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Vuelven los Pecos: "En las habitaciones de hotel nos encontrábamos a chicas escondidas en el armario o debajo de la cama"

El dúo que volvió locas a tantas adolescentes hace 45 años regresa para despedirse de sus fans con una gira por España en 2025. Se dijo que Adolfo Suárez les apoyaba, compartieron cartel con Police y Dalí quiso conocerlos. "La fama me parecía un coñazo, hoy no podría soportarla".

Javier y Pedro Herrero Pozo, los Pecos.
Javier y Pedro Herrero Pozo, los Pecos.ÁNGEL NAVARRETE
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Son las dos caras de una misma moneda. Dos hermanos. Dos pelazos de antaño: uno rubio y otro oscuro (distinción que hace la propia Wikipedia). Carnaza hormonal de la Súper pop para ellas, dardos de veneno para ellos. Una voz aguda, otra grave. Un Guadiana que aparece y desaparece. Los Zipi y Zape de la Transición. Un dúo capaz de compartir escenario con Police y tocar en las fiestas de un pueblo de Castilla entre pasodobles y torreznos.

Pecos, los Pecos para todos, están de vuelta porque quieren despedirse a lo grande. Por eso lanzan una llamada a aquellas quinceañeras que les pedían mechones de pelo y un poco de pelvis y que hoy son sexagenarias con hijas y nietas. Javier y Pedro, los hermanos Herrero Pozo, empezarán su gira en Madrid el próximo 23 de marzo y, en principio, la cerrarán en octubre, en Barcelona.

En sus conciertos sonará lo de siempre, para qué inventar, ya que en el mercado de la nostalgia no hay sorpresas. Háblame de ti, Acordes, Esperanzas... No hay que olvidar que Pecos ha vendido a lo largo de una larga carrera con dientes de sierra más de cuatro millones de discos. Ya lo dice el título de su gira: Dos voces y una historia.

Las voces habrá que ver cómo están, pero la historia es muy buena. Por eso quedamos con ellos para que nos la cuenten al alimón, como hacen los bien avenidos en una reunión familiar.

Pregunta. ¿Es el último baile de los Pecos?

PEDRO HERRERO. Es una despedida con la que queremos dar las gracias a toda la gente que nos ha seguido durante tanto tiempo.

P. El revival ochentero parece que no cesa en el mundo de la cultura.

P.H. Lo que pasa es que la música de los 60, 70 y 80 ha dejado en la gente una huella que no ha dejado la de las primeras décadas del 2000. Ahora la música se consume demasiado rápido. Internet quema una canción en una semana.

JAVIER HERRERO. Antes tardabas un año en preparar un disco. Se daba tiempo a la gente para que se aprendiera las letras. Todo eso ha cambiado. Cuando empezamos, la radio tenía todo el poder. Y qué decir de la tele, que sólo era la pública: te veían 20 millones de telespectadores. Si lo hacías bien, triunfabas, y si no gustabas, estabas acabado. Nosotros salimos en Aplauso y nos hicimos famosos de un día para otro.

P. ¿Cómo os sentís en una época en la que los jóvenes prefieren la música urbana, con el reguetón a la cabeza, por encima del pop?

P.H. Lo que pasa es que el reguetón es para un público más concreto, de una edad particular. Nuestro pop, como el de Alejandro Sanz o el de Hombres G, es para todo la familia. Hemos tocado en muchas plazas de pueblo y comprobado que hacíamos una música para todos. No tiene un perfil concreto, tampoco una afinidad política o una franja de edad determinada. Por eso varias generaciones la disfrutan.

P. Resulta cachondo que vuestros inicios musicales fueran versionando temas de canción protesta.

J.H. Siendo niños tocábamos canciones de Víctor Jara, que no entendíamos, porque era lo que estaba entonces de moda. Pero muy pronto empezamos a componer nuestras propias canciones y hacer un tipo de música que no tenía nada que ver con la política.

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P. Cuando empezáis, la plaga de la heroína está diezmando a una generación de jóvenes. ¿Cómo se veía desde vuestro barrio, San Cristóbal de los Ángeles, que era uno de los más humildes de Madrid?

