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Este verano, el primer ministro británico ha intentado agitar el tablero político con una iniciativa rompedora: en las próximas elecciones, previstas para 2029, la edad de voto bajará hasta los 16 años. El líder laborista vende su iniciativa como «un momento histórico para la democracia» en un tiempo de creciente desafección ciudadana. Mientras, sus detractores la ven como un intento desesperado por rascar unos miles de votos, tras el hundimiento de su apoyo en las encuestas tras apenas un año en el poder.
En todo caso, la medida de Keir Starmer va dirigida a atajar un creciente malestar en las principales democracias occidentales: los jóvenes se sienten infrarrepresentados en un electorado cada vez más envejecido. Y no hay mejor ejemplo que la votación más decisiva del Reino Unido en las últimas décadas: el referéndum del Brexit. Según un recuento de la empresa demoscópica YouGov, dos tercios de los menores de 24 años (64%) votaron para permanecer en la Unión Europea, mientras que un porcentaje similar de los mayores de 65 años (un 60%) apoyaban la salida.
Es decir, que una elección que marcará el futuro del Reino Unido durante décadas y décadas se tomó en contra del criterio de quienes vivirán -y, probablemente, sufrirán- sus consecuencias durante un mayor plazo de tiempo. Sólo un dato: en los seis meses siguientes al referéndum fallecieron 120.000 británicos mayores de 65 años, un grupo cuyo voto resultó crucial para decantar la votación.
Ahora, el eco llegado desde Londres resucita un debate que aparece y desaparece de la agenda de los partidos españoles como un Guadiana político. Sumar es su principal defensor: la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha apoyado públicamente rebajar la edad electoral. Además, por primera vez, el PSOE de Pedro Sánchez da síntomas de querer dar este paso.
Lo que sucede es que, ahora, los efectos de la rebaja electoral podrían ser contraintuitivos: lejos de impulsar a sus grandes promotores, que tradicionalmente vienen de la izquierda, los grandes beneficiados serían los partidos de la derecha populista, con cada vez más predicamento entre los jóvenes.
Vox es hoy el partido predilecto de los jóvenes españoles con un 25% de intención de voto, según el barómetro del CIS de julio. Este apoyo lo ratifica el último Panel de Sigma DOS sobre Cataluña realizado para EL MUNDO: más de un 14% de los votantes de entre 18 y 29 años tiene la intención de votar a Vox (8,3%) o a Aliança Catalana (5,8%), el partido nacionalista ultra de Sílvia Orriols.
La suma de estos grupos supera con creces, por ejemplo, a la de los Comuns y la CUP. Este resultado expone con claridad que la inercia contestataria de la juventud la capitalizan hoy mejor las opciones de la derecha radical que las de la izquierda homóloga.
«Vivimos en un tiempo en el que hay una escisión mucho más clara por edad que antes», dice Ernesto Pascual, profesor de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «Basta echar un vistazo a los dos grandes partidos, PP y PSOE, que ahora sustentan su voto en las poblaciones que superan los 50 años».
La iniciativa de rebajar la edad electoral a los 16 años introduciría en el juego electoral algo más de un millón de papeletas, que serían las personas añadidas al censo. El artículo 12 de la Constitución establece que los españoles son mayores de edad a los 18 años, pero la Carta Magna no regula la edad mínima para poder votar en unas elecciones. Es la Ley Electoral General la que hace coincidir el derecho de sufragio activo con la mayoría de edad, pero una reforma legislativa podría cambiarlo.
"Vivimos en un tiempo en el que hay una escisión mucho más clara por edad que antes"
Lo cierto es que este fenómeno que vira hacia la derecha no ha sido todavía metabolizado en el curso político que comienza. Habrá que ver cuándo se impone la estrategia sobre el ideario. Durante años, Vox se había mostrado en contra, al igual que el Partido Popular, de reducir la edad del voto. ¿Qué sucederá si la reforma avanza? Pese a los reiterados intentos de este diario, el partido no ofrece una postura oficial sobre el tema.
Sin embargo, sí da pistas. Santiago Abascal, líder de la formación, ha remarcado en sus discursos el cambio sociológico que se está viviendo. «Ya no se habla de una cosa de la que antes se hablaba en España para incorporar votantes para la izquierda, que era bajar la edad de votación de los 18 a los 16 años», dijo en el canal de pódcast Bipartidismo Stream. «Era una bandera de la izquierda y ya no, porque votarían a Vox».
Los partidos se mueven en silencio. El PSOE, que tiene buenas cifras de voto entre los jóvenes, ha visto caer, según el CIS, sus expectativas tras los últimos escándalos de corrupción. Una tendencia que sin duda perjudica a su estrategia en las próximas citas electorales. El año pasado -y por primera vez en la historia-- los socialistas dieron muestras de aceptar la reducción de la edad del voto. En el 41º Congreso Federal, a instancias de las Juventudes Socialistas, el partido propuso una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. El PSOE parece dispuesto a apoyarlo pero, como ha declarado, de hacerlo sería de forma «gradual».
