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La gran estafa del amor por el trabajo: "Es una idea falsa"

En el mundo moderno, el empleo ha pasado de ser una forma de ganarse la vida a la clave para realizarnos como personas. ¿O no? Cada vez más expertos cuestionan esta forma de vida. "Enamorarnos del trabajo es la última gran trampa del capitalismo", dice la escritora Sarah Jaffe

La gran estafa del amor por el trabajo: "Es una idea falsa"
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Tal vez haya llegado hasta este artículo después de horas de trabajo tedioso, buscando evadirse durante unos minutos con cualquier cosa en internet. Tal vez esté ahora mismo ocultándose tras esa pantalla en la que se acumula la lista de correos sin contestar. Qué desesperación, pensará, mientras trata de ahuyentar la ansiedad que le genera volver a la hoja de cálculo. Así que por casualidad ha llegado al titular de este reportaje y le ha llamado la atención. Y habrá pensado que no pasa nada por perder un rato leyéndolo. Lo que sea antes de volver a levantar la cabeza y sonreír. Sonreír sin que se note que lo que se pregunta en el fondo es qué hace en este despacho teniendo que sonreír.

Pregúntese si lo que le pasa no es que se le ha roto el amor. El amor al trabajo, que se supone que no sólo iba a proporcionarle un sueldo, sino que iba a ayudarle en su realización personal, iba a darle un sentido a su vida e iba a hacer de usted una persona feliz y sonriente. Pregúntese dónde quedó el amor y alégrese de no haber acabado -de momento- como aquella becaria del zoo de Carolina del Norte: a la pobre la mató un león mientras trabajaba, pero su familia dijo que al menos que dejó feliz esta vida. "Murió haciendo lo que más le gustaba", explicaron.

Si usted también piensa que lo de morir en el trabajo y por el trabajo -sin perder la sonrisa- ya no tiene sentido, enhorabuena. Continúe leyendo y sabrá que no está solo. No se deje engañar por ese reel que le ha saltado en Instagram donde los trabajadores de una tienda de decoración online bailan mientras preparan los pedidos.

"El amor al trabajo es una estafa", sentencia Sarah Jaffe, la escritora y periodista estadounidense que publica ahora en España Trabajar. Un amor no correspondido (Capitán Swing), en una entrevista por Zoom. La tesis de su best seller es que "el mito del trabajo por amor se está resquebrajando". Dicho de otro modo: "Se ha demostrado que es falsa la idea de que si trabajas en lo que te gusta, en realidad no trabajarás".

Da igual si le apasiona lo que hace -o eso dice para autoconvencerse- y si su trabajo es vocacional. "Enamorarnos del trabajo es la última gran trampa del capitalismo", en palabras de Jaffe. Porque el amor es ciego y puede que no lo veamos, pero los sueldos llevan años estancados mientras el nivel de vida sube sin parar, una carrera universitaria ni siquiera garantiza ya un buen puesto, trabajamos más horas que nunca, estamos disponibles hasta para contestar al mensaje del jefe desde la cama y vamos galopando a lomos de crisis económicas que lo único que nos han traído son recortes y la soga de no saber cuándo será el siguiente despido. ¿Trabajar por amor, decían?

Jaffe acabó de escribir el libro justo antes de que estallase la pandemia, en febrero de 2020. "Cuando llegó el momento de editarlo, vivíamos en un mundo diferente", admite. Sin embargo, el coronavirus no hizo sino acelerar el desenamoramiento de la sociedad con el trabajo. "La pandemia nos recordó que puede que eligiésemos un trabajo porque verdaderamente nos gustaba, pero que en ese momento el trabajo era trabajo y había que hacerlo", insiste la autora estadounidense. "Estábamos siendo forzados a trabajar a pesar de estar enfermos o cuando necesitábamos hacer otra cosa. Con la pandemia vimos la cara oscura de nuestra historia de amor con el trabajo".

Para saber más

Su libro forma parte de un bum editorial con numerosos ensayos que tratan de desmontar que seguir tu vocación sea el camino más rápido hacia la felicidad. Todo lo contrario, según argumentan autores tan diversos como Cal Newport (Hazlo tan bien que no puedan ignorarte, Ed. Península), Scott Galloway (The algebra of wealth, sin traducir) Terri Trespicio (Deja ya de buscar tu ikigai, Diana) o Adam Grant (Potencial oculto, Deusto).

