Durante décadas, la educación del futuro fue territorio exclusivo de la ciencia ficción. En El juego de Ender (1985), los niños aprenden en una escuela militar sin profesores de carne y hueso. En su lugar, una máquina-oráculo anticipa sus movimientos, mide su pensamiento estratégico y moldea a los futuros líderes de una guerra interestelar. Años antes, Isaac Asimov ya había imaginado algo parecido en su relato ¡Cómo se divertían!: un futuro en el que los críos estudian en casa con un profesor robótico sabelotodo, capaz de adaptar las lecciones al milímetro.
Lo que parecía una distopía cada vez suena menos a ciencia ficción. Los modelos de lenguaje actuales, como ChatGPT-4 o Gemini, ya han aprendido a hablar, razonar y enseñar tras digerir más textos de los que cualquier ser humano podría abarcar en mil vidas. Uno de estos modelos se llama Khanmigo y es la inteligencia artificial educativa que vive dentro de Khan Academy, una plataforma de vídeotutoriales que Salman Khan (Nueva Orleans, 1976) levantó tras darse cuenta de que muchos alumnos sufrían lagunas que nadie estaba llenando.
Matemático, ingeniero eléctrico e informático formado en Harvard y en el MIT, Khan fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional en 2019 por crear una iniciativa gratuita con un propósito ambicioso: llevar educación de calidad a todos los rincones del mundo. Este sigue siendo su propósito y en su nuevo libro, Un nuevo lenguaje para educar. Cómo la IA transformará la educación... para bien (Ediciones Paidós), cuenta cómo esta tecnología puede convertirse en un impagable aliado en su misión.
En su obra relata el día en que Sam Altman, el jefe de OpenAI, le propuso que se vieran. Sucedía pocos meses antes de que la primera versión de ChatGPT irrumpiera en el mundo con más fuerza que cualquier aplicación previa en la historia de internet. Buscaba aliados para mostrar los efectos sociales positivos de la IA generativa y eligió la academia de Khan. La idea era lanzar un tutor personalizado que se comportara casi, casi, como un profesor humano.
De ahí surgió Khanmigo, una IA a la que se le puede preguntar cualquier cosa. Por muy tonta que parezca. Y, como buena maestra socrática, no da la respuesta: devuelve preguntas, pone ejemplos y guía hasta llegar a la solución.
Nos guste más, menos o nada, la revolución de la IA ha llegado a la educación.
- Antes de hablar de inteligencia artificial, tengo que preguntarle por el nombre: ¿por qué Khanmigo? Suena mitad inglés, mitad español.
- (Ríe) Es una historia un poco graciosa. Al principio íbamos a llamarlo Khanpanion -como compañero-, pero nuestro equipo de Latinoamérica nos advirtió que esa palabra, en algunos países, también significa escort. Así que alguien propuso Khanmigo, que suena parecido a un amigo, y nos encantó. Suena amistoso, cálido. Tenía sentido.
- ¿Qué es exactamente? ¿Un amigo, un profesor... tal vez incluso un psicólogo?
- Todo a la vez. Para un estudiante es su tutor, su acompañante de enseñanza; y para el profesor, es su asistente y también el tutor del alumno. Prepara clases, califica trabajos, ayuda a los alumnos a estudiar y también les da algo que a veces falta en las aulas: motivación y orientación. Ser tutor no consiste sólo en explicar conceptos. Ser tutor también significa motivar a las personas y mantenerlas comprometidas.
- ¿Podemos aprender cualquier cosa con IA?
- Depende. ¿Quién sabe lo que será capaz de hacer dentro de cinco o 10 años? Hoy puedes aprender muchas cosas, pero la IA sigue siendo limitada. Incluso en algo tan básico como un vídeo. He hecho miles y, durante un tiempo, pensé que la IA los volvería obsoletos. Pero no. Un vídeo puede dibujar y explicar a la vez, y eso, por ahora, las máquinas no lo hacen bien. Si estás aprendiendo a operar, no puedes hacerlo con ChatGPT: necesitas a otro cirujano, ver una intervención real, practicar con supervisión. La IA puede ser una parte útil del proceso, pero no lo es todo. Todavía falta para poder decir que se puede aprender cualquier cosa solo con una máquina.
