EL MUNDO DE PAR EN PAR
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Bjørn Lomborg: "Detener las centrales nucleares existentes es una estupidez"

El académico danés, una de las figuras del realismo climático, aboga por un debate medioambiental constructivo y despojado de sectarismo. Autor de 'El ecologista escéptico' (Espasa), prefiere decantarse por los datos que por los eslóganes

Bjørn Lomborg: "Detener las centrales nucleares existentes es una estupidez"
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Al danés Bjørn Lomborg (Frederiksberg, 60 años) siempre le ha preocupado la ecología, pero también el rigor. Doctor en Ciencias Políticas, estadístico, ex Greenpeace y vegetariano, Lomborg preside el Copenhagen Consensus Center, un think tank que reúne a destacados economistas internacionales para definir soluciones a los grandes problemas del planeta. Autor de El ecologista escéptico (Espasa, 2003) y Lo que sí funciona (Deusto, 2023), ha participado en el I Foro sobre Economía, Clima y Energía organizado en Madrid por el Instituto Juan de Mariana.

Una duda muy básica. El cambio climático existe desde el origen del mundo. ¿No sería más preciso hablar de una fase del calentamiento global?
La expresión cambio climático puede dar la impresión de algo repentino. En realidad es un término técnico que se refiere a un cambio sistemático en los patrones climáticos, en las temperaturas, debido al aumento de emisiones de CO2, principalmente de combustibles fósiles. Lo que hay que ver es el alcance de ese impacto, qué podemos hacer y a qué coste.
La Cumbre del Clima (COP) acaba de concluir en Brasil sin una sola mención al uso de combustibles fósiles, para frustración de los ecologistas. ¿Sirven estas conferencias para algo o son postureo?
Ya vamos por la COP número 30, así que... Hay un problema real con el cambio climático, pero pretendemos resolverlo haciendo que todo el mundo prometa cosas que no quiere cumplir. Decimos que la cumbre de París fue un éxito porque nos comprometimos a reducir las emisiones de carbono. Y sí, Europa está cumpliendo, pero se trata de conseguir que todos recorten sus emisiones a largo plazo. Nadie va a mirar a Alemania y decir: «Nos encantaría ser así: energía cara, desindustrialización, alto consumo de gas...».
Y encima contaminando más, por el cierre de las centrales nucleares.
Ahora todos están de acuerdo en que fue una estupidez. El llamado mundo rico producirá el 13% de las emisiones este siglo. El 87% provendrá de China, India, África, Indonesia y Brasil. La única manera de convencer a estos países de que reduzcan las emisiones es abaratar la energía verde. Si pudiéramos fabricar energía nuclear de cuarta generación a bajo precio, todos se cambiarían. Para ello debemos invertir más en investigación y desarrollo de tecnologías. Si logramos que sea más barata que los combustibles fósiles, habremos ganado. Si no, nos veremos en una COP tras otra, haciendo promesas imposibles.
¿Es un objetivo imposible reducir las emisiones?
Si se aplica el modelo climático de la ONU y el mundo rico (EEUU, UE, Japón, Australia...) alcanza las cero emisiones netas para 2050, el efecto sobre la temperatura a finales de siglo será inferior a 0,1 grados centígrados. Así que lo que haga el mundo rico tiene un impacto mínimo, a pesar de gastar billones de euros. Es muy difícil hacer algo respecto al cambio climático sin avances tecnológicos. Pero podemos dedicarnos a problemas que sí sabemos solucionar. La mortalidad infantil por enfermedades infecciosas fácilmente curables, la falta de comida, la pésima educación, la corrupción, la falta de trabajo... No son cosas excluyentes: abordar a la vez el clima con inversión en I+D reduciría el gasto actual a una vigésima parte.
Ni una sola de las predicciones alarmistas, empezando por los famosos límites del crecimiento del Club de Roma, se ha cumplido. ¿Cómo es posible que sigan teniendo tanto arraigo en el debate medioambiental?
Bueno, ellos argumentarán que si los pronósticos no se han cumplido es porque dieron la voz de alarma. Lo cual tampoco es cierto. Deberíamos dejar de recurrir al tremendismo, al «esto es el fin del mundo, dame más dinero», que es lo que hacen las ONG y otros sectores sociales. Todos tenemos exigencias, y al final somos una sociedad donde todo el mundo vocifera y nadie sabe qué hacer. Soy partidario de echar el freno y ver dónde podemos gastar dinero de forma eficiente.
