HISTORIAS
Gary Stevenson

El obrero que se hizo multimillonario en las finanzas y ahora quiere evitar la muerte de la clase media: "Gané una fortuna apostando a que nuestra sociedad iba a colapsar"

Nacido de una familia muy humilde, este economista triunfó en un banco moviendo millones. Conoció el éxito, la codicia y la depresión. Hoy esta estrella de internet nos recibe en Londres para hablar de su biografía y de su gran objetivo: salvar a la clase media del colapso

Gary Stevenson, durante su visita a Madrid en 2024.
Gary Stevenson, durante su visita a Madrid en 2024.
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Desde la terraza de la cafetería en la que nos recibe Gary Stevenson se ven los rascacielos de Canary Wharf, el distrito financiero de Londres levantado sobre una península que se forma por la curvatura en forma de U del río Támesis. Señala con el dedo uno de los edificios más imponentes del complejo, una mole de hierro y vidrio de 42 plantas, que fue durante años su lugar de trabajo. En una de esas ventanas se hizo millonario. Y justo allí estuvo también a punto de perder la cordura.

En 2011, su año de mayor gloria, hizo ganar a Citibank 35 millones de dólares en sus operaciones como vendedor y comprador de activos financieros. Su bonus alcanzó los 2,5 millones. "Al principio me incomodaba esta vista, pero me fui reconciliando con ella a medida que escribía mi libro", dice Stevenson, de 39 años. "Ahora estoy orgulloso de lo que logré allí: convertirme en el mejor trader en uno de los bancos más grandes del mundo".

Gary Stevenson (Londres, 1986) es una estrella mediática por muchas razones. La principal es una historia personal que resulta irresistible: chico de clase obrera que se hace millonario como trader en un banco y que, tras una crisis personal, inicia una cruzada para eliminar las diferencias siderales entre ricos y pobres.

Sin embargo, hay algo más que explica su éxito. Destaca el lenguaje que emplea cuando habla de economía: fresco, lenguaraz y alejado de todo tecnicismo. Y, también, su versatilidad para acceder a distintos públicos a través de distintos formatos. Su canal de YouTube -Garys Economics- ha logrado acumular un millón y medio de suscriptores en menos de cinco años. Más reciente es su libro de memorias precoces, publicado el año pasado, en el que cuenta cómo ascendió a ese rascacielos de Canary Wharf que ahora contempla para quemarse en la hoguera de las vanidades de las grandes finanzas. Tras alcanzar el número uno de ventas en Reino Unido, se publicó en España con el títuloEl juego del dinero (Ed. Península).

"Estamos cargándonos la clase media, los precios suben y suben y los ricos pueden comprarlo todo", denuncia Stevenson. "Si no hacemos algo, volveremos a ser tan pobres como lo fueron nuestros ancestros. Defiendo que a los ricos se les grave con más impuestos, pero no para hacer más rico al Estado, sino para frenar la desigualdad que cada vez se hace más grande", alerta antes de lanzar un mensaje apocalíptico: "Todo va a ir a peor".

Para saber más

Decíamos que Stevenson es un famoso azote de los especuladores y de la desigualdad. Visionario para unos, demagogo para otros, no es ni mucho menos el primero en pedir una redistribución de la riqueza. Pero sí es el único que lo hace con un conocimiento real de cómo funciona el mercado de los tiburones financieros.

También su éxito como trader se forjó en su capacidad para ir a la contra, en este caso del criterio de la mayoría de sus compañeros analistas. Cuando Stevenson trabajaba en Citibank en pleno estallido de la crisis financiera de 2008, apostó a que la economía no iba a recuperarse en varios años y que, por tanto, tampoco subirían los tipos de interés. Se dio cuenta de que el ciclo económico que se abría beneficiaría sólo a unos pocos y se produciría una mayor concentración de riqueza. Spoiler: acertó.

Gary Stevenson nació en plena era Thatcher en Ilford, un humilde barrio ubicado al este de Londres. Hijo de un empleado inglés de Correos y de una inmigrante de origen italiano con firmes creencias religiosas, de niño contemplaba a lo lejos las grúas que estaban levantando el complejo financiero de Canary Wharf cuando jugaba al fútbol en la calle.