- Pero sirve, como dice, de mucha ayuda.
- Sí. Te cuento una anécdota de la que estoy muy orgulloso: la semana pasada hice mi primera reparación de coche. En el automóvil de mi mujer había una pequeña pieza de plástico que estaba agrietada, y pensé: "Oh, a ver si puedo arreglar esto". Le hice una foto, la subí a ChatGPT, y me dijo: "Esta es la pieza, puedes pedirla aquí y aquí tienes un vídeo que te enseña a cambiarla". Lo hice y funcionó. Me ahorré unos cientos de dólares. Pero no lo hizo la inteligencia artificial, lo hice yo, con su ayuda.
- Si puede ayudarle a reparar un coche, ¿cómo puede ayudar a un profesor dentro del aula?
- La IA no enseña por sí sola, pero amplifica lo que ya funciona. En las aulas con las que trabajamos, el aprendizaje sigue ocurriendo con métodos tradicionales: los niños hacen ejercicios, reciben retroalimentación... y la IA se usa como un apoyo más. Khanmigo está ahí como un sostén: ayuda al alumno cuando se bloquea, motiva, sugiere caminos. Algunos profesores lo usan para experiencias más creativas. Por ejemplo, antes de una clase sobre la Guerra Civil estadounidense, un docente puede invitar a un Abraham Lincoln virtual. Los alumnos preparan sus preguntas y hablan con él. La historia, de pronto, cobra vida.
- ¿Y se les puede preguntar qué opinan sobre situaciones actuales?
- En los primeros días, algunos usuarios le preguntaban a las simulaciones de George Washington o Thomas Jefferson qué pensaban, por ejemplo, del matrimonio igualitario. Un Jefferson del siglo XVIII probablemente ni siquiera habría entendido el concepto y seguramente habría dicho: "No sé qué es eso". Pero si Jefferson viviera hoy, parece una persona bastante abierta de mente; quizá habría aprendido sobre el tema y cambiado su visión. Por eso pusimos una restricción: los personajes sólo pueden responder a preguntas dentro del contexto que sabemos que tenían. Así, si le preguntas a Jefferson "¿qué opinas del matrimonio igualitario?", la IA-Jefferson responderá algo como: "Ese tema no existía en mi contexto histórico. No tengo evidencia ni opinión al respecto".
- ¿Está diciendo que resucita personajes que llevan décadas bajo tierra?
- Efectivamente, puedes hablar con quien quieras.
- ¿Con el mismísimo Jay Gatsby?
- Con todas las figuras históricas que imagines. Y con las que no puedes imaginar. Incluso con Winnie the Pooh, que ni siquiera es real.
Hace tres años, la hija de Sal Khan, Diya, que entonces tenía 11 años, decidió pasar la tarde escribiendo un relato junto a su padre. Colocaron el portátil sobre la encimera de la cocina y empezaron a improvisar. La pequeña propuso la historia: una influencer descarada llamada Samantha acababa atrapada en una isla desierta.
Lo que comenzó como un juego se volvió algo más. De pronto, apareció un mensaje en el chat: "Hola, Diya y Sal, soy Samantha. ¡La historia de aventuras que estáis escribiendo es increíble! Le habéis dado un toque moderno a la clásica historia de la isla desierta". Parecía un sinsentido. Estaban, literalmente, hablando con un personaje inventado. "Mi hija fue una de las primeras personas del planeta en escribir una historia que le hablaba mientras la escribía", cuenta.
Era enero de 2023, apenas un mes después de que ChatGPT saliera al mercado. Por entonces, muy poca gente en el mundo experimentaba con la inteligencia artificial generativa de forma creativa. Y menos aún niños. "No estaba copiando ni recibiendo instrucciones", recuerda. "Estaba pensando, creando, disfrutando".
- ¿Se puede enseñar algo tan humano como redactar un texto?
