me olvido de que soy un personaje público y la gente, con todo el cariño del mundo y sin querer, te lo recuerda. Y entonces hay que volver al personaje, porque lo están reclamando. Parece que disfruto de ser famoso y no es así».
El salto de Jesús Vázquez de la que ha sido su casa durante 25 años, Mediaset, a la que nunca le abrió las puertas hasta ahora, RTVE, ha sido una de las noticias televisivas de los últimos tiempos. Con el tsunami que ha supuesto no se puede empezar esta entrevista más que con un «¿cómo estás?». Cualquier otro respondería con lugares comunes, balones fuera o tirando de los tópicos de siempre: maravillosamente, feliz, entusiasmado... Jesús Vázquez, no. Sorprende su sinceridad, poco habitual en personajes públicos.

"Acercarse a la verdad es una tarea heroica"
«Cumplir los 60 -los cumplió el pasado mes de septiembre- me ha puesto todo del revés, un poco patas arriba», nos revela.
-¿Por qué?
-Primero, porque no sé cómo han pasado tan deprisa. Han pasado 60 años en mi vida y no me he dado ni cuenta.
Lo repetirá muchas veces durante la entrevista: «He vivido demasiado deprisa».
Le planteamos un juego que solo unos pocos como él pueden hacer: montarnos en un Delorean como el de Regreso al futuro y poner la fecha en la que se estrenó su primer programa, La quinta marcha. 7 de octubre de 1990. Llegamos a ese plató casi recién estrenado en los estudios de Telecinco. Allí nos encontramos con Penélope Cruz, Inma Brunton, Luis Alberto Sánchez, hasta con Kike Supermix. Buscamos al Jesús Vázquez de 25 añitos y nos plantamos delante de él.
-¿Qué le dirías?
Le diría: «Nene, párate, disfruta, vive el momento, carpe diem, mindfulness, como lo quieras llamar».
«Yo he vivido siempre un paso por delante y me da un poquito de rabia no haber disfrutado más. He sido muy travieso, muy fiestero, muy viajero, pero siempre tenía dentro esa cosita de '¡Ay! ¿Y si esto no funciona?'. Estar siempre un paso por delante no te deja disfrutar del todo. Así que, sí, le he dicho que vengo del futuro y que sé que va a estar muchos años en la tele, que se relaje y disfrute», nos dice de camino de nuevo a la máquina.
Ahora toca viajar a 2035, en busca del Jesús Vázquez a punto de cumplir los 70. En medio del camino, su historia. ¿Qué le diría al Jesús del futuro?
Mientras la máquina hace su viaje, le preguntamos por cómo ha superado esta crisis de los 60, por su decisión de dar el salto a RTVE, por los trozos que ha ido pegando durante todos estos años en los que hay también muchas cicatrices, por su retirada, por el peso de la fama, por ser una leyenda de la televisión...
«Eso de histórico ya me empieza a sonar mayor», nos interrumpe. «Hombre, Jesús, que tú eres como nuestro Brad Pitt», le decimos. «Sí, también me dicen que soy un poco Benjamin Button...».
- Ahora el Benidorm Fest, cambio de cadena, el salto a la pública.
- Voy a serte sincero, me vi perdido. No sabía adónde ir. Pensé: «¿Me voy, me retiro y me dedico a la dolce vita, al dolce far niente, o sigo trabajando?». Y en esto se cruzó Televisión Española. La realidad es que fui yo quien llamó a Sergio Calderón. Le dije: «Sergio, no sé qué hacer con mi vida». Me dijo que fuera a su despacho, me reuní con él y con el presidente de RTVE, y allí mismo me dijeron: «¿Tú harías el Benidorm Fest?». En ese momento se me encendió algo en la cabeza. Trabajar en la pública, en la que nunca había estado, que ya es un reto, haciendo algo que no había hecho en mi vida, con otras formas de trabajar, otros códigos. Me subí al barco sin pensarlo.
- Es decir, ¿si el Benidorm Fest no llega a surgir hubieras dicho adiós?
- A ver, en esta profesión es difícil decir que no. De repente dices: «Me voy». Pero en el fondo no te vas nunca. Estaba en un momento en que sí, en que me iba, en esa cosa de decir lo dejo todo y me dedico a vivir. Tienes que entender una cosa: a mí me encanta mi trabajo, pero lo que más me gusta de mi trabajo es que cuando se apagan los focos empiezo a vivir y a disfrutar de todo lo que me ha dado mi profesión. No quiero morirme sin haber cumplido todos los sueños que tengo apuntados en una lista. Muchos ya los he cumplido, pero me quedan muchos otros. Así que vamos a vivir unos cuantos más, disfrutarlos a tope. Me estoy dando cuenta de que los 60 son los nuevos 50 o los nuevos 40. ¡Y que tengo muchas cosas por hacer todavía!
Los comienzos de Jesús Vázquez no son como uno piensa. Estuvo dando tumbos, estudió Veterinaria y no la terminó, se apuntó a la escuela de Arte Dramático, fue modelo, camarero cuando las perras no le llegaban... «Yo me fui de mi casa muy joven porque no me entendía con mis padres y me fui con una mano delante y otra detrás. Me tuve que buscar la vida», cuenta. Fue en la agencia de modelos en la que estaba apuntado donde le dijeron que acababa de nacer Telecinco y que estaban buscando nuevos rostros. Se presentó a las pruebas para La quinta marcha: «Se encendió la lucecita roja de la cámara, empecé a hablar y me di cuenta de que esto era lo mío... Y aquí estoy 36 años después».