Se le ha etiquetado como realista climático. ¿Se siente cómodo con esa definición?
Por supuesto. Intento tener una visión realista del mundo. Solemos oscilar entre los extremos, entre el apocalipsis y el no pasa nada. Yo digo: el cambio climático es un problema real, pero no lo estamos solucionando bien. Y creo que ese punto de partida da lugar a una conversación mucho más constructiva.
Cuando publicó su primer libro, 'El ambientalista escéptico', la revista 'Nature' lo acusó de desacreditar "el consenso científico". ¿Existe este consenso? ¿O es una táctica para silenciar las voces disidentes?
Nature es una buena revista, hacen muchas cosas, algunas bastante políticas...
Acaban de retractarse de un artículo que decía que el cambio climático provocaría una caída del PIB mundial de hasta un 62% para 2100.
Sí, sí (sonríe). Pero también realizan estudios excelentes. Lo que pasa es que con mi libro recurrieron a unos biólogos que sentían que estaba subestimando su campo, y fueron muy viscerales. A menudo las reseñas dicen más sobre el crítico que sobre el libro.
¿En qué están de acuerdo los realistas y los catastrofistas del clima?
En las ciencias del clima hay un fuerte consenso en que el aumento del CO2 equivale a temperaturas más altas. Y en la comunidad económica se entiende que el cambio climático tiene costes reales, porque nuestras infraestructuras, ya sea en Madrid o en Helsinki, se han construido para unas temperaturas determinadas. El problema es que muchos de los que tienen una visión alarmista minimizan la capacidad de adaptación de la gente. Hay un estudio muy interesante sobre qué ocurre si el nivel del mar sube un metro. La población afectada es de 187 millones. Titular de TheNew York Times: «187 millones de personas tendrán que desplazarse». Titular de Rolling Stone: «187 millones de personas se ahogarán». Por supuesto, ninguno de los dos es cierto. Si tienes en cuenta una adaptación realista, las personas que tendrán que desplazarse son 300.000. Ahora bien, si a pesar de eso insistes en decir que son 187 millones, es porque tienes una motivación ideológica. Tienes una agenda.
¿Hasta qué punto los medios contribuyen al alarmismo?
En los últimos 25 años, la pobreza extrema global se ha reducido del 25% a menos del 10%. Eso significa que, cada día, 138.000 personas han salido de esa situación. Ese debería haber sido el titular de todos los periódicos. Pero serían aburridos. Los periódicos no presentan la realidad del mundo, sino lo peor que ha sucedido en las últimas 24 horas, y está bien, porque nos informan de problemas que debemos solucionar. Pero no vayamos a confundirnos y a creer que todos son problemas.
Cuando empezó, usted nadaba a contracorriente. ¿Hay hoy más realistas climáticos? Al menos han sumado a su causa a Bill Gates, que era de los que proclamaban que el tiempo se acaba.
Sí (risas), creo que es muy importante que Bill Gates haya expresado su postura con tanta firmeza. A menudo se olvida que el objetivo de la política climática, como el de cualquier política, es mejorar la vida humana y proteger la biodiversidad. Pero la disposición natural en la mayoría de los conflictos es ir a los extremos. El realismo climático no te hace sentir como un combatiente heroico. Así que tampoco es un lugar muy concurrido, la verdad.
El fanatismo climático choca con la mentalidad científica. Por ejemplo, Greta Thunberg, antes de volcarse con Gaza, generó auténtica ansiedad entre los jóvenes. La imagen de cientos de líderes internacionales aplaudiéndola en la ONU o en Davos era orwelliana. ¿Cuánto hay de hipocresía u oportunismo en los políticos y empresarios que promueven este tipo de discurso?
