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El pequeño gran milagro del sánscrito: "Un día leí un verso y me golpeó, fue una revelación"

El bum de la cultura yogui y el interés por las civilizaciones antiguas como reacción a la ultraconexión digital están propiciando la popularización en España de la lengua clásica y espiritual de la India. "El sánscrito puede ayudar a pacificarnos", dice Joaquín Araújo, uno de sus divulgadores

El pequeño gran milagro del sánscrito: "Un día leí un verso y me golpeó, fue una revelación"
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El 16 de julio de 1945, mientras una gigantesca bola de fuego anaranjaba el cielo y achicharraba el suelo de Nuevo México, Robert Oppenheimer se acordó de lo que había leído en la Bhagavadgîtâ. "Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos", recitó el padre de la bomba atómica tras el éxito de la prueba Trinity en el desierto de Los Álamos (EEUU). Han pasado 80 años de la detonación que cambió para siempre la historia de la guerra, pero las palabras del libro sagrado hindú -con las que el dios Krishna instruye al príncipe guerrero Arjuna- todavía siguen resonando. Como un testimonio dolorosamente humano y, al mismo tiempo, como una invitación al autodescubrimiento.

La Bhagavadgîtâ o Canto del bienaventurado se escribió hace alrededor de 2.000 años en una de las lenguas más antiguas y fascinantes creadas por la civilización humana: el sánscrito. Pertenece a la rama índica de la gran familia de las lenguas indoeuropeas. A través de ella se difundieron la filosofía y las ciencias en la India ancestral. Con matices, podría considerarse como el equivalente al griego clásico o al latín en el subcontinente asiático. La principal diferencia respecto a ellos es que el sánscrito sigue vivo. Es uno de los 22 idiomas oficiales en la India, aunque empleado para la circulación de ideas culturales y ritos religiosos (budistas, hinduistas o jainistas). Dicho esto, su relevancia frente al hindi, asumido como lengua materna por casi la mitad de los 1.400 millones de indios, es anecdótica. El último censo idiomático (2011) registró apenas 24.821 hablantes de sánscrito moderno.

Lo insólito es que esta lengua vibrátil y remitente a lo litúrgico está generando un creciente interés en Occidente, a miles de kilómetros de su cuna y en personas con circunstancias muy distintas a las de sus hablantes nativos. Así lo atestiguan, por ejemplo, las matriculaciones en los cursos de Lengua y Literatura Sánscrita que ofrece el Instituto del Próximo Oriente Antiguo de la Universitat de Barcelona (UB). "El volumen de inscripciones ha ido creciendo hasta los 50 alumnos por año en la última década", confirma María Elena Sierra, autora de la primera tesis doctoral sobre fonética sánscrita presentada en dicha universidad y profesora desde 2006 en los tres cursos que oferta: nivel principiante, medio y avanzado.

"El primero aporta herramientas para tener un criterio riguroso sobre la lengua sánscrita y su literatura, para reconocer la etimología de las palabras y para determinar la fidelidad de las traducciones disponibles", apunta por correo electrónico Sierra. "La lengua sánscrita es muy rica y llena de matices; en India se suele considerar que su dominio requiere 12 años de estudio. No obstante, con tres el alumno ya puede ser capaz de traducir por sí mismo fragmentos de la Bhagavadgîtâ, de dificultad media. Quienes suelen cursar los tres niveles son los interesados en profundizar en esta obra y en el Yogastra", añade a propósito del que está considerado texto fundacional del yoga, escrito por el sabio Patañjali en el siglo III a. C. como una colección de aforismos.

Quizá 50 nuevas matrículas no sean precisamente un tsunami en el océano de la oferta académica. O que parezca insuficiente para hablar siquiera de tendencia. En realidad, la curiosidad contemporánea por el sánscrito remite más a lo cualitativo que a lo cuantitativo. Sobre todo, si se atiende al perfil de los inscritos de estos cursos presenciales-online de la UB o en clases que sólo se imparten a distancia, como las de las plataformas Superprof, Language Trainers o Preply. Sierra distingue cinco tipos: estudiantes de Lingüística atraídos por la dosis extra de aventura que brinda la investigación histórica; alumnos de Filología Clásica deseosos de ir más allá -o más atrás- de los textos de Platón y Julio César; monitores y practicantes de yoga; iniciados en la medicina ayurvédica; y, por último, mentes inquietas que se lanzan al estudio de una lengua cronológica y geográficamente remota por una motivación filosófica o espiritual. "Tenemos ingenieros, informáticos, biólogos, matemáticos...", revela la docente para demostrar la procedencia heterogénea de sus pupilos.