Aprendió desde muy joven cómo funcionaba el dinero. A los 12 años ya vendía caramelos en la escuela a un penique la unidad; a los 14 trabajaba como repartidor de periódicos "364 días al año" por 13 libras a la semana; a los 16 le pillaron vendiendo marihuana. "Si en lugar de expulsarme del instituto me hubieran denunciado a la Policía, mi vida habría sido completamente distinta: habría acabado de traficante y, quizá, entrado en prisión", reconoce.

Después del susto, se centró en los estudios y fue admitido en un colegio público "para gente lista" por su alto coeficiente intelectual. Mientras tanto, se sacaba algo de dinero en una empresa de sofás vendiendo almohadas. Se le daban muy bien los números, así que obtuvo una beca en la London School of Economics, una de las universidades más prestigiosas del país, en la que estudió Matemáticas y Economía. "Me vi en un ambiente rodeado de muchos pijos que no me parecieron demasiado inteligentes", dice Stevenson.

En su último curso se presentó a una prueba durísima organizada por Citibank. El premio final era una pasantía en el lucrativo mundo de la compraventa de activos financieros. El día que recibió la noticia de que había sido el ganador, se emborrachó con sus amigos. No dejó de gritar una frase a medida que caían las cervezas: "¡Voy a ser millonario!".

Gary Stevenson dijo la verdad.

El fin de semana anterior a su entrada en el banco, uno de sus futuros colegas se lo llevó de fiesta a Los Ángeles y Las Vegas. "A uno de los traders de allí empezó a sangrarle la nariz en una limusina de camino al cumpleaños de Carmen Electra y yo pensé que quizá era por la altura o algo parecido, así que le ofrecí un pañuelo. No lo cogió. Yo llevaba un chaleco gris de H&M que costaba 20 libras".

Al día siguiente, ese chaval resacoso, con su traje barato comprado en rebajas y la cabeza rapada, se convertía en el trader más joven de Londres, una de las capitales financieras del mundo.

Pocos años después, a los 26, ya era millonario. Sus compañeros le resultaban tan fascinantes como extraños. Algunos eran amables, otros unos auténticos psicópatas. El mundo exterior había dejado de importar, daba igual que se rescataran bancos y miles de empleados del sector fueran despedidos, lo único que importaba en esa oficina era la fluctuación de valores de las pantallas de ordenador, que seguían con un lenguaje de términos tan marcianos como swap, stokkie y la PnL (algo así como el reflejo de las ganancias y pérdidas de una posición financiera).

Prueba de la deshumanización de su trabajo es cómo le contaron a Stevenson que un empleado del banco se había tirado por una ventana de la planta 20 del edificio. Con frialdad. Como si ese suceso no fuera nada extraordinario.

La presión que vivió era similar a la de un submarinista que entra en una sala de descompresión. El deseo de ser siempre el número uno. Celos. Insomnio. Codicia. Fue el precio a pagar por Stevenson cuando empezó a destacar. "Era millonario, tenía una novia guapísima y también era infeliz", dice.

De repente, su cuerpo entró en descomposición -su peso mínimo fue de 45 kilos- y su mente se perdió en la cueva de la depresión. Se retiró a los 27 años. No sin antes afrontar una durísima lucha con el departamento de Recursos Humanos del banco para que le dejaran irse sin perder sus primas.

A pesar de su traumático final, Stevenson no se ha enemistado con el mercado. Al contrario. Sigue operando como particular. Dice que el año pasado ganó más con sus inversiones que con las ventas colosales de su libro o los réditos de YouTube. "No soy comunista", deja claro. "Lo que soy es un economista muy bueno que ganó millones de euros porque apostó que la sociedad que conocemos iba a colapsar".

Su popularidad es innegable. A lo largo de la hora larga de entrevista se le acercan varios jóvenes para pedirle una foto. Él acepta. Cuando posa en sus ojos azules se detecta una mezcla de orgullo, pero también de cierta resignación. Uno de los admiradores es un húngaro que estudia un máster en Londres, otro es una inglesa que le anima a seguir peleando contra el sistema como si fuera un campeón de la UFC.

Para Stevenson, los gobiernos necesitan una especie de chute de esteroides de autoestima y medios que les permitan recuperarse para compensar los desajustes de la sociedad actual. "Si entras en una pelea y no llevas armas, vas a perder seguro", dice. "Ya no hay estados fuertes con industria e infraestructuras propias. No son dueños de nada. Un Estado débil que no sube los impuestos a los ricos es impotente. Así la democracia se convierte en una especie de Factor X en el que puedes votar a quien quieras, pero asumiendo que el que gane estará atado de pies y manos... La gran batalla de ideas se está dando en toda Europa y EEUU, y la izquierda la está perdiendo con claridad".

