«El heavy metal trata de experiencias de trascendencia, de la percepción de un encuentro con un poder o una realidad que va más allá de uno mismo, ya sea el bien o el mal. Es una transgresión existencial, un rebasamiento de los límites cotidianos de la realidad, tanto hacia lo más alto como hacia lo más bajo».
Podrían haberlo escrito Mariano Muniesa o Mariskal Romero, pioneros de la radio musical española especializados en riffs y voces guturales. Podrían haberlo firmado igualmente José y Emilio Alcázar, los gemelos que desde hace 20 años se apostan cada tarde en la esquina de Gran Vía donde estuvo Madrid Rock. El testimonio, sin embargo, lo comparte en su último libro el sociólogo más importante de lo que llevamos de siglo XXI y uno de los pensadores esenciales para entender el mundo contemporáneo y sus dinámicas de alienación.
Cantan los ángeles, rugen los monstruos (Ned Ediciones) es el apasionado alegato y la rigurosa investigación de campo en la que Hartmut Rosa se presenta al mundo como fan veterano de la música heavy. Antes de convertirse en catedrático de Sociología en la Universidad de Jena y en padre de los conceptos de aceleración y resonancia, que le auparon a la categoría de tecnofilósofo hace dos décadas, el alemán fue lector voraz de la revista Metal Hammer -la biblia del género-, músico (tecladista) en bandas amateur como Purple Haze y Scarecrow Overdrive y defensor indesmayable de una ética/estética que durante décadas fue invisibilizada en las secciones de Cultura o ridiculizada como corriente friki.
Rosa (Lörrach, 60 años) se remonta al origen del término y a su procedencia obrera para después estudiar la relación entre heavy metal y política, religión o filosofía. Todo salpicado con aportaciones biográficas y una banda sonora que dan ganas de poner a todo trapo. «Nunca he usado tapones para los oídos en un concierto de rock», confiesa el autor en uno de los pasajes. Le hablamos del circuito heavy español y de la película El día de la bestia. «Tengo que verla. Me encanta Madrid. Espero poder aprender español en el futuro», se viene arriba a través de videollamada.
- ¿Se sorprendió a sí mismo escribiendo un libro como éste?
- Sí, no estaba en mis planes inmediatos ni era una idea que arrastraba desde hacía tiempo. Simplemente se me ocurrió. En Alemania hay un programa de radio bastante popular llamado Klassik-Pop-et cetera. Me pidieron que organizara una sesión de heavy metal y la hice. Después mi editorial alemana me contactó y pensé que podía ser una buena idea. Me lancé a escribirlo sin estudiarlo mucho ni a fondo.
- ¿Qué ofrece específicamente el 'heavy' en tiempos de incertidumbre y angustia respecto a otros géneros, como el rap o el tecno?
- Me resulta un poco difícil decirlo. He conocido a mucha gente que me ha dicho que reconoce la experiencia que describo, pero no vinculada con el heavy metal. Así que no diría necesariamente que es algo exclusivo del heavy, aunque éste tenga algunas peculiaridades. Hice una encuesta en Alemania con 6.000 fans del género. El 40% confesó que esta música le había salvado la vida. Como sociólogo, me pregunté de qué manera.
- ¿Y?
- Encontré tres respuestas. La primera tiene que ver con lo sensorial. El heavy se escucha a menudo a gran volumen y desprende energía, de ahí que sus oyentes lo sientan como un abrazo fuerte. Y ya sabemos lo que sucede cuando te gusta la persona que te abraza: se libera oxitocina. La segunda respuesta tiene que ver con la seguridad ontológica, un término que tomé prestado de mi colega británico Anthony Giddens. Como usted dice, vivimos tiempos inciertos. Las guerras de Gaza y Ucrania u otros problemas hacen que la gente se sienta realmente insegura, física y cognitivamente. En un contexto en el que desconocemos lo que nos deparará el futuro, la fiabilidad del sonido aparece como refugio. Con el heavy metal puedes estar absolutamente seguro de que el siguiente guitarrazo o golpe de doble pedal van a estar ahí. Proporciona una certeza psicoacústica, por llamarlo de alguna manera. La tercera respuesta es su carácter apolítico. A diferencia de las canciones del rap, que suelen relatar una historia de éxito o expresar una queja, las canciones heavy evocan imágenes. De luz u oscuridad, de salvación o condena, de ángeles o monstruos. Y eso ayuda a enfrentarse a los miedos.
