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Ilan y la jauría: "Le perseguían para pegarle, se burlaban de él, lloraba de miedo"

El niño se quitó la vida a los 11 años en Ibiza en 2019. Un juzgado reabrió el caso por supuesto acoso escolar y, hasta la fecha, ya se ha tomado declaración a siete testigos. En estas semanas, habría cumplido 18 años

Laura Moreno, en su domicilio.
Laura Moreno, en su domicilio.
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Aquel último día, Laura recogió a Ilan en la escuela de verano a las dos y media de la tarde, lo llevó a casa, comieron macarrones gratinados con salsa boloñesa, el hijo mayor se dio un baño en la piscina de la terraza y luego estuvieron bailando al ritmo de Space Jump, esa película en que sale Michael Jordan y los dibujos animados se mezclan con la cruda realidad.

Los dibujos animados: "Nos pusimos a hacer el pavo, siempre nos gustaba hacer el pavo, le daba la vuelta y se reía, todo estaba muy bien. Estaba enfadado y le expliqué la etapa que empezaba: la adolescencia. Hablamos distendidamente de las hormonas, de los cambios de humor y del cuerpo, incluso de que en un futuro tendría relaciones con chicas... 'Mami, tú estás loca', me dijo. Se rio. Me eché la siesta. A las siete me fui a trabajar".

La cruda realidad: "Después, estaba limpiando una casa y me llamó mi pareja. Me dijo que Ilan había discutido con uno de los gemelos y que se había metido en la habitación dando un portazo. Cerró la puerta. Eso nunca lo hacía. Cuando luego fue a acostar a los pequeños en la habitación en que dormían los tres hermanos, se lo encontraron muerto. Se había quitado la vida".

Sucedió el 28 de agosto de 2019.

Ilan solo tenía 11 años.

Para saber más

Los dibujos animados: cuentan que era divertido y sociable. Hacía atletismo. Jugaba con los Lego y con la Play. Su color favorito era el azul. Era del Barça (por eso a uno de sus hermanos le pusieron Leo). Le gustaban las gulas, el sushi, patinar, las tortugas, los peluches, los mirlos que se caían del nido antes de tiempo, construir tiendas de campaña en el salón con cojines y mantas, hacer el payaso.

La cruda realidad: también llevaba años sufriendo en clase. Una vez recibió patadas hecho un ovillo en el suelo y en otras ocasiones, puñetazos. Si le pedías que dibujara su escuela, te pintaba una cárcel. Callaba. Sobre todo, callaba. Y leía mensajes amenazantes.

Lo cuenta Laura Moreno, su madre taxista. Un poco como si entrase en una carretera llena de curvas.

Lo de los dibujos animados.

Lo de la cruda realidad.

A los tres días de su muerte, el caso se cerró como si todo hubiese sido un accidente. Seis años después -a la luz de las pruebas presentadas y de siete testimonios-, el juzgado de instrucción número 3 de Ibiza investiga si hubo acoso escolar.

(...)

Laura, ayer, en su domicilio, viendo fotos de Ilan.
Laura, ayer, en su domicilio, viendo fotos de Ilan.

Por motivos legales, no podemos decir el nombre del colegio público de Sant Antoni de Portmany (Ibiza) donde supuestamente ocurrieron los hechos.

Por motivos humanitarios, no abundaremos en otros.

En la mirada panorámica desde lo alto, esta podría ser una historia más de acoso escolar: un caso más entre el 6,5 % del alumnado que sufre esta lacra con frecuencia, uno más entre el 15,8 % que es víctima de este tipo de violencia varias veces al mes.

Pero si hacemos zoom, podemos ver lo que sucede dentro mucho más de cerca. Un pueblo de 30.000 habitantes. Un colegio público con prestigio académico. Un niño que está en clase inquieto. Un papel doblado que recibe y que abre: lo que pone ahí.

