Charles de Gaulle y Elon Musk tienen una mención cada uno en el índice onomástico de Guerra. La palabra Malvinas sale cinco veces, igual que Grupo Wagner. Slobovan Milsevic tiene ocho llamadas y drones, 53. Hay otra entrada que se llama «Red de túneles de hormigón y hierro de Hamás» que aparece siete veces citada. Con esos ejemplos al azar, es posible explicar Guerra (editado en España por Ático de los Libros), el libro del historiador inglés Andrew Roberts y del general estadounidense David Petraeus, el militar preferido de Barack Obama, su efímero director de la CIA. En 669 páginas, Roberts y Petraeus narran, caso a caso, cómo ha cambiado la guerra desde el 8 de mayo de 1945 hasta la entrada del Ejército de Israel en Gaza. Petraeus pone el conocimiento militar. Roberts, el marco histórico. ¿Y qué significa caso a caso? Significa cosas como: por qué los franceses se empecinaron en Argelia, por qué los generales de Chiang Kai-Shek sabotearon a su mando, por qué el sistema de reemplazo de EEUU fue en contra de sus intereses en Vietnam... Y así, hasta explicar por qué los comandos de Hamás han podido atacar por la espalda a sus enemigos israelíes en Gaza.
Hay una idea intuitiva que une los puntos en Guerra: de China en 1949 hasta la invasión soviética de Afganistán, de Vietnam a la campaña sandinista en Nicaragua, los contendientes que parecían en una posición de debilidad han ganado muchísimas guerras desde 1945. ¿Es algo propio de la segunda mitad del siglo XX?
«Bueno, el gran referente en la historia es la Guerra de la Independencia de España», responde Roberts desde Inglaterra. «Hay un par de ideas respecto a las victorias de los supuestos débiles. Tomemos el ejemplo de la guerra de Vietnam: Vietnam del Norte, el débil, era un sistema totalitario que mantenía a su gente bajo control y que podía mantener una guerra agresiva, despiadada y larga. La otra idea es su contraria y tiene que ver con la debilidad interna de las democracias ante la propaganda. Volvamos a Vietnam: desde 1968, muchísimos estadounidenses desarrollaron un sentimiento antibélico. De hecho, los estadounidenses ganaron la Ofensiva del Tet pero perdieron la guerra en sus calles y en sus campus universitarios».
¿Ha cambiado esa paradoja en el siglo XXI? Hamás ha sido derrotada por el Ejército de Israel. «Creo que sí, pero me quedan dudas», responde Roberts. «Desconocemos el efecto a largo plazo de la propaganda que dejará esa guerra. Es verdad, Hamás ha sido derrotado, pero el mundo se ha vuelto contra Israel como Hamás quería. Si la primera línea de combate es TikTok e Instagram, está claro que muchísima gente en todo el mundo se ha puesto radicalmente contra Israel, pero su presión no ha impedido que Israel despliegue tropas en Gaza y que, en esencia, gane la guerra. A veces dudo de quién será visto ganador dentro de 50 años».
«Gaza», continúa Roberts, «es una guerra muy novedosa. Es novedosa como operativo, porque su esencia es que se desarrolla en un territorio urbanizado y lleno de túneles que permiten a Hamás aparecer por la espalda. Y es novedosa porque Hamás es un contendiente tan fanatizado que no le importa cuántos civiles mueran. Cuántos civiles entre su gente. De hecho, cuantos más mueran, más rendimiento va a sacar ante la opinión pública mundial. Hamás puede estar perfectamente satisfecho con el resultado de esta campaña en la que decenas de miles de mujeres y niños palestinos han muerto, porque el objetivo de aniquilar a Israel ha recibido muchísima propaganda. Gran parte del mundo es ya antisraelí. Eso no lo hemos visto antes».
Hay otra novedad evidente en Gaza. Si hace 30 años, en la guerra de Kuwait, la representación de la brutalidad era una lucecita verde en una pantalla negra, en 2025, la imagen es la de la crueldad absoluta. La imagen de la guerra ha pasado de la abstracción al hiperrealismo. «Es un cambio sorprendente. Podemos ver en una pantalla actos atroces, y me refiero en particular a los que emite Hamás, tan impactantes que alteran las decisiones de las democracias. Para los países totalitarios no va a tener ningún impacto porque los rusos no van a detener sus ofensivas por un TikTok. Pero dentro de las democracias, el conocimiento del horror crea grietas, hace dudar. Lo hemos visto en Inglaterra: los laboristas, el Partido Verde, los Demócratas Liberales... todos han denunciado a Israel. Me parece inimaginable de no haber sido por las redes sociales, por las imágenes de hambrientos, moribundos y heridos».
«Y no, la guerra no es una lucecita verde en un videojuego. La guerra es Goya en el Prado, la guerra es Los Horrores de la Guerra, es la monstruosidad. Son los campesinos fusilados y los cadáveres abandonados en los bosques. Eso es la guerra de verdad. Y, en adelante, lo vamos a ver a menudo. Antes, se necesitaba a Goya para pintarla. Hoy, basta con encender el móvil».