- ¿Qué emoción expresa mejor el 'heavy metal': la ira o la euforia?
- En mi opinión, el género más propicio para dar salida a la ira -y sinónimo de protesta- es el punk-rock. Podríamos decir, citando a Adorno, que el punk se refiere a la dialéctica negativa. En cambio, el heavy, es rabia convertida en euforia o, al menos, en esperanza. Si escucho A Rainbow in the Dark, de Roni James Dio, detecto en los armónicos y en la distorsión guitarrera una promesa de luz. Justo eso mismo que dice la letra, un arcoíris.
- Parece imposible mantener una posición equilibrada respecto al 'heavy metal'. A sus fans les resulta fascinante lo relacionado con la música, los rituales o el estilo de vida. A los que no lo son les provoca rechazo o incluso desprecio por su estética o sus valores. ¿Le consta que este antagonismo tan profundo desde un punto de vista sociológico y cultural exista en relación a otro género?
- Recuerdo que cuando era joven el heavy se identificaba con el proletariado y con los tontos o mentalmente débiles. Provocaba reacciones airadas entre las autoridades religiosas y los políticos conservadores. En aquella época, llevar el pelo largo era visto como una provocación por padres y profesores... Yo no pretendo defenderlo todo. En el heavy también hay aspectos que no me gustan y con los que habría que tener cuidado: violencia, sexismo... Pero hay algo en este género. La combinación de música y estética es una respuesta a la alienación y los miedos de nuestra época. La muerte, la enfermedad y la violencia también forman parte de nuestra realidad. Si eres cristiano, te enfrentas a esos miedos con la fe de que la muerte no es el fin y que todo va a estar bien. El 'heavy metal' dice que no sabemos si todo va a estar bien, pero que afrontemos los miedos de todas formas. Es una filosofía existencialista hija del Romanticismo. Hay muchas similitudes entre los fans del heavy metal y los de la música clásica. Presentan parecidos rasgos de personalidad. Comparten algo que va más allá de la pasión: la idea de que la música es central en sus vidas. Como sociólogo, también constato que es un género que no vibra tanto en centros urbanos modernos como Nueva York, Berlín, Londres o París. Es popular sobre todo en zonas rurales, donde está muy arraigado.
- Desarrolle esa idea, por favor.
- Las olas de la cultura pop relacionadas con el estilo de vida cambian muy rápidamente en las grandes ciudades. En cambio, en las capitales de provincia y en el medio rural se observan tendencias más persistentes y conservadoras que tienen que ver con los cambios demográficos. En las zonas rurales, la atmósfera generacional del heavy metal todavía pervive.
"Los jóvenes varones de toda Europa se están acercando a la extrema derecha porque sienten que han perdido su posición debido al proceso de emancipación femenina"
- Suele recordar que cuando era adolescente en el instituto, el 'heavy' le salvó la vida. En España, varios estudios recientes revelan que el género ha ido perdiendo popularidad y atractivo frente a los géneros urbanos (hip hop, trap) o la música electrónica. ¿Cree que el género sigue teniendo la misma capacidad de ofrecer a los más jóvenes lo mismo -una visión, una identidad, una conexión- que usted encontró en los años 80?