No conozco a Greta Thunberg, pero le tengo cierto respeto porque lo que dijo fue: 'Oye, soy una colegiala, todo el mundo me dice que esto es el fin del mundo, y ¿qué demonios están haciendo para impedirlo?'. Si tomamos las palabras de los políticos al pie de la letra, creo que fue coherente al señalarlo. Claro, la cuestión es que quienes dijeron que esto era el fin del mundo le mintieron, y a los niños se les está asustando con cosas que no son ciertas. Me hubiera encantado conversar con Greta sobre esto, pero sus asesores no quisieron. Obviamente, Greta se convirtió en otras muchas cosas al mismo tiempo. Y creo que el que haya cambiado el calentamiento global por otras causas demuestra que no cree realmente que estemos ante el fin del mundo. Nada sería más urgente. Pero tienes razón en la hipocresía de toda esta gente que voló a Davos en sus aviones privados para luego aplaudir a Greta Thunberg. Nos encanta alardear de que somos virtuosos, pero no queremos asumir el coste de la virtud.
Los apocalípticos proponen soluciones como el decrecimiento. Estas teorías tienen un marcado sesgo anticapitalista y antioccidental. Nunca hablan de China ni de Rusia. ¿Estamos ante un nuevo capítulo de una guerra ideológica?
Sin duda hay mucha hipocresía al no mencionar a China, que se alimenta con combustibles fósiles. Pero me siento un poco incómodo al entrar en ese punto porque trabajo con datos, y no estoy muy seguro de qué hay detrás. Seguramente muchos son gente bien intencionada que ha hecho un análisis equivocado y aboga por malas políticas. Si crees que esto es el fin del mundo, tienes que apostar por el decrecimiento. Ellos dicen: 'Los ricos tendremos que conformarnos con mucho menos, de forma que los pobres puedan crecer, pero que todos, en conjunto, decrezcamos'. Es un planteamiento fantasioso y nunca ganarán unas elecciones democráticas con eso. Podemos decidir decrecer en Europa, y no habrá ninguna diferencia.
Y, sin embargo, Bruselas continúa con políticas verdes que exigen sacrificios en la producción industrial y la agricultura.
La UE es una gran institución y una gran idea, pero ha hecho del cambio climático una razón de ser y le resulta muy difícil retractarse. Pero si no lo hace, fomentará el voto de la extrema derecha. Bruselas ha pospuesto ahora algunas de las regulaciones para la economía verde. Pero a la vez se propone reducir las emisiones al 90% para 2040. Nadie tiene ni idea de cómo lograrlo de forma razonable sin que nos cueste una fortuna. Así que, entre ahora y 2040, tendremos que abrir los ojos a la realidad. Me gustaría que lo hiciéramos cuanto antes
El Gobierno español mantiene el cierre de las centrales nucleares pese al reciente apagón total, pese al respaldo de la UE a la energía nuclear y pese al ejemplo del fracaso alemán.
Es, sin duda, una tontería. Puedes poner objeciones razonables a la energía nuclear: la sostenibilidad a largo plazo, o el precio: las nuevas centrales pueden ser carísimas. Pero lo que no se puede justificar es el cierre de centrales que ya están en funcionamiento, que proporcionan energía prácticamente gratuita sin CO2. Los residuos ya están ahí, no hay peligro adicional, ya está fijado el precio del desmantelamiento cuanto termine su vida útil... Has pagado por todo, ahora solo puedes obtener beneficios adicionales. Así que es una completa estupidez detener las centrales nucleares existentes..
España se está llenando de parques solares y aerogeneradores. Pero parece que con las energías renovables eso no importa. Y surgen escándalos de corrupción. No sé qué sucede en el resto de Europa, pero la energía limpia no significa economía limpia ni buenas intenciones.
Sin duda. Para algunas personas es difícil imaginar que la energía verde pueda tener efectos negativos. Ese es el mundo de Walt Disney. En la vida real, todo tiene su lado bueno y su lado malo. Y las turbinas eólicas combaten el cambio climático, pero también perjudican el medio ambiente y matan aves rapaces. El problema es cuando ni siquiera puedes decir esto. O que la energía eólica es más cara, porque cuando no sopla el viento se necesita el respaldo de otro sistema energético. Luego las turbinas te podrán parecer preciosas u horribles. A principios del siglo XX, la gente pensaba que las chimeneas de las fábricas eran bonitas, representaban el progreso, la riqueza. Pero no puedes negar que los molinos matan pájaros, ni que tener un aerogenerador cerca reduce el valor de tu casa. Y no te deja dormir. Puede que te parezcan problemas menores que hay que asumir, por el bien común. Pero al menos hay que reconocer que existen.