Cuando se le dice a Stevenson que los impuestos excesivos a los ricos provocan una fuga de capitales, él lo niega con la cabeza. Pone incluso en duda las cifras publicadas en prensa que apuntan a que, en 2025, el Reino Unido se convertirá en el país con la mayor pérdida de millonarios del mundo. Según el último informe de Henley & Partners y New World Wealth, 16.500 ricos se van a marchar de la isla llevándose consigo 92.000 millones de dólares.

"En esta información que menciona no se tienen en cuenta las sanciones a Rusia que hacen que muchos oligarcas se hayan marchado, además de los efectos del Brexit y el deterioro de los servicios", insiste. "Nada demuestra que tenga que ver con los impuestos, que además respecto a las grandes fortunas aquí son más bajos que en otros lugares".

Con su gorro, sudadera con capucha y pantalones de color negro, Stevenson es una combinación de Owen Jones, el primer autor que advirtió de la demonización de la clase trabajadora inglesa, y Thomas Picketty, el gran economista francés especializado en desigualdad económica, pero concebido para la era digital, con la capacidad de seducción macarra y divertida del que se ha hecho rico desde abajo con su inteligencia, y no a través de sus contactos, en una sociedad aún tan clasista como la inglesa.

Cada vídeo que cuelga cada semana se acerca al millón de visitas, y todo su material en YouTube supera los 150 millones de visualizaciones. En su gira de conferencias de hace unos meses, Stevenson llenó teatros en todas las ciudades británicas que visitó. Se autoproclama como la única respuesta económica de éxito con postulados progresistas en las redes, en un dominio en el que la derecha cuenta con muchos más influencers. "El centro y la izquierda todavía no se han enterado de que la batalla de las ideas está en internet", dice.

Stevenson teme que muy pronto la extrema derecha de su país tenga un primer ministro. A pesar de su desconfianza nata, no considera que los políticos hayan traicionado el contrato social con la ciudadanía. "Son demasiado idiotas para hacerlo a propósito, la política de hoy yo la veo como una mezcla de idiotez, presión y codicia. Mi cruzada se centra más contra los economistas que les asesoran para convencerles de que es posible mejorar el nivel de vida de la población, de lograr el crecimiento económico, sin que se toque un pelo a los ricos".

"La política de hoy yo la veo como una mezcla de idiotez, presión y codicia"

Gary Stevenson

Considera que entre los asesores de los políticos no hay ningún primer espada. "He sido el mejor estudiante del London School of Economics, uno de los mejores en Oxford, uno de los mejores traders del mundo", presume. "Gano dinero porque entiendo las razones por las que fracasa la izquierda en mi país. Tengo claro que todos los economistas buenos trabajan en el mundo financiero, mientras que las decisiones económicas las toman relaciones públicas que no saben nada de mi campo. De todos los economistas listos quizá yo sea el único lo suficientemente estúpido para decirle a los políticos: ‘Oigan, su sociedad se va a derrumbar’".

Para él la clave es que los políticos no pagan por sus errores. No se rigen por los crueles mandamientos de los traders del mercado: si no aciertas, estás despedido. "No sé en España, pero te voy a poner un ejemplo de mi país: David Cameron se cargó el estado de bienestar siendo primer ministro, convocó el referéndum del Brexit, que perdió. ¿Y sabes lo que hace ahora? Ganar 10 millones de libras al año en el sector privado. Otro caso al otro lado del espectro político: Tony Blair salió del poder y hoy es multimillonario. Lo que quiero decir es que los políticos no se juegan nada, nadie les castiga cuando se equivocan".

No se sabe si Gary Stevenson dará el salto a la política -reconoce que no se ve más allá que como asesor del partido Laborista- ni cuál será su papel en una era en la que los líderes políticos surgen tras protagonizar un reality o de hacer humor en televisión. Pero sí que tiene ganas de liarla: lo deja claro en la página de agradecimientos de El juego del dinero.

"Por último quiero darle las gracias a Dios, o a quien fuera que hiciera tan fácil apostar por cosas terribles y tan difícil detenerlas. Si no fuera por ti, probablemente estaría en una playa en algún lugar quemándome al sol y volviéndome loco de aburrimiento".