P.H. Muchos amigos sufrieron tanto la heroína como el sida. Tuvimos suerte porque saltamos muy jóvenes al mundo de la música y escapamos de todo aquello, aunque nos metimos en un mundo en el que también había de todo, pero estábamos muy centrados...

J.H. Lo que pasa es que no paramos de trabajar, de hacer promoción, de viajar. Así conseguimos escapar e esos peligros.

P. Os convertís de repente como en los niños bonitos de la España de la Transición. Hay incluso un rumor que apunta a que fuisteis promocionados por Adolfo Suárez.

J.H. No conocimos a Suárez ni estuvimos en La Moncloa. Sí nos contó Capi [productor que los llevaba y que fue también descubridor de Alejandro Sanz] que habló con una actriz que era amiga de Suárez para que le contara que éramos unos chicos de barrio que estábamos triunfando, que éramos un ejemplo para los jóvenes. Él contaba eso, pero nosotros no lo vimos. Lo que sí es cierto es que en un determinado momento pasamos de salir sólo en revistas de adolescentes y del corazón a protagonizar artículos en publicaciones de otro perfil, como Tiempo y Cambio 16.

P. Se llegó a decir que habíais recibido cartas de ETA.

P.H. Nosotros no llegamos a ver ninguna, pero sí nos dijeron que había llegado una. La primera vez que oí eso fue dos o tres días antes de un concierto en Bilbao. Supongo que estas misivas en esos tiempos las recibía mucha gente. Desde empresarios a cantantes y futbolistas.

El dúo en 1979, cuando son un super fenómeno.
El dúo en 1979, cuando son un super fenómeno.EFE

P. Erais una fuente de noticias inagotable. Se os atribuían romances, como el de Javier con Ana Torroja, de Mecano. ¿Se mentía mucho sobre vosotros?

J.H. Creo que la era de los bulos nace con nosotros (Risas). Era increíble. Con Ana Torroja habíamos coincidido en un concierto de Manzanita que organizaban los de nuestra discográfica, nada más. Se publicaban muchas mentiras.

P. Vuestro público eran sobre todo chicas adolescentes. ¿Se os daba alguna directriz de comportamiento o marketing para mantener la expectación?

P.H. No, ni respecto a las chicas, ni tampoco se nos pidió explotar cierta ambigüedad para con el público gay. Para bien y para mal éramos nosotros mismos...

J.H. La naturalidad era el éxito de Pecos.

P. Os acusan de ñoños cuando vosotros lo que realmente queríais era haber sido estrellas del rock.

J.H. Cuando escuchaba a Roger Hodgson, de Supertramp, se me saltaban las lágrimas. También me gustaba mucho el cantante de Yes, que tenía una voz aguda. Es que en los 70 se hacía una música increíble.

P. ¿Habéis imaginado cómo habría sido vuestra vida con redes sociales?

P.H. La fama que conocimos era impresionante, no necesitábamos más... A mí sinceramente me parece un coñazo de cojones. La verdad es que la llevaba mal. Hoy no podría haberla soportado. A mí del mundo de la música, lo que me gustaba era la música, no la farándula. Yo me caso a los 22 años y puedo decir que en cierta manera estaba hasta los huevos de ella. La fama tiene que ser el resultado de lo que has hecho. Ahora mismo puedes ser famoso por cualquier barbaridad o tontería que hagas en las redes sociales. Yo no tengo ninguna cuenta en ninguna de ellas. No me interesan nada.

P. Erais unos críos que apenas podíais salir a la calle. Nadie os había preparado para un impacto tan brutal. ¿No afectó a vuestra salud mental?

J.H. A mí me entró cierta paranoia porque creía que todo el mundo me perseguía, lo que era de cierta forma verdad. En esa época no había móviles, pero te podían llamar a casa. Vivimos una época muy bonita, de conciertos, viajes, pero fue también dura.

Pecos, en un concierto en 1977.
Pecos, en un concierto en 1977.

P. Supongo que semejante presión, como le sucede a los futbolistas de élite, obliga a madurar a mucha velocidad, mucho más rápido que cualquier chico de vuestra edad.