- Es una pregunta realmente difícil porque tiene que ver con el vínculo al que me refería antes. Cuando yo era joven, ser fan del heavy era una cuestión generacional. Era una forma de protesta de la juventud contra el resto de la sociedad. Como forma de expresión, diría que conserva su relevancia, que todavía tiene esta capacidad. Pero para un joven no es fácil hoy escuchar bandas de este género, sabiendo que eso es lo que escuchaban tus padres. Como sociólogo pensé durante mucho tiempo que la música y la identidad -Simon Frith ha escrito sobre esto- van de la mano. Los jóvenes también encuentran su identidad así, porque la música es una forma de relacionarse con el mundo. Ahora me doy cuenta de que esto no es necesariamente una verdad atemporal. Mucha gente escucha listas de reproducción en Spotify y ni siquiera sabe quiénes son los autores de las canciones. Además, parece estar habiendo una transición de la música a los pódcasts. Este formato se ha vuelto increíblemente importante para los jóvenes. Cuando salen de casa, ya no escuchan heavy metal ni ninguna otra música, sino pódcasts. Pensé que esto podría ser una muestra de la pérdida de resonancia en nuestro mundo. La capacidad para abordar cuestiones existenciales e incluso brindar una forma de abrazo y de seguridad es algo que un pódcast no puede proporcionar tan fácilmente. Tal vez fue un poco precipitado pensar algo así. Al fin y al cabo, este formato vive igualmente de la voz, de alguien que te habla.
- ¿Cuáles son los prejuicios asociados al 'heavy metal' que todavía sobreviven y por qué? Me refiero a la exaltación de la masculinidad o la relación con subculturas esotéricas o satanistas...
- Hay muchísimos clichés. Uno de ellos es que sus seguidores son violentos. Es fácil vincular la estética metalera -hombres fuertes, barbudos, etc.- con la masculinidad tóxica. Ésta, a su vez, se puede asociar con el nacionalismo o incluso con el fascismo. Existen conexiones con la extrema derecha, pero después de estudiarlas diría que son minoritarias. Por otro lado está el sexismo. Por supuesto, el metal no es inocente en ese aspecto. Basta echar un vistazo a las portadas de muchos discos. Hay gente que alega que hay bandas como Nightwish o Within Temptation que tienen cantantes femeninas, pero eso no sirve como contrargumento porque responden a la imagen de ángel femenino. También está el alcoholismo. Siempre me molestó que en la escena metalera la bebida fuera tan importante cuando las drogas, en cambio, no eran muy populares. Finalmente, el supuesto primitivismo de su música. Falso: hay mucho virtuosismo en lo que hacen bandas como Dream Theater, Symphony o Gojira. Por contra, algo que me parece relevante a la hora de hablar de clichés en el heavy es el nivel cultural de sus seguidores. Son lectores compulsivos de medios impresos y digitales, algo que no detecto en otros géneros.
- En el último capítulo reflexiona sobre cómo el 'heavy' ha vencido a la industria cultural.
- Me ha generado algunas críticas porque afirmo que fue capaz de resistir sus ataques. El momento álgido tuvo lugar a principios de los 90, coincidiendo con el éxito de Guns N' Roses y el lanzamiento del Black Album de Metallica. La MTV desterró el headbanging [sacudida violenta y circular de la cabeza al ritmo de la música]. La revista Metal Hammer, la más popular del género, redujo su nombre a Hammer tras anunciar que el heavy estaba muerto. Los festivales dejaron de contratar a bandas de melenudos. Bruce Dickinson, el cantante de Iron Maiden, dejó el grupo. Rob Halford hizo lo mismo en Judas Priest. La industria musical pensó entonces que necesitaba algo nuevo... Pero los fans insistieron en que es una expresión cultural apreciada y necesaria. Así que yo diría que, al final, ganaron. Obligaron a la industria musical a rectificar.
- Nadie podría haber imaginado que Black Sabbath tendría un puente con su nombre en Birmingham y una estatua de sus miembros en un espacio público...
- Desde luego, y eso ha ocurrido en nuestro mundo acelerado. Como sabe, he escrito varios libros sobre aceleración, sobre cómo las cosas cambian muy rápido y después se convierten en episodios históricos. La persistencia de las bandas de aquella época es increíble. Deep Purple sigue tocando, como AC/DC. Scorpions, de hecho, tiene ahora muchos más seguidores que cuando surgió.