Para saber más

El micronicho del sánscrito en países como España puede verse como la confluencia hasta cierto punto lógica de dos fenómenos. Por un lado, el magnetismo de culturas antiguas, sus filosofías y sus lenguas en un contexto de crisis de confianza en el futuro, de rebeldía con el hiperindividualismo capitalista o de descontento con las inercias de la sociedad ultraconectada. Es la misma palanca que después del último crash financiero (2008) propició la resurrección del estoicismo como libro de autoayuda y la reedición masiva de las Meditaciones de Marco Aurelio. En un mundo en permanente búsqueda de la diferenciación y de experiencias vivenciales únicas también es perfectamente entendible la nueva atención que reciben lenguas bíblicas como el arameo y el cananeo... O el sánscrito.

"Siempre cerrábamos la clase de yoga con un mantra y eso me conectó. Mi camino espiritual comenzó entonces"

Paulina Panza, profesora de sánscrito

Hace unas semanas, en una intervención en el programa El bosque habitado (Radio 3), el divulgador medioambiental Joaquín Araújo recordó que la palabra árbol procede del sánscrito urvara [lugar con tierra fértil]. "Tengo una docena de libros sobre bosques e igual he dado 500 conferencias sobre árboles. Cuando hace años busqué el origen de la palabra, me encontré con esta etimología especialmente ilustrativa", señala por teléfono.

Formado en el Liceo italiano, Araújo en realidad estudió Filosofía y Letras, además de Geografía. Su pasión por el sánscrito prendió tras recibir como regalo los cinco volúmenes del diccionario etimológico publicado a finales del siglo XIX por Eduardo de Echegaray, hermano del primer español que ganó el Nobel de Literatura. Es una obra monumental que estudia la lexicografía española a partir de sus raíces griegas, latinas y -algo infrecuente en este tipo de compilaciones- sánscritas. Desde que cayó en manos del naturalista, se convirtió en manual de consulta obligatoria para él. De ahí que sepa que salud, en sánscrito, es un concepto referido a la completitud. Es decir, a un estado de bienestar físico, mental y espiritual.

"Recuperar el sentido de las palabras para que nos ayuden a su comprensión debería ser una tarea casi permanente, y está sucediendo todo lo contrario", lamenta. "Entre las catástrofes que nos aquejan está la pérdida de léxico. Es algo verdaderamente grave porque el humano comprende, siente, hace y deshace a través de las palabras. La palabra es la que nos lleva al porcentaje de conocimiento que podemos manejar. El conocimiento es la posibilidad de incrementar la cultura. Y la cultura es la posibilidad de que la ignorancia no siga fomentando la violencia. Por tanto, y aunque parezca una metáfora exagerada, conocer el sánscrito podría ayudar a pacificarnos". Ahis paramo dharma [la no violencia es el deber supremo], solía argumentar Gandhi en el idioma de sus antepasados.

El otro fenómeno que explica el interés por el sánscrito, como bien advierte la profesora Sierra, es el bum imparable del yoga y la apertura de centros especializados y retiros de meditación. Una señal de que silenciar el ruido exterior y alcanzar la paz interior ha pasado de pasatiempo a necesidad vital para una parte de la población.

Según un informe publicado por la consultora Rentech Digital en mayo, en España hay 2.850 estudios de yoga. Saludar con el preceptivo namasté y hacer unas cuantas asanas ya sabe a poco a una parte de sus practicantes. De ahí que se hayan lanzado a investigar el nombre original de la postura del perro bocabajo (adho mukha svanasana), el significado de expresiones de uso habitual entre esterillas o a ras de césped como chitta vritti nirodha [cese de las fluctuaciones de la mente] y la sonoridad vernácula de los mantras.