"Estamos ante un cambio de paradigma en el mundo laboral", confirma Jordi Serrano, socio fundador de Future for Work Institute, un observatorio sobre tendencias del trabajo. "Lo que está sucediendo es un giro hacia la economía de servicios, donde se premia la creatividad y las soft skills frente a las capacidades físicas que se valoraban más antes", afirma

Este fenómeno requiere por parte de los trabajadores "más compromiso o engagement", lo que implica rendir al máximo de sus capacidades. "Pero si antes la empresa garantizaba a cambio un trabajo de por vida, ya no, con lo que el pacto se rompe", explica este experto, para quien "el extremo son los trabajos freelance y las profesiones creativas, en las que han impactado de lleno las plataformas tecnológicas e incluso la inteligencia artificial generativa".

Nos dijeron que la creatividad nos salvaría de la automatización de nuestros trabajos y ni eso. "Son estos cambios sociales los que hacen que la gente cambie su actitud hacia el trabajo", señala Serrano, que apunta al "salto" que comenzaron a detectar los estudios postpandemia. "Por primera vez, lo que la gente más valoraba de sus carreras eran aspectos como la conciliación, por encima del sueldo o el reconocimiento profesional".

Es lo que Jaffe llama el desenamoramiento laboral. Y sus síntomas son cada vez más palpables: la Gran renuncia que provocó que millones de trabajadores estadounidenses dimitieran de sus puestos tras la pandemia; el triunfo de la filosofía del quiet quitting para hacer lo mínimo imprescindible en el trabajo en lugar de darlo todo hasta la extenuación, o la quiet ambition, la tendencia que abrazan supuestamente los jóvenes de la generación Z para priorizar su salud mental y no el ascenso en su carrera laboral, como cohortes anteriores.

Para Serrano, "no es tanto un tema generacional como del momento que estamos viviendo de cambio en el trabajo". Joan Sanchis, economista y autor del libro Cuatro días. Trabajar menos para vivir en un mundo mejor, cree sin embargo que son precisamente los entornos laborales dominados por los jóvenes los que están viendo transformarse sus estructuras. "Sectores como el tecnológico están teniendo dificultades para captar y retener talento", afirma.

En España, por ejemplo, los empleos sin cubrir marcaron cifras récord el año pasado, cuando las vacantes aumentaron un 44% respecto a antes de la pandemia, según un informe de la Fundación BBVA, que cifra en 8.000 millones el coste para el PIB. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) desvelan que en 2023 el número medio de vacantes fue de 148.212. Lo nunca visto.

"El capitalismo necesita controlar nuestros afectos, nuestra sexualidad y nuestros cuerpos para mantenernos separados", afirma Jaffe. "Su mejor truco ha sido convencernos de que nuestro gran amor es el trabajo". La paradoja es que ese amor es en realidad un fenómeno reciente: "La esperanza de que nos encante nuestro trabajo ni siquiera es tan antigua. Hubo un tiempo en el que se asumía que el trabajo era una mierda".

Al fin y al cabo, los ciudadanos libres en la Antigua Grecia despreciaban el trabajo y lo consideraban algo propio de los esclavos. "Durante muchos años, se esperaba que la gente trabajase porque no tenía otra opción", explica Jaffe. "Y seguimos sin tenerla, pero ahora con la presión añadida de que en el trabajo debemos encontrar algo que nos llene y nos satisfaga"

La periodista describe este paso de la "ética del trabajo industrial" a la actual "ética del amor al trabajo" como el cambio en el que dejamos de aspirar a la seguridad de un trabajo estable para buscar la realización personal. ¿Cómo nos han convencido para querer disfrutar del trabajo porque sí?

"La glorificación del trabajo es más reciente de lo que nos pensamos", coincide Sanchis, y discurre en paralelo al triunfo de la Revolución Industrial y la expansión del capitalismo. Pero explota sobre todo a partir de la década de los 80 con el crecimiento del consumo. "Los bienes como el coche pasan a ser un símbolo de estatus y de identidad, y es entonces cuando la gente necesita más recursos. Si antes el trabajo se concebía como un medio de subsistencia, ahora tiene que ser para algo más que para poder comer".

El trabajo pasó a ocupar el centro de nuestras vidas porque es la llave para ascender en la escala social, el lugar de socialización y, como apunta el sociólogo Liberto Carratalá, la vía para "desarrollar el ciclo vital". "Fuese como fuese antes el trabajo, te valía para empezar el ciclo de vida que te permitía independizarte, casarte, tener hijos...".

