No es la bebida más deliciosa del mundo, pero entra muy bien en verano, especialmente si está uno incrustado en las fiestas del pueblo, asado de calor y con ganas de jolgorio. Tal pueblo no ha de ser necesariamente vasco porque, al contrario que el rebujito, el kalimotxo -que cumplió recientemente medio siglo- ha conseguido expandirse en muchas comunidades: Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón... Y parte del extranjero, pero no nos adelantemos.
La fecha oficialmente considerada como el nacimiento de esta bebida -1972, en las fiestas de San Nicolás del Puerto Viejo de Algorta (Vizcaya)- no es, sin embargo, la fecha de su creación. El fenómeno arranca con la llegada a España de las primeras fábricas de Coca-Cola en la década de los 50, aunque hay referencias a la mezcla ya en la década de los 20, cuando encontrar la bebida norteamericana en España era muy difícil.
En 1956 se inaugura la de Galdakao, en Vizcaya, y comienza a popularizarse un brebaje compuesto de rioja y el refresco -la ortodoxia dice que siempre ha de ir a partes iguales, mitad de uno y mitad de otro- al que se le otorgan distintos y curiosos nombres: Riojalibre, Tincola, Cubalibre del obrero, Cubalibre del pobre... Es decir, la mezcla como bebida ya existía en 1972 pero, aquel agosto, en las fiestas del Puerto Viejo de Algorta, la cuadrilla encargada del bar que nutriría a los asistentes se encontró con que la partida de vino comprada no había venido buena.

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"Llegaron 2.000 litros de vino cosechero, directamente de La Rioja, al precio de 16.50 pesetas. (...) Al mediodía aparecieron los primeros txikiteros. Nos pidieron unos vinos, los servimos y sorprendidos veíamos que casi no lo bebían, pagaban y se iban. (...) Uno de ellos, más extrovertido, nos espetó que a ver si le queríamos envenenar, manifestándonos que el vino estaba picado". Así se narra el principio de esta historia en el libro El invento del kalimotxo y otras anécdotas de las fiestas, editado en 2001 por la cuadrilla a la que se debe el término: Antzarrak.
Formada por 25 personas de entre 16 y 19 años -la mayoría de 18-, Antzarrak había aceptado ocuparse de la gestión del bar después de que los organizadores del año anterior les dijeran "que estaban trabajando, no tenían tiempo para hacerlo y, si nadie lo hacía, las fiestas desaparecerían". Aún en dictadura, los festejos "concitaron el apoyo, la adhesión y hasta la complicidad de muchas personas" y los mozos enseguida comprendieron que, sin vino que vender, iba a ser imposible financiar el resto de actividades que, desde entonces hasta ahora, componen el programa de fiestas. Desde la sokamuturra -la suelta de una vaca o toro en la plaza atado a una cuerda y sujetado por esta- hasta las alzadas de (antaño) gansos, como en Lekeitio, y ahora pelotas, a las que los jóvenes se agarran y han de aguantar mientras se les sube y se les mete en el mar a puro pulso. De ahí que no puedan pasar de los 70 kilos, antes 65.
"El sábado 12 de agosto de 1972, a las cinco de la tarde, fue concebido el nombre", continúa el libro de Antzarrak. Los txikiteros se apiadaron de los jovenzuelos y decidieron ayudarlos. "Rompieron su costumbre circulatoria de ronda de poteo y alguno fue al bar Arrantzale a comprar varias botellas de vino para que pudieran beber mientras se producía el debate. Otros nos acompañaron al almacén volviendo desolados tras el muestreo efectuado. Habían concluido que todo el vino estaba picado. Uno, médico, confirmó que no era malo para la salud, sino simplemente imbebible. Otros, más positivos, sugirieron que con alguna mezcla quizá no se notara el mal sabor. Así nace el kalimotxo".
