Podríamos decir -no se lo tomen en serio, que aquí no solemos caer en el autobombo- que en esta columna nos adelantamos ocho meses en la concesión del premio Francisco Cerecedo a Carlos Franganillo, cuando trazamos un perfil del periodista de Telecinco como profesional solvente, difusor de noticias reales, y no activista de una ideología u otra. Franganillo, apadrinado por su predecesor Pedro Piqueras, otro periodista solvente, acababa de cambiar de cadena de televisión. Aquí apuntábamos en diciembre pasado: "Piqueras, a los 68 años y tras 18 presentando ese programa, ha optado por la jubilación y por apadrinar su sucesión por Franganillo, que llega tras un recorrido profesionalmente intachable por la cadena más presionada informativamente de todas: TVE, la cadena pública controlada por el Gobierno".
Es de resaltar el acento puesto en las últimas ediciones del prestigioso premio de la Asociación de Periodistas Europeos en elegir a galardonados procedentes del periodismo solvente, no sólo en las informaciones sino en los análisis, que tampoco deberían ser producto de los prejuicios o las adscripciones partidistas: ahí están también los nombres de Carlos Alsina, Pilar Bonet o Vicente Vallés, por ejemplo.
Esta tendencia es valiosa en una época en que, a partir de los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, se han acentuado las fracturas ideológicas, sociales e informativas en España y los activistas al servicio de una ideología se multiplican en los medios. Cuando esa ideología es la del Gobierno, del activismo se puede pasar a la deformación y la propaganda, y es lo que se está viendo en los medios públicos y en aquellos privados con una conexión más directa con el poder. El peligro se acrecienta cuando el poder ha dejado claro que pretende actuar, y quién sabe si legislar, contra los discrepantes.
Hace apenas una semana, Sánchez lanzó la Fundación Avanza, un think tank asociado al PSOE, que anuncia abiertamente que su plan es proponer "ideas progresistas en respuesta a la ola reaccionaria que está afectando al mundo", y su objetivo no declarado es presionar a los medios y los periodistas supuestamente antiprogresistas. ¿Podría un Franganillo volver a informar hoy en TVE como lo hacía antes de trasladarse a Mediaset?
Es de señalar que en épocas pasadas, cuando existían menos presiones sobre la profesión, fueron premiados con el Cerecedo periodistas mucho más partidistas, activistas y propagandistas como Javier Pradera, Maruja Torres, Pepa Bueno o el famoso Iñaki Gabilondo, el de los terroristas suicidas con tres capas de ropa interior el 11-M o de la conversación con Zapatero sobre la conveniencia de que existiera tensión antes de unas elecciones... Los tiempos cambian.