J.H. No te lo puedes ni imaginar. Tienes que tener los pies en el suelo, porque es muy fácil caer en cualquier cosa. Todo lo tienes a mano y además cuentas con poder adquisitivo. Además, hay mucha gente que se arrima a ti, interesada.

P. Generasteis mucho dinero, ¿estabais bien asesorados financieramente?

J.H. Lo mejor en ese sentido era contar con nuestra madre.

P.H. Siempre tuvimos más de lo que necesitamos. No veníamos de un ambiente opulento, al contrario. Yo he sido pobre y rico tantas veces que ya me da igual. Me adapto a lo que sea. Ahora sí querría ayudar a mis hijos, que viendo cómo está el patio cualquier ayuda para que tengan independencia es importante. Si puedo echarles una mano, pues cojonudo.

P. Os hacéis tan famosos que hasta Salvador Dalí quiere conoceros.

P.H. Nos lo dijo un famoso periodista de Abc que tenía mucha relación con él. Acabábamos de grabar nuestro primer disco y quería conocernos. Creo que era más bien como una revancha con Gala, su mujer, porque ella había flirteado o tenido un rollo con el actor de Jesucristo Superstar. Flipamos en colores. Nos encontramos en el hotel Palace, que era donde Dalí se alojaba en Madrid. Lo divertido es que en privado era una persona completamente normal. Sólo cuando había público o periodistas se convertía en el Dalí, el personaje.

J.H. Cuando de repente apareció Gala, Dalí nos hace ponernos en pie y aplaudirla. Fue flipante.

P. En el Festival Viña del Mar de 1982 compartís cartel con Raphael y ¡con Police! ¿Qué tal la relación con la banda de Sting?

P.H. Raphael iba por libre, pero Police y nosotros viajábamos juntos en el mismo autobús. No hablábamos inglés ni ellos español, pero nuestros músicos sí tuvieron relación con la banda y hablaban de música. Fue una experiencia increíble.

"Dalí en las distancias cortas era una persona completamente normal, que en público se transformaba en su personaje"

Pedro J. Herrero

P. En uno de vuestros conciertos fallece una chica y hay seis heridos. ¿Qué sucedió?

J.H. Es algo que se publicó, pero hay que aclarar que no era un concierto nuestro, sino de Los 40 principales. Participamos varios grupos y se celebró en Barcelona. Lo que pasa es que la organización vendió más entradas de las que debían. Al día siguiente nos encontramos con titulares en la prensa que decían Pecos, asesinos o Los Pecos matan. Se dijeron auténticas barbaridades y no tuvimos nada que ver con la organización ni con ese suceso trágico.

P. ¿Cuál es el momento fan más loco que habéis vivido?

J.H. Cuando llegábamos a la habitación del hotel y te encontrabas con chicas escondidas en los armarios o debajo de la cama. No sé cómo se colaban.

J.H. A mí me molestaba mucho cuando llegábamos de madrugada de un concierto, agotados, y a las seis de la mañana las mujeres de la limpieza nos abrían la habitación para pedirnos un autógrafo. Mira que había madrugado cuando trabajaba de barnizador, pero eso era tremendo. En una ocasión recuerdo pasar mucho miedo, cuando, en un tumulto de gente, vi que había chicas que sacaban unas tijeras del bolso para cortarnos mechones de pelo. Había tanto jaleo que nos podían haber sacado un ojo.

P. Erais venerados, pero tenías también muchos haters.

J.H. Ellas nos adoraban y sus novios nos detestaban con la misma pasión. No les sentaba bien que sus parejas tuvieran un póster nuestro en su habitación. El mundo fan es tremendo. Cuando alquilábamos un coche para ir a un concierto, te lo encontrabas luego sin matrícula y sin parabrisas... Se llevaban todo para coleccionarlo.

P.H. A mí me robaron el timbre de mi casa varias veces.

P. No hay duda de que triunfasteis, pero no sé si vuestro sueño de ser estrellas del rock hubiera sido posible. No protagonizasteis escándalos y fuisteis muy comedidos. Poca leyenda rockera.

P.H. Para un periódico somos aburridísimos (se ríe). Pero hemos hecho lo que nos ha dado la gana en cada momento. Eso no nos lo quita nadie.

J.H. Somos unos sosos de la hostia.