"Hoy en día, muchas personas interesadas en el yoga, la meditación, la filosofía india, el ayurveda, el budismo, el jainismo y el tantrismo desean leer los textos clásicos de estas disciplinas en su versión original", corroboran por mailAmba Kulkarni, profesora y jefa del departamento de Estudios Sánscritos de la Universidad de Hyderabad, y su colega Gérard Huet, director emérito del instituto nacional de investigación en Ciencias Digitales (INRIA, por sus siglas en francés). "Los historiadores de las Matemáticas y la Astronomía se interesan por los textos indios originales en sánscrito. Quienes se interesan por artes como la música, la danza, el teatro, la poesía y la estética también desean conocer los debates indios en estas disciplinas, ya que se trata de debates muy sofisticados y la tradición de la crítica literaria india se adelantó mucho a la de su contraparte occidental. Además, la mayoría de las obras tradicionales se versificaron para facilitar su memorización, por lo que su valor estético reside tanto en su significado como en su formato".

Creado para ser leído en voz alta, con una resonancia ritual que interconecta cuerpo, mente y conciencia, el sánscrito no sólo fascinó al físico Oppenheimer a su paso por Harvard. El poeta T. S. Eliot lo estudió en la misma universidad e incluso lo incorporó a su obra La tierra estéril (1922). El poema V. Lo que dijo el trueno concluye con la invocación shantih shantih shantih, la fórmula tradicional de cierre de muchos textos védicos, entendida por Eliot como paz que sobrepasa todo entendimiento. Otro sanscritista vocacional fue el novelista Aldous Huxley, que en La filosofía perenne (1945) y La isla (1962) cita y comenta pasajes de los Upaniad y de la Bhagavadgîtâ, en este caso traducidos al inglés.

La argentina Paulina Panza empezó a estudiar sánscrito en 2019 por influencia familiar. Su vida como estudiante de Lengua y Literatura en Río Cuarto (provincia de Córdoba) cambió radicalmente a partir de entonces. "Éramos tres estudiantes y el profesor, un politólogo que enseñaba yoga. Siempre cerrábamos la clase con algún mantra y eso me conectó. Siento que mi camino espiritual comenzó entonces", detalla por videollamada. Panza imparte clases individuales y grupales a través de Superprof desde hace cuatro años. Más de 30 alumnos se han formado con ella. Entre ellos, varios españoles o extranjeros residentes aquí.

Panza es consciente de que educarse usando un sistema de escritura [la devanagari] que no es alfabético sino alfasilábico supone un considerable desafío "cognitivo y cerebral". El uso de declinaciones y desinencias hace que la gramática sea compleja para el hispanoparlante. La fonética también es difícil, con sonidos que en español no existen. Pese a todo, la profesora anima a descubrirlo.

"Aporta una mirada espiritual a la vida, enriqueciéndola y presentando una cosmovisión", subraya. Una forma de ver el mundo y las relaciones -distingue- radicalmente opuesta de la que se enseña tradicionalmente en las escuelas del hemisferio norte. "El sánscrito ordena las personas gramaticales al revés: la primera es él/ella; la segunda, tú; y la tercera, yo".

"Y eso es fantástico, porque implica ver la realidad en su conjunto: empiezas por los demás, no por ti mismo", razona a su vez Araújo. "Estoy convencido de que este tronco de la civilización que llamamos Occidente carece de algunos de los aspectos esenciales para la convivencia y, sobre todo, para el respeto. Culturas orientales como el budismo partían de un gran respeto a la totalidad de lo viviente, mientras que el judeocristianismo más bien planteó lo contrario".

"Textos como el 'Mahabharata' enseñan qué hacer frente a males actuales como la depresión y la adicción"

Òscar Pujol, sanscritista y director del Instituto Cervantes en Fez

Kulkarni y Huet ofrecen una muestra más: en el Arthastra (350-283 a.C.), un tratado sobre el arte de gobernar, la política económica y la estrategia militar atribuido al filósofo y jurista Kautilya, ya se consignaba el papel del Estado en el desarrollo y la preservación de un entorno apropiado para la vida humana. "En el cuarto adhikaraa [sección], Kautilya analiza el papel del rey como protector de sus súbditos ante ocho tipos de calamidades, como incendios, inundaciones, epidemias, sequías y hambrunas", indica la pareja de expertos. "Citas como vasudhaiva kutumbakam [el mundo entero es mi hogar], mata bhumih putro 'ham prthivyah [la Tierra es mi madre y yo soy su hijo] o lokah samasta sukhino bhavantu [que el mundo entero sea feliz] subrayan la importancia que la cultura india otorgaba a la protección del medio ambiente y al cultivo de la hermandad comunitaria".