"Empecé a notarle nervioso a los siete años en 2º de Primaria. Se tiraba del pelo del cogote, se mordía las uñas, volvió a hacerse pis en la cama, tenía estallidos de impotencia", relata su madre. "Le pregunté y me contó: le perseguían para pegarle, se burlaban de él. Junto a dos amigos suyos que también sufrían acoso, llegó a tener que esconderse en la biblioteca durante los recreos".

De manera que Laura fue a hablar con su tutora. Por toda respuesta, le dijeron que no existía problema alguno, que el causante de todos los males era él, que hacía el tonto... "Quién me iba a decir que dos de los cuatro acosadores eran hijos de docentes del centro".

Tercero de Primaria. "Vivía con temor. Él y sus dos amigos seguían siendo víctimas de aquello. A uno de sus compañeros, le metieron la cabeza en el váter y le bajaron los pantalones. Les tiraban pelotas de papel del baño. Seguían las palizas y los insultos... Su mejor amigo llegó a ponerse un cuchillo en la garganta; el otro se orinó en la silla de clase... Ilan lloraba de miedo".

Cuarto de Primaria. "Mi hijo iba tan mal que suspendió tres troncales. Se mostraba superirascible. Acabó dejando el equipo de fútbol. Y también tuvo que repetir curso. Solo que, en vez de en aquel colegio, lo hizo en uno de Santa Inés, donde mejoró bastante... Pero llegó ese día en que hubo un encuentro entre centros de la comarca para ver una película. Y volvieron a atacarle. Sufrió un ataque de ansiedad y tuvieron que subirlo al autobús".

Laura Moreno decidió denunciar lo ocurrido ante la inspección educativa en 2018. En la Consejería de Educación constan informes relativos al caso. No ocurrió nada.

¿Qué estaba pasando allí? Llegó un momento en que el centro abrió un expediente por posible trastorno de déficit de atención e hiperactividad de Ilan. "Estas son las estrategias que tienen los centros para esconder el problema y no tener mala publicidad", dice la madre. Pero la especialista, después de evaluar al niño, acabó desentimándolo: no tenía síndrome de ningún tipo; el problema no era el chaval.

El zoom de un mes antes de su muerte. "Le invitaron a echar una pachanguita y aquellos niños lo acorralaron en la portería para darle balonazos. Me llamó: 'Mamá, ven a buscarme porque no estoy bien'...".

El zoom de cuando falta una semana y media. "En la escuela de verano del barrio, una vecina, amiga de los niños acosadores, se metió con él y le amenazó diciéndole que le pegaría un chico mayor... Fue mi sobrina a por Ilan".

Así llegamos al 28 de agosto de 2019.

Y entonces hay un rato de dibujos animados: la madre y el hijo hacen el pavo, hablan de los cambios de humor que trae la adolescencia y bailan al ritmo de Space Jump.

Y entonces -unas horas después- Ilan pega un portazo, se mete en su habitación y llega la cruda realidad.

Hoy tendría 18 años.

"Hemos llevado su caso un par de veces al Congreso. Porque durante el mandato de la ministra Pilar Alegría ha habido al menos ocho suicidios infantojuveniles en los colegio"

José Manuel López, presidente de Trencats contra las violencias en las escuelas

Carmen Cabestany es profesora con casi 30 años de experiencia y preside la asociación No al Acoso Escolar (NACE).

"En 2019, cuando me enteré del suicidio de Ilan, traté de localizar a Laura, su madre, pero no tuve suerte. Dos años después, en 2021, fue ella la que se puso en contacto con nosotros", recuerda. "Por razones difíciles de entender, el caso se cerró. Según la madre, hubo irregularidades en el procedimiento y en las actuaciones de los abogados que tuvo: como si no hubiese interés en demostrar si hubo o no dejación de funciones de la escuela o de quien tuviese la responsabilidad en cada momento de velar por Ilan".