Probaron varias, realizaron catas y los txikiteros confirmaron que "con Coca-Cola no se notaba". "La mayoría, por razones estrictamente culturales, aborrecía este refresco. Alguno, con gran autoridad, comentó que la mezcla no era ninguna novedad y que se llamaba Riojalibre, aclarando que era una bebida muy minoritaria y particularmente 'de agentes de cambio y bolsa'".
Dos horas más tarde, con 30 txikiteros apoyando aún a los jóvenes, un optimista dijo que "si se creaba un nombre de fantasía y se conseguía que no se conociera la composición, quizá se pudieran vender todas las existencias de vino picado y así salvar las fiestas". Dos se encargaron de la Coca-Cola, seis de la logística y el resto de parir el nombre de fantasía.
Los de la logística consiguieron una enorme bañera donde hacer la mezcla, que bajaron desde lo alto de Algorta hasta el Puerto Viejo. "Los que buscaban el nombre llevaban más de dos horas diciendo bobadas sin encontrar ninguna palabra impactante". Hasta que apareció un chico de Erandio al que conocían por el apodo de Kalimero: "Mecánicamente y bastante aburridos por el esfuerzo ya realizado, empezaron a conjugar su nombre. Uno indicó que la persona en cuestión era bastante fea y otro dijo que en euskera feo se decía motxo. (...) Surgió una palabra sin significado que, reiteradamente repetida, gustaba. Ya estaban resueltos dos problemas, pero no había noticias de la Coca-Cola".
"En realidad fueron 4.000 litros los que compramos, pero decidimos mezclar 2.000. Con las ventas que consiguiéramos teníamos que pagarlos aún. Lo mezclamos primero con refresco de naranja pero a la gente no le gustó. Lo metimos en botellas, no en vasos, como ahora. Y sabemos a ciencia cierta que una marca muy conocida de refresco registró el nombre", relata ahora Jon Elgorriaga, miembro de aquella cuadrilla Antzarrak que se sigue juntando, más de medio siglo más tarde, para disfrutar de las fiestas del Puerto Viejo, así como de la Semana Grande de Bilbao, que también acaba de celebrarse.
"Ya poca cosa", admite. Dice que ahora se dedica a sus tres nietos, que lleva orgulloso en su foto de perfil de WhatsApp, "y a hacer ensaladilla y anchoas". "Nosotros seguimos siendo cuadrilla, ahora nos reunimos unos 20, pero ya no participamos en las actividades, vamos al txoko y hacemos ahí el marmitako. El otro día fuimos a las fiestas de Bilbao, y el sábado volveremos a ir, ya con la señora", cuenta.
En el libro sobre el asunto también destacan la apropiación del término: "Sabemos que años más tarde fue registrado por una conocida marca de refrescos para su uso mundial, por lo que la propiedad jurídica del mismo les pertenece, por usurpación, totalmente legal, aunque no autorizada por nosotros". Esta Semana Grande, 13 txosnas [casetas] de un total de 37 se negaron a usar tal marca para hacer el kalimotxo en solidaridad con Palestina.
También en el libro se desvelan otros datos que podrían dar alas a la teoría navarra, minoritaria, que afirma que el kalimotxo se inventó en San Fermín. Los de Antzarrak escriben: "Una vez aceptamos esta propuesta, decidimos ir a San Fermín para aprender de las fiestas accesibles más conocidas y universales. Pedimos permiso en nuestras casas, y tras superar las reticencias iniciales, nos desplazamos en autobús, con poco dinero y sin otros medios que la mochila y una pequeña e insuficiente tienda de campaña. Sobrevivimos ocho días, a base de bocadillos de chorizo de Pamplona, que odiamos después durante bastantes años, durmiendo cuando y donde podíamos, y manteniendo un nivel mínimo de higiene con baños diarios matinales en el río Arga".