- Todo el mundo está preocupado por lo que va a pasar con la enseñanza de la escritura cuando ChatGPT pueda hacerlo todo. Creo que parte de ese trabajo tendrá que seguir haciéndose en clase, a la vieja usanza. Pero también existe un punto intermedio. Y ahí entra el Writing Coach, una herramienta que acabamos de lanzar. Guía a los alumnos paso a paso: desde la creación del ejercicio, al esquema y luego la redacción. Y lo más valioso es que el profesor no solo recibe el ensayo final, sino también todo el proceso que llevó a los alumnos a escribirlo. Puede ver qué alumno tuvo problemas con la redacción o quién tardó más en estructurar el texto.
- ¿Cómo sabe el profesor que no se ha copiado directamente?
- El sistema lo detecta y avisa: "Esta parte de aquí no la trabajamos realmente con el alumno, deberías revisarla". Si un alumno escribió con Khanmigo, la plataforma enseña cómo fue construyendo su texto, paso a paso.
- ¿Y si el alumno hace el trabajo con otra IA? ¿También lo detecta?
- No siempre. Y por eso les digo a los profesores que no confíen en esas herramientas que prometen detectar inteligencia artificial.
- ¿No funcionan?
- En absoluto. Tienen un 40% de falsos positivos. Eso significa que cuatro de cada 10 veces acusan injustamente a un estudiante.
- Cuatro de cada 10 es bastante...
- Exacto. Es como lanzar una moneda. La única forma real de saber cómo escribe un alumno es verlo escribir en clase, conocer su estilo y comparar.
"Los niños curiosos ahora tienen una fuente infinita de conocimiento. Si algo les intriga, la IA les acompaña"
- La desconfianza no siempre viene de los profesores. ¿Qué le diría a un padre que tiene miedo de que su hijo use la IA?
- El verdadero peligro son las redes sociales y los videojuegos. Eso sí es adictivo. Si tu hijo usa la IA solo para copiar, claro que es un problema. Pero si no la usa en absoluto, también lo es. Dentro de cinco años, un ingeniero que no use IA generativa estará en desventaja. Aprender a usarla es como aprender a escribir con ordenador en los 90: no es trampa, es adaptarse al mundo.
- ¿Y qué pasa con los datos de los estudiantes?
- Eso es sagrado. Por eso Khan Academy es una organización sin ánimo de lucro. Usamos los datos sólo para personalizar la experiencia, medir el impacto o mejorar el aprendizaje. Nada más. Nuestro contrato con OpenAI y Gemini prohíbe que usen nuestros datos para entrenar sus modelos. Así protegemos la privacidad de los alumnos.
- ¿Cree que con herramientas como Khanmigo podemos redescubrir la alegría de aprender?
- Sí, y ya está pasando. Los niños curiosos ahora tienen una fuente infinita de conocimiento. Si algo te intriga, la IA te acompaña en esa búsqueda. El otro día mi hijo me preguntó si toda la población mundial cabría en Rhode Island. Nos pusimos a calcularlo en el coche, y luego lo verificamos. Fue un juego, pero también una lección de matemáticas y lógica. La IA puede encender esa chispa en los niños. Aunque para recuperar de verdad la alegría de aprender, necesitamos también buenos profesores.
- Si pudiera definir la escuela del futuro en pocas palabras, ¿cómo sería?
- Si tuviera que elegir entre un gran docente y una gran tecnología, elegiría siempre al primero. Pero lo ideal es combinar ambos. La IA no reemplazará a los maestros, pero quienes la usen reemplazarán a quienes no lo hagan. Con 30 alumnos en clase es imposible atender a todos; la IA lo hace posible.
- Me hubiera encantado tener una herramienta así. Era de las que hacía demasiadas preguntas...
- Alguien como tú habría sido perfecta para la IA. Habrías seguido aprendiendo sin parar, y con mucha profundidad. Probablemente tu profesora era muy buena, pero hay un límite: el tiempo, la energía, la cantidad de preguntas que puede atender.