"Me encantaría decir que está cerca el fin del apoyo a líderes nacionalpopulistas, pero sucede lo contrario. No sé adónde va el mundo"
- A finales de julio murió Ozzy Osbourne a los 76 años. Algunos de los 'frontmen' de bandas legendarias de 'heavy metal' que siguen en activo son tan veteranos como el líder de Black Sabbath. Alice Cooper tiene 77, Gene Simmons tiene 76, Rob Halford tiene 74 años, Bruce Dickison tiene 66... ¿Hay relevo generacional con el suficiente nivel para sustituir a semejante Hall of Fame o los músicos que están en un segundo escalón no van a ser capaces de impedir que el interés decaiga y que su capacidad para resonar disminuya?
- Recuerdo haber visto actuar a Ozzy en 1988, en mi etapa de estudiante universitario en Londres, y haber pensado: ya es demasiado mayor para estar ahí. Existe un problema de percepción que afecta a toda la industria musical. Creemos: cuando desaparezcan bandas como los Rolling Stones no habrá otras iguales. Yo sostengo que alcanzar semejante nivel lleva tiempo. Black Sabbath no siempre fue una banda tan buena. A finales de los 80 nadie quería escucharlos y tocaban para 200 o 300 personas. Hay bandas que pueden seguir sus pasos, como Opeth, Dream Theater o Gojira. Confío en ellas.
- ¿Qué papel juega la nostalgia en la pasión por el 'heavy'? ¿Es a la música lo que 'Star Wars' al cine?
- Hay muchos fans que en los conciertos siempre quieren escuchar los viejos éxitos. Y otros que dicen: 'Los primeros cuatro álbumes son los buenos' y el resto ni siquiera los escuchan. En ambos casos interviene claramente la nostalgia, el recuerdo de la juventud perdida. Pero también existe para los propios músicos y para otro grupo de fans. Conozco a fans que leen lo último que se publica y que debaten sobre la música nueva. Siguen viéndolo como algo contemporáneo, en evolución, vigente.
- ¿Qué estrategias o herramientas suele usar usted para bajarle el ritmo a su vida diaria?
- ¡Escuchar heavy! Acabo de comprarme los nuevos nuevo álbumes de Amorphis, Paradise Lost y Rage. Desde que era adolescente, la música es un cordón umbilical que me conecta con la vida. Para mí sigue siendo una fuente de resonancia, resonancia que me saca de la obsesión por la aceleración. Y no me refiero sólo al heavy metal. Toco el órgano de la iglesia. De hecho, incluso toco canciones de metal o rock con él.
- ¿Y al margen de la música?
- Me encanta mirar las estrellas. Tengo un pequeño observatorio en el patio trasero de mi casa. Vivo en un lugar bastante elevado en las montañas, en la Selva Negra. Me gusta la soledad de la noche y la infinitud del cielo. Me proporciona una sensación de atemporalidad.
- ¿Qué puede adelantar de su próximo trabajo, 'Situation and Constellation'? Tengo entendido que en él reflexiona sobre cómo estamos pasando de ser sujetos activos a entes pasivos.
- Me ha encantado escribirlo. Y casi me he obsesionado con él. La tesis que desarrollo es que se está produciendo una transformación en nuestra forma de actuar. Los seres humanos reaccionan al mundo en el que viven. Siempre que se encuentran en una situación determinada, ven algo y después responden en base a sus emociones y experiencias. Por ejemplo, tus padres están enfermos y sientes que debes hacer algo para ayudarles. O tienes hambre y decides cocinar. Es lo que conoce como agencia. He detectado que en nuestra vida diaria actuamos cada vez menos según esta lógica. Simplemente seguimos protocolos que dicen: 'Haz esto, haz luego esto otro...'. Se trata de instrucciones que no requieren experiencia ni juicio, sólo seguir unas reglas. Una parte del proceso corre a cargo de una máquina o de unos algoritmos y el resto son reglas. Hay miles de ejemplos. Conducir un coche implica tomar muchas decisiones: qué ruta elijo, a qué velocidad voy, cómo de cansado estoy... Con estos protocolos a los que me refiero somos meros agentes ejecutores. Hacemos lo que nos dicen que hagamos. Las emociones y experiencias pasan a ser obstáculos. No sé si en la labor periodística será igual, pero en mi trabajo, cuando creo artículos o relleno solicitudes, tengo que seguir una serie concreta de pasos. Esto está generando mucha frustración. ¿Por qué las personas se sienten agotadas individual y colectivamente? Yo creo que tiene que ver exactamente con esto. Se ha abierto una brecha entre sentir y actuar, y eso nos está provocando una pérdida de energía.