De ahí que Carratalá insista en que "el trabajo no ha perdido la centralidad en nuestras vidas". Pero ya no es lo que era. "Los jóvenes han visto el fracaso de la promesa según la cual si te esfuerzas en el trabajo, tendrás una vida mejor", resume Sanchis.

Es más, el desamor que están experimentando los jóvenes se traduce en la "idealización del trabajo de los influencers". "Ven este modo de ganarse la vida como una forma de obtener la libertad en el trabajo", explica Sanchis.

Todo lo contrario a la devoción por el trabajo de la que ya hablaba Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905), donde analizaba cómo el protestantismo extendió la creencia en el trabajo duro como una vocación y como una forma de demostrar lo buena persona que se era.

En un contexto donde la precariedad parece asomar por todas partes, "desarrollar una vocación y que eso te lleve a una actitud apasionada por el trabajo puede ser difícil", asume Carratalá. El sociólogo ve en esto el escenario perfecto para el triunfo de "la cultura del éxito inmediato y el pelotazo". Y la prueba son "esos influencers que hablan de trading en redes sociales dando lecciones de cómo ganar un millón de euros rápidamente". El nuevo objetivo vital es huir de todo aquello que pueda hacer que acabemos esclavizados en el despacho de una empresa.

Decía Jaffe que el idilio, al que ahora se le apaga la llama, empezó no hace tanto. En concreto, con la idealización del trabajo de las amas de casa: si el matrimonio es por amor, las tareas domésticas se hacen por amor (y sin cobrar). "Se asume que las mujeres cocinan y limpian la casa por amor, con lo que su trabajo no es en realidad trabajo", critica la autora. Esta es la idea que luego se traslada a ámbitos como un restaurante, un colegio o un hospital, y lo que hace que estos trabajos estén peor pagados porque se hacen supuestamente por amor".

Pero puntualiza que cuando la casa suburbana era sinónimo del éxito de la nueva clase media norteamericana a partir de los años 50, "las mujeres permanecían en realidad aisladas en sus hogares". La casa resultó ser un lugar de trabajo y hasta una prisión para muchas de ellas. El retrato encantador de aquella vida era más bien una farsa, como se encargaron de recordarnos Kate Winslet en Revolutionary Road o las Mujeres desesperadas de Wisteria Lane.

Esta mascarada es la que sirve para tentarnos con la idea de que el trabajo es como nuestra familia. ¿Cómo no vamos a darlo todo -incluso nuestro tiempo libre y parte del sueldo que nos correspondería- por esa empresa a la que nos sentimos fuertemente vinculados? Jaffe pone el ejemplo de los supermercados Walmart, una de las mayores cadenas que dejó el siglo XX y que triunfó justamente vendiéndose como una empresa familiar: "Hizo todo lo posible por generar un sentimiento de pertenencia entre sus trabajadores que compensara los bajos salarios".

Desdibujar las fronteras entre la vida personal y la profesional es lo que hoy hay detrás de esas oficinas cool que prometen a sus trabajadores un ambiente festivo, donde las reuniones se pueden hacer en torno a una pizza y donde cualquiera se puede relajar jugando al futbolín. Que alarguemos nuestra jornada de trabajo es lo de menos si lo pasamos bien: "Trabajar muchas horas acaba siendo una elección propia", censura Jaffe.

Hasta que algo se tuerce. Es difícil mantener la sonrisa si la nómina no da para llegar a final de mes. "Da igual cuánto ames tu trabajo", resume Jaffe, que conecta la nueva normalidad con el auge de los populismos. El Make America Great Again de Donald Trump cala entre parte del electorado porque "remite a ese tiempo en el que los trabajos eran seguros, los hombres eran hombres y las mujeres podían quedarse en casa cuidando de los hijos".

Como diría Rocío Jurado, se nos rompió el amor de tanto usarlo. El problema, que ya apuntaba el revolucionario Paul Lafargue con su obra El derecho a la pereza (1833), es que "esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo, que llega hasta el agotamiento". Por eso, cuando los trabajadores de la fábrica de Tesla en Fremont comenzaron a organizarse para sindicarse en protesta por las condiciones laborales, a Elon Musk sólo se le ocurrió ofrecerles yogur helado gratis.

Nos enamoramos del trabajo, pero nunca fue un amor correspondido.

TRABAJAR. UN AMOR NO CORRESPONDIDO

Editorial Capitán Swing. 512 páginas. 27,50 euros. Puede comprarlo aquí