Òscar Pujol es el gran sanscritista español contemporáneo. El doctor en Filosofía y Filología Sánscrita por la Universidad Hindú de Benarés ha puesto al alcance de nuevas generaciones traducciones de clásicos de esta lengua como Los cincuenta poemas del amor furtivo (1998) e Himno a la tierra (2001). A su vez, es el autor de dos títulos fundamentales para su estudio: el Diccionari Sànscrit-Català (2006) -al que dedicó 12 años de trabajo y el primero elaborado en una lengua hispánica- y el Diccionario Sánscrito-Español (2019), versión revisada del anterior que incluye más de 64.000 voces y artículos enciclopédicos sobre mitología, yoga, filosofía y religión.

Paradójicamente, su historia con el sánscrito no es la de un flechazo. "Yo fui a la India en 1979 sin tener un gran interés en el país -mi pasión era la literatura europea- y porque, sinceramente, iba la chica que me gustaba", revela por videollamada. "Allí, en un cajón de una mesita de noche de una habitación de hotel, igual que en EEUU encuentras la Biblia de los Gedeones, encontré una gîtâ, que no sabía ni lo que era. Hojeé el primer capítulo y me pareció de lectura imposible, porque todo eran nombres y el inglés en el que estaba redactado era horroroso. Así que la dejé donde estaba. Sin embargo, otro día estaba viajando en tren y vi a un hombre de pie leyendo el periódico. En una página me tropecé con una cita que me gustó mucho. Me provocó una especie de disonancia. ¿Cómo aquel libro tan malo del hotel podía contener una cita tan buena?Eso despertó mi curiosidad".

Y prosigue: "Lo busqué, lo empecé a leer en traducciones inglesas y me empezó a gustar. Un día lo tenía entre las manos en Pushkar y no sé qué pasó... Fue como una revelación. Leí un verso -seguía sin saber nada de sánscrito- y me golpeó. Me hizo cambiar mi perspectiva de vida. Tenía 20 años y sólo quería viajar por el mundo, algo típico de la época. Aquello me hizo darme cuenta de que en realidad mi naturaleza era la de un ratón de biblioteca y de que tenía que volver a la universidad. Mi futura mujer me regaló en Barcelona un manual de sánscrito, lo empecé a estudiar por mi cuenta, volví a la India para estudiarlo... y hasta aquí".

Pujol es el actual director del Instituto Cervantes en Fez (Marruecos) tras ser el que inauguró la sede de Nueva Delhi y estar al frente de la misma durante una década (2007-2012 y 2019-2024). En 2002 contribuyó a la fundación de Casa Asia en Barcelona, de la que fue director de Programas Educativos un lustro y desde donde promovió la enseñanza de idiomas asiáticos en universidades españolas. Incluyendo, por supuesto, el sánscrito, en cuyo aprendizaje invirtió década y media en Benarés.

"Siempre digo que para aprender sánscrito tienes que cruzar las procelosas aguas de la gramática, en las que muchos naufragan porque realmente supone un esfuerzo inicial intenso", reconoce. "Yo dediqué cinco horas diarias de estudio a la gramática y pude cruzar esas aguas en un año. Cuando se planteó la posibilidad de hacer el diccionario, tuve que dedicarle 10 horas al día. Me dejé las pestañas".

¿Por qué puede ser interesante tener unas nociones básicas de sánscrito en 2025 sin que suene a postureo?
Es una lengua muy interesante por diferentes motivos. De entrada, lo que se ha conservado en sánscrito es varias veces superior a toda la literatura grecolatina, tanto en cantidad como en variedad. Hay de todo: desde lo relacionado con el sistema de numeración decimal a la domesticación del elefante, pasando por las cosas más peregrinas que te puedas imaginar, como la interpretación de la forma de miccionar. Tienes a Maquiavelo hace 2.000 años. Tienes los conceptos de no violencia, compasión e igualdad. Los occidentales pensamos que somos nosotros los que inventamos la democracia y los derechos humanos, y eso es una falacia. El primer alegato contra la pena de muerte está en el Mahbhrata...
¿Algo más?
La lingüística moderna no existiría sin el sánscrito. Todos los términos que emplea en la actualidad la fonética -oclusivo, palatal, labial- son traducciones del sánscrito de hace 3.000 años. Chomsky y De Saussure admiraban la gramática de Panini. Y ni siquiera voy a entrar en lo que es la neurociencia... Siempre digo que en estos textos te explican cómo funcionan y qué hay que hacer frente a los grandes males que sufrimos hoy: la depresión y la adicción. En fin, aprender sánscrito abre las puertas de un continente increíble. Realmente enseña a ver la vida de manera diferente.