Descubrieron los encierros, conocieron gente de todas las latitudes y, una mañana, realizaron una pequeña aportación: "Pintamos con tizas una inmensa pista para jugar a iturris [chapas] en toda la plaza del Castillo, y cuando nosotros acabamos nuestro juego, dejamos a muchos extranjeros haciendo sus recorridos individuales a gatas por la plaza, mientras los más cultos de entre ellos debatían en qué pasaje de sus relatos el escritor Hemingway había descrito tan extraño juego. Con ello descubrimos que cualquier chorrada resulta atractiva, cuando no hay ni dinero ni nada que hacer".
Pero algunos en Navarra no perdonan. Habla uno de Pamplona: "Qué casualidad que tras su paso por San Fermín, justo después, una cuadrilla de Algorta inventara el kalimotxo. Suena a benchmarking". Sin embargo, el catedrático de Informática de la Universidad de Zaragoza Eduardo Mena, creador de la primera página web sobre el kalimotxo, se adhiere a la versión oficial, lo mismo que la IA de Google, que dice que "el kalimotxo es un símbolo de las fiestas de Bilbao y de la cultura juvenil del País Vasco en general".
Mena, que acaba de estar en Aste Nagusia [Semana grande, en euskera], se queja de que "hay muchos bares que no saben poner el kalimotxo como es debido" y reclama un regreso a la mezcla primigenia, que sería la siguiente: "En general, el kalimotxo se compone de vino tinto y Coca-Cola, a partes iguales, pero, como en todo, los detalles también son importantes. Es muy importante que el vino utilizado no sea de buena calidad, para que su sabor no sea muy marcado, así que olvida los Rioja y similares. Para hacer un buen kalimotxo lo más recomendable es algún vino barato de los que se venden en brik. Cuidado, si el vino es demasiado barato puede tener un sabor demasiado fuerte y arruinarte el kalimotxo".
A pesar de que se podrían utilizar otros refrescos de cola, Mena recomienda usar Coca-Cola de la de toda la vida: "Ni light ni leches. La que mejor resultado da es la de botella de litro y medio. Es aconsejable servir el kalimotxo con unos cubitos de hielo, especialmente cuando el vino y la Coca-Cola no están muy fríos. Media rodaja de limón complementa muy bien el kalimotxo, aunque esto depende del gusto. Es importante que no sepa mucho a limón".
"Muchos bares no saben hacer la mezcla como es debido"
Desde la cuadrilla Portu Zaharra de hoy en día, afirman que "el kalimotxo y las fiestas estarán siempre unidos gracias a Antzarrak". "Cerveza y kalimotxo es lo que más se consume, en fiestas y en verano. En 2022, les hicimos un homenaje al cumplirse 50 años de esta bonita historia que se transmite a las siguientes generaciones", amplían.
El Puerto Viejo de Algorta es pequeño y muy bonito. En sus fiestas, 61 cuadrillas compiten en distintas gestas: La Bajada, la sokamuturra, las alzadas, una actuación y un concurso de marmitako. Y, por épocas, también "regatas, pruebas de natación, rallye humorístico, partidos de futbito en la playa con vaquillas. "Nosotros inventamos hace 35 años este concurso, pero no nos olvidemos de las cucañas horizontales, también muy queridas. El día del marmitako se celebra también el día del pijama porque el primer año de concurso había que ir a coger sitio y muchos fueron de tal guisa", prosiguen desde Portu Zaharra.
Junto al kalimotxo, quizá el mayor clásico sean las alzadas. Este año el ganador es de la cuadrilla Nitxis, se llama Asier Arketa, tiene 22 años y tuvo que estar a dieta los días previos porque pesaba más de 70 kilos, el límite para poder ser zarandeado por los aires mientras se aguanta el tipo en las entradas y salidas del mar. "Era la segunda vez que participaba. ¿Entrenar? No, no, no he entrenado nada, pero he comido muy poco y sin aceite ni nada hasta el día de gansos".
Arketa hizo 37 alzadas, una más que el récord hasta el momento. Tras la victoria, se tomó un kalimotxo.