"Lo peor de la televisión es la envidia. Hay mucha gente que está maquinando, que siente rencor o a la que le da rabia que a ti te vaya bien"
Mediaset fue su casa durante gran parte de su vida profesional, aunque hizo sus cosillas en Antena 3 y las autonómicas. Y, aunque la cosa no terminó como a él le hubiera gustado que terminara, asegura que siempre estará en deuda con ellos. «Ellos son los artífices de mi carrera». Soñó con presentar Operación Triunfo y, tres años después de su estreno en España, Paolo Vasile, entonces consejero delegado de Mediaset, se hizo con los derechos del programa y se lo dio a Jesús Vázquez. Soñó con presentar La Voz cuando se estaba emitiendo solo en EEUU y, al poco tiempo, de nuevo, Vasile compró el programa y se lo dio también a Jesús. «Ahora mi sueño es el Benidorm Fest».
- Eres de los pocos presentadores a quien quiere todo el mundo. ¿Pesa?
- No me lo tomo como un peso ni como una carga. Al revés, es un honor y un privilegio. Estar tantos años en televisión y con una carrera tan larga no se hace si no tienes al público contigo. Me han dado muchos premios, pero mi premio es que en estos 36 años la gente ha estado conmigo, a mi lado. Me han visto y me han dado la audiencia que me ha permitido seguir trabajando. Vasile, que siempre se portó muy bien conmigo y era muy sabio, me decía: «Jesús, nosotros estamos aquí para acompañar a las señoras que están solas, a las personas que están en el hospital; así que, si conseguimos que esa gente se entretenga, se ría un rato, es lo más maravilloso de la tele».
- ¿Y qué es lo peor de la televisión?
- La envidia. Hay mucha envidia. Hay mucha gente que está maquinando, que siente rencor o a la que le da rabia que a ti te vaya bien. Ahora que ya soy mayor soy consciente de que he vivido rodeado de eso. Nunca he querido mirarlo y siempre he pensado que tener envidia o rencor hacia alguien es como tomarte tú el veneno y esperar a que se muera el otro. La envidia solo envenena a quien la tiene. Yo vivo mi vida tranquilo y, si tú tienes envidia porque a mí me han dado un programa, tú eres el que se está envenenando solito. Dije una vez que yo competía conmigo mismo y me tacharon de pretencioso. No es ser pretencioso, sino que yo lucho cada día para hacer mejor mi trabajo.
- ¿Eres muy autoexigente?
- (Risas) No veo mis programas nunca porque siempre veo fallos, siempre lo que podría haber hecho y no hice. Es una comedura de coco tan grande que al final digo: «Mira, tú apréndete bien el programa, sal a darlo todo, juega con las cartas que tienes y ya está».
- Lo que no te mata te hace más fuerte...
- Pues sí. Uno de los problemas de la fama es que cuando a los personajes públicos nos pasan las cosas que les pasan a todo el mundo, las nuestras se hacen públicas y parece que nosotros sufrimos más o que nuestros muertos nos duelen más. Todos sufrimos. La gente que anda por ahí dejándose los cuernos por un sueldo con el que casi no llega a final de mes, o quien tiene a su hija enferma de cáncer, lo vive en el anonimato y nadie se entera, pero sus problemas son igual de gordos que los que tenemos las personas públicas. Yo me vi envuelto en un juicio siendo inocente, algo que también le pasa a mucha gente, y viví un infierno. Es verdad que en este caso el ser famoso lo aumentó todo. Eso sí que fue peor por ser un personaje público. Si yo hubiera sido un ciudadano anónimo cuando toda aquella infamia del Arny, lo habría vivido en silencio, en privado, en mi casa. Y tuve que vivirla soportando los titulares, los paparazzi siguiéndome, mi muerte laboral porque nadie me llamaba para trabajar... Sí, sufrí más que una persona anónima.
- ¿Y cómo te recompusiste? ¿Quedaron muchas cicatrices?
- Tengo la teoría de que cuando algo se rompe, sobre todo en las relaciones humanas, siempre queda una muesca, una huella que, aunque se pegue con pegamento, la marca queda. Tú la puedes pegar como la porcelana, pero la rayita de aquello que se rompió siempre está ahí. Todos llevamos muescas en el corazón, todos hemos vivido procesos injustos, pero es que la vida está hecha de eso. Está hecha de momentos maravillosos y momentos muy dolorosos.
- ¿Has pagado un precio muy alto por ser Jesús Vázquez?
- No sería justo que dijera otra cosa: la balanza se inclina claramente hacia el lado bueno. Mi trabajo y mi vida me han dado más cosas buenas que malas. Y gracias a Dios los humanos tenemos una cosita que es la capacidad de arrinconar lo malo. Y yo he tenido cosas muy buenas en mi vida profesional y en mi vida personal. Tengo una relación de 26 años con Roberto, que es mi casa, mi bandera y es mi todo. En mi vida pensé que iba a tener una relación de tantos años, una relación de pareja, de amigos, de colegas, de amantes y de todo.
La máquina del tiempo se para. Hemos llegado al futuro de Jesús Vázquez. Toca encontrar al Jesús de 70 años. ¿Qué le dirá?
«Voy a transitar esta década por los 60 y, cuando llegue a los 70, creo que ahí, de verdad, si sigo en un estado aceptable de salud y con fuerzas, voy a dedicarme a todo lo que me queda por conocer antes de que tenga que usar bastón. Espero que a los 70 ya tenga cerrado este ciclo de la vida. Ahí ya cerramos el chiringuito, bajamos la reja y ¡hala!».
-¿Bajamos de la quinta a la segunda marcha?
-Exacto. Nos ponemos en segunda, el motor a ralentí, despacito; incluso apagamos los motores y que las velas nos lleven.