A esto hay que sumar el apoyo de otros partidos, manifestado sin apoyo ni entusiasmo suficiente para cambiar las normas. En 2016 lo intentó ERC con una proposición no de ley, en 2019 fue Unidas Podemos quien lo introdujo en su programa electoral, mientras que en la actualidad su gran defensor es Sumar.
Por eso resulta interesante encontrar a sus más entusiastas seguidores. El búnker político del voto a partir de los 16 tiene una dirección concreta, calle Marqués del Riscal, 16, Madrid. Allí se levanta la sede del Ministerio de Juventud e Infancia, donde la ministra Sira Rego se ha convertido en la principal defensora de una medida que quiere plasmar con un cuerpo legal. Fuentes del Ministerio así lo reconocen a EL MUNDO: «Será incluida dentro del borrador, que se está finiquitando ahora, del anteproyecto de la próxima Ley de Juventud».
Quedan aún varios meses para que el texto sea discutido en la arena parlamentaria, pero el Gobierno reconoce sin tapujos su propósito. ¿Contará esta ley con el apoyo de Vox? ¿Se echará atrás el PSOE si los jóvenes abandonan a Pedro Sánchez? Y lo que es más importante a largo plazo: ¿una juventud derechizada es algo coyuntural o una tendencia que se mantendrá en el futuro?
«Los jóvenes suelen posicionarse, por encima de otras franjas de edad, en posiciones ideológicamente más extremas. Y trayéndolo a la actualidad española, lo que se percibe como más revolucionario es ser de extrema derecha», dice el politólogo Hugo Pereira, que encuentra dos posibles explicaciones a este comportamiento. «El desgaste que le ocasiona a una opción política el estar en el Gobierno y también el populismo, entendido tanto en su dimensión retórica como de contenido político. Esto es, en la presunta lucha del pueblo contra la élite que dicen representar, que ha adquirido Vox».
Pereira añade un factor que hace mucho daño al bipartidismo a la hora de captar el voto joven. «A nivel de nueva comunicación política, hay que subrayar el buen manejo de las redes sociales, el medio por excelencia de los jóvenes, que ejecutan los partidos de extremos, tanto de izquierda como de derecha».
La discusión española en otros países avanza rápido, aunque para sus defensores es un auge todavía descafeinado. Dentro de Europa, en Austria, Bélgica, Alemania, Grecia y Malta se permite votar a partir de los 16 años, pero con matices. Por ejemplo, a los jóvenes belgas sólo se les permite participar en las elecciones europeas previa inscripción, mientras que austríacos y malteses pueden expresar sus preferencias sin límites. Alemania también lo limita a las elecciones al Parlamento europeo y a la legislación particular de sus estados. A los griegos se les dio paso siempre que fueran a cumplir los 17 años en 2024.
«Quienes defienden intelectualmente el debate lo hacen por varias razones», dice Pascual. «La primera es combatir la desafección política y la segunda es nivelar que muchas de las decisiones que toma una población envejecida recaen sobre otras generaciones». Esto sucede en Japón, donde se discute si debería haber un voto juvenil que sea ponderado para equilibrar el poder entre las distintas generaciones.
Fuera del marco europeo, en Brasil, Argentina y Ecuador también es posible. Como anécdota basta decir que incluso países con pulsiones democráticas indetectables se han apuntado a esta tendencia: en Corea del Norte y Cuba se permite votar a partir de los 17 y los 16 años, respectivamente.
Una novedad no tan novedosa
Este debate se ha abordado en países muy diferentes. Estas son las iniciativas más peculiares.
- PIONEROS. El primer antecedente histórico del voto a los 16 años tuvo lugar en la República Sudafricana en 1890. Esta ley promulgada por el parlamento (Volksraad) establecía que «para ser votante debe alcanzarse la edad de 16 años».
- REINO UNIDO. El anuncio en julio del Gobierno del Reino Unido de impulsar los trámites parlamentarios necesarios para reducir la edad legal de votar a los 16 años en las próximas elecciones parlamentarias, previstas para 2029, era un compromiso electoral del Partido Laborista. Su precedente más directo era Escocia, donde se autorizó el voto a partir de esta edad en el referéndum de independencia celebrado en 2014 y en las elecciones posteriores.
- SUPERCAMPEÓN A LOS 16. Si hay un país en el que esta medida ha tenida más impacto, ése es Austria. Desde 2007 es el primer país europeo en permitir votar a los 16 en cualquier tipo de elecciones. Los estudios demoscópicos realizados en este país acerca del modelo muestran que los jóvenes de 16 y 17 años votan más que los de 18 a 21, lo hacen de forma razonada y con tasas de participación comparables a adultos mayores. El gobierno de Viena ha realizado una reforma educativa introduciendo la formación política desde los 14 años.