"Por ella hicimos una manifestación en Ibiza en 2022 con el lema Si tú no actúas, ellos se matan", concluye. "Hoy, estamos muy contentos de que el caso se haya reabierto y confiamos en que haya justicia".

Si Laura Moreno no dio señales de vida en el tiempo que vino después de la muerte fue porque se estaba lamiendo las heridas.

"Cerraron el caso a las 72 horas aprovechando mi vulnerabilidad, comenta. "Porque lo primero que hice tras la muerte de Ilan fue pensar en mis otros dos hijos. Tenían siete años y habían visto a su hermano muerto. Porque dormían los tres juntos en aquella habitación con dos literas", añade. "Entonces todos necesitamos terapia".

Tuvieron que pasar ocho meses desde el suicidio ("cuando me vi fuerte"), para que Laura comenzara a abrir los ojos. Entonces quiso saber. E hizo acopio del daño. Dos años después de la muerte, puso el asunto en manos de abogados. Sin demasiado éxtio. Al tercer cambio de letrado, la luz.

Están los mensajes de burla a través de unos vídeos de Youtube.

Están las notas de la agenda escolar en las que Laura pide cita con los profesores para hablar de lo que estaba sucediendo.

Están las amenazas por el teléfono móvil.

Están los papelitos doblados que recibía.

Está la manera en que a Ilan se le representaba aquel colegio cuyo nombre no se puede revelar: "Dibujaba el colegio como si fuese una cárcel con sus rejas. Todo muy negativo".

Hasta la fecha, la instrucción del caso lleva recabados siete testimonios de otros tantos testigos que hablan del infierno de Ilan.

Su historia está dentro del documental titulado Dolor impune, dirigida por Gabriel Chicano, que compitió en los Premios Goya 2024. En la grabación, se ve a Laura muy joven, embarazadísima de su primer hijo y sonriente. Su voz en off: "El parto de Ilan fue buenísimo...". También aparece mucho después. Diciendo entre lágrimas: "Esto no ha sido un accidente. A mí hijo me lo han matado. Lo han estado abordando durante seis años y lo han destruido".

(...)

Ilan, con uno de sus hermanos.
Ilan, con uno de sus hermanos.

José Manuel López sabe de lo que habla Laura porque su hija Kira se quitó la vida con 15 años en Barcelona en 2021, tras un detallado periplo de acoso escolar.

"Kira llegaba con marcas moradas en la espalda", nos contó entonces. "Un día fue amenazada con ser tirada por las escaleras". "Decía que había un niño que le cortaba el pelo". "La profesora lo negaba todo, decían que Kira era un disco rayado y se burlaban de ella".

Hoy preside Trencats, Asociacion Contra la Violencias en las Escuelas. No solo conoce el caso de Ilan, sino que han hecho bandera de él.

"Hemos llevado su caso un par de veces al Congreso reivindicando una ley integral. Porque durante el mandato de la ministra Pilar Alegría [ya ex ministra de Educación] ha habido al menos ocho suicidios infantojuveniles en los colegios e institutos de este país y eso no puede ser", señala. "Queríamos mirarla a los ojos y que nos dijera por qué no se ha hecho nada".

"Con la muerte de Ilan hubo cierto hermetismo. A Laura ni la escucharon", prosigue. "Su caso es uno más donde las autoridades no miran ni en la escuela ni en lo que pasa durante las extraescolares, donde no se buscan responsables... Porque algo está claro: un niño no es un señor de 80 años con una enfermedad terminal que quiere dejar de tener dolor".

En casa de Ilan, Laura cuenta que el hijo muerto está presente con toda la normalidad de la que son capaces: se habla de él, sus dos hermanos ya no lloran, mejor así.

Lo que no es óbice para que una madre rompa el silencio.

"Solo espero que se haga justicia. Que esos docentes no estén con niños. Que a a esos niños les hagan ver que han destruido a una persona y a una familia".