- ¿Verdadero o falso? Las democracias están en posición de debilidad cuando van a la guerra contra estados autoritarios.
- Verdadero. Para empezar, porque las democracias no empiezan las guerras. Hay pocas excepciones... La Guerra de los Seis Días. Un gobierno autoritario puede iniciar un ataque sorpresa, una democracia no. Y, en general, las democracias sufren al comienzo de la guerra. Sin embargo, a medida que las guerras continúan, tienen una ventaja si son capaces de mantener a su población cohesionada. El proceso de toma de decisiones es mejor en las democracias. Los altos mandos no temen el peligro de ser fusilados como los generales de Sadam Husein. Es mejor tener una interacción abierta entre personas competentes, sin miedo a expresarse. Y eso ocurre en las democracias.
Hablemos de Rusia: «Mark Galeotti ha descrito la crueldad de los oficiales hacia los suboficiales y de estos hacia los soldados. Hay una larga historia de violencia en el Ejército ruso. Es crónico. En la II Guerra Mundial, Stalin fusiló a una división entera, 14.700 soldados, por supuesta cobardía. La cobardía consistía en no correr hacia las ametralladoras alemanas, a veces sin fusil. Los soldados tenían que recoger el fusil del hombre que caía delante de ellos. No hacerlo, constituía una sentencia de muerte para el que regresaba. Es terrible pero, ¿podría una democracia haber luchado en la Batalla de Stalingrado?».
- Tengo la idea de que Ucrania ha disfrutado de mejor tecnología militar que Rusia, pero que sus ventajas han sido efímeras porque Rusia replica esa tecnología.
- La realidad es que los estadounidenses no han llevado a Ucrania el equipo que habría derrotado a los rusos. Trump podría dejar de ayudar definitivamente a Ucrania por completo, lo cual sería catastrófico. ¿Seguirá Elon Musk permitiendo el uso de Starlink sobre Crimea? Es una pregunta importante. Pero, incluso si ocurre así, hay una tendencia al estancamiento. Como no se puede mover un número significativo de hombres sin que sean detectados y sin que los drones los ataquen con granadas, no hay ofensivas de un lado ni del otro. Rusia podría continuar con este ritmo de reemplazos 100 años, y Ucrania seguiría existiendo.
Por cierto: Rusia no ha perdido la guerra porque su economía se hundiera, como esperábamos todos en 2023. «No deberíamos juzgar a los rusos según nuestros estándares occidentales. Aquí nos preocupa que la economía suba o baje un 1%. Hace poco tuvimos el presupuesto en Reino Unido y el dato del PIB fue la obsesión colectiva. En cambio, para Putin están en juego otros conceptos decimonónicos: grandeza, poder, imperio... Todas esas cosas que nos suenan anticuadas. Será interesante ver hasta qué punto están dispuestos los chinos a perjudicar sus intereses económicos para recuperar Taiwán en algún momento de las próximas dos décadas. Lo que impulsa a los dictadores no es la economía.
Guerra también tiene la función de explicar qué va a ser la guerra en el futuro. ¿Quién y cómo la va a hacer? ¿China, La India? «La India es una democracia. No es una nación imperialista. Y China no ha sido imperialista durante 3.000 años, casi no se ha expandido más allá de sus fronteras, aunque supongo que los vietnamitas protestarán ante esta frase. Pero el ruido de sables que hace China en los últimos años es extraordinario en su historia. Nunca antes había ocurrido algo así. Mire, nadie construye seis portaviones con fines defensivos. El único propósito de un portaviones es ofensivo. Nadie triplica sus ojivas nucleares sin motivos. Son cosas que solo se hacen si se pretende representar una amenaza significativa para el orden mundial y, en última instancia, reemplazar como principal potencia a Estados Unidos. Este es el tipo de cosas que Gran Bretaña hizo en el siglo XIX».
La conversación de Roberts se dirige entonces hacia Europa, donde Alemania y Francia han estrenado formas laxas de servicio militar. «Macron habla de 10.000 reservistas. Es interesante, pero aún es algo en la pequeña escala. Me preocupa más el gasto de defensa británico. En el Reino Unido gastamos el 2,5% del PIB, es poco. Tenemos vehículos blindados de transporte de personal que no funciona. El [tanque] Ajax tampoco funciona. Los hombres que los conducen mucho tiempo sufren efectos en su salud. La Armada Británica es la más pequeña desde las Guerras Napoleónicas. Y aunque los británicos no están en contra de que se gaste más dinero en defensa, los gobiernos detestan hacerlo, especialmente en un momento de aumento del gasto en bienestar social.
- En España tenemos un debate parecido. ¿Cuando dice que el gasto en defensa es bajo, quiere decir «imprudentemente bajo»?
- Si estuviéramos en 1995 sería un nivel de gasto razonable, pero no es así. Si Putin ganara en Ucrania, y empezase el ruido de sables en Moldavia y probablemente en Estonia, nos harían falta defensas sólidas. Y, sin embargo, tanto los gobiernos conservadores como los laboristas de los últimos 20 años han sido patéticamente débiles en el gasto de defensa.