Cuenta el coautor de Rasa. El placer estético en la tradición india (2006), escrito con su amiga la Premio Nacional de Poesía e indófila Chantal Maillard, que esta revitalización del sánscrito esconde una paradoja. Originalmente, el interés europeo por él procedía de entornos hiperespecializados como el de los lingüistas. En 1876, la Universidad de Madrid creó la primera cátedra de sánscrito. "Era considerado tecnología punta", apostilla Pujol. Luego el interés académico viró hacia lo religioso. Éste acabó por decaer y el primero afronta un cataclismo en toda Europa.

"Las filologías están en crisis, todas ellas. Sin embargo, ahora está aflorando el interés por el sánscrito gracias a los practicantes de yoga y a un público generalista. Cuando estaba en Delhi me contactó un grupo de latinoamericanos que estaban estudiándolo porque querían 50 ejemplares de mi Diccionario Sánscrito-Español y no los encontraban por ningún sitio", comparte el especialista al que, en pleno confinamiento, no se le ocurrió otra cosa que embarcarse en una traducción nueva en verso libre de la Bhagavadgîtâ (2023). Ahora está haciendo lo mismo con el Mahbhrata. "Es una locura, como 10 veces la Odisea y la Ilíada juntas", resopla.

Conviene precisar que no todo lo relacionado con el sánscrito invita a mirar al pasado. Se ha acuñado la expresión Lingüística Computacional Sánscrita para referirse a los seminarios que cada año se celebran en diferentes partes del mundo y a los artículos que se publican sobre el tema. El sánscrito, por ser una lengua muy sistemática, es idónea para leste área.

Kulkarni y Huet publicaron un trabajo de investigación específicamente sobre Lingüística Computacional Sánscrita a raíz de los dos primeros simposios: el de 2007 en París y el de 2008 en Providence (Rhode Island, EEUU). "Si bien antes se habían realizado esfuerzos para desarrollar herramientas computacionales para el sánscrito y para estudiar el Adhyyi desde una perspectiva computacional, fue la conferencia en Francia la que reunió a todos los investigadores que trabajan en estas áreas, incluyendo pandits [maestros] indios versados en la tradición", recuerdan estos expertos.

"Los principales esfuerzos se dirigieron, y siguen dirigiéndose, al desarrollo de herramientas computacionales para comprender los textos sánscritos. Inicialmente, el énfasis estaba en la construcción de sistemas expertos utilizando las reglas gramaticales proporcionadas por la gramática de Panini. Sin embargo, la tendencia actual se orienta hacia el uso del aprendizaje automático, los grandes modelos lingüísticos y también agentes conversacionales similares a ChatGPT. Recientemente, ha habido un auge de diversas aplicaciones en plataformas como Apple Play Store, Google Play Store, Telegram, etc".

Òscar Pujol se queda unos segundos en silencio cuando se le pregunta qué piensa de que la cita atómica de Oppenheimer haya sido durante décadas lo único conocido del sánscrito lejos de la India. "Dice mucho de la forma en que se ha difundido la literatura sánscrita en Occidente, a través de traducciones en inglés que no empezaron a ser buenas hasta después de la Segunda Guerra Mundial", matiza. "Pero también habla de lo ignorante que ha sido Europa. Los indios, como otros pueblos, tuvieron que aprender la cultura y la ciencia occidentales. Nosotros no hicimos ese camino a la inversa, y eso nos ha empobrecido. Por eso estamos como estamos ahora. Nos creemos los más cosmopolitas y tenemos un problema de provincianismo. Hay tantas cosas que ignoramos...".

Y antes de despedirse, recuerda: el ebook más pirateado en internet en 2009 estaba escrito en sánscrito. Fue el Kama-sutra.