- ¿Cuándo se publicará?
- La fecha de lanzamiento en Alemania es el 12 de enero. Ya estamos en proceso de impresión. Espero que no pase mucho tiempo hasta que aparezca la versión en castellano. Ojalá sea a finales o incluso a mediados del próximo año.
- Déjeme que vuelva a preguntarle por los jóvenes. Varios estudios (como el publicado en el 'Journal of European Public Policy' en abril) reflejan el crecimiento del voto de extrema derecha por toda Europa entre este segmento de población. ¿Cómo ve este fenómeno?
- Esta afinidad o receptividad es, sobre todo, signo de una profunda y creciente alienación política: las personas no se sienten interpeladas por los políticos de los partidos tradicionales; sienten que no son escuchadas ni vistas. La promesa de los políticos populistas de derechas es: "Haremos que se os escuche y se os vea, os devolveremos la voz". No es de extrañar que sean especialmente los varones jóvenes los que se están mostrando más receptivos a este mensaje. Las mujeres han logrado tener voz e igualdad de derechos en las sociedades liberales modernas por primera vez en la Historia, y temen que se los arrebaten a través de políticas conservadoras. Los hombres sienten que han perdido su posición precisamente debido a este proceso de emancipación.
- ¿Algo más?
- El otro aspecto que considero importante aquí es que el sentimiento de alienación política se atribuye erróneamente al proceso político: el mensaje populista de derecha en casi todo el mundo, incluso en Japón o China, es éste: "Si te sientes desplazado es por culpa de los extranjeros que han llegado Si nos deshacemos de ellos, superaremos la alienación y volveremos a ser nosotros mismos". No ayuda mucho que el análisis sociológico demuestre que se trata de una idea equivocada, porque la alienación es consecuencia principalmente la hiperaceleración neoliberal. El segundo truco populista es éste: los líderes de derechas prometen resonancia política. Sin embargo, la resonancia requiere diferencia: escuchar y responder a voces diferentes a las propias. Sucede que los líderes de derechas quieren que todas las voces diferentes sean silenciadas: las personas con formas de vida, amor, creencias y expresiones ajenas deben desaparecer o ser silenciadas... Como alemán, debo ser humilde en este punto. La AfD, nuestro partido populista de extrema derecha, ha crecido mucho últimamente.
- ¿Detecta alguna señal que sugiera el fin del apoyo a los líderes nacionalpopulistas en todo el mundo?
- Me encantaría decir que sí, pero está sucediendo lo contrario. Lo sorprendente es que los políticos del espectro liberal o de centroizquierda están perdiendo apoyo y popularidad casi inmediatamente después de ser elegidos. Sánchez, Merz, Scholz, Starmer, Biden o Macron son exponentes de esta tendencia. En cambio, populistas de derecha como Orban, Meloni, Trump, Erdogan o Putin parecen ganar o al menos mantener una posición sólida durante mucho tiempo, incluso después de su elección. Los líderes nacionalistas y populistas fuertes se han consolidado en todo el mundo: Modi en la India, Xi Jinping en China... Así que estamos en medio de este preocupante movimiento y aún no se ve luz al final del túnel. Es difícil predecir hacia dónde se dirige el mundo en estos momentos.


