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El Mundo en 2026
Medio ambiente

La guerra fría del clima: La lucha de poder entre 'petroestados' y 'electroestados'

El eje político negacionista liderado por EEUU, Rusia y Arabia Saudí buscará sabotear en lo posible cualquier acción importante contra el cambio climático

Incendio forestal en Melón, en la provincia de Ourense, el pasado 18 de agosto.
Incendio forestal en Melón, en la provincia de Ourense, el pasado 18 de agosto.Rosa González
Actualizado

Los últimos 10 años han sido los más calurosos desde la era preindustrial y el 2025 ocupará el segundo lugar en los registros, justo después del 2024. España soportó en el verano los incendios más devastadores de los últimos 30 años y Europa, el continente que más se calienta, se derritió durante la ola de calor prematura del mes de junio. El año se ha cerrado con las dramáticas escenas de las inundaciones causadas por las lluvias torrenciales que se han cobrado cientos de víctimas en Indonesia, Tailandia y Sri Lanka.

El 2026 arranca entre tanto con claroscuros sobre la acción ante el cambio climático, tras el resultado no precisamente alentador de la COP30 de Belém (Brasil), que decidió aparcar hasta nuevo aviso la hoja de ruta para el fin de los combustibles fósiles. «Esta cumbre ha dejado en evidencia la verdad: todos los esfuerzos que hemos hecho hasta ahora han sido insuficientes», sentenció la ministra brasileña de Medio Ambiente Marina Silva. «La realidad demuestra que seguimos haciendo menos de lo necesario, pero al menos hemos podido mantener la conexión durante los últimos 30 años. Si no tuviéramos el Acuerdo de París y todo el trabajo que le precedió, el planeta avanzaría hacia un calentamiento de cuatro grados».

Las últimas proyecciones sitúan el aumento de la temperatura global entre 2,3 y 2,5 grados de aquí a fin de siglo. El listón de 1,5 grados puede quedar definitivamente atrás en esta década, pero las espadas siguen en alto ante la COP31 que se celebrará este año en Antalya (Turquía), con la presencia de cientos de lobistas del petróleo y la ausencia de Estados Unidos, dispuesto a dinamitar cualquier posible acuerdo desde fuera.

Pese al descafeinado acuerdo final, la COP30 sirvió al menos para mantener viva la llama del multilateralismo y para impulsar la Coalición para una Transición Justa para Alejarse de los Combustibles Fósiles, integrada por cerca de un centenar de países (España entre ellos). La primera conferencia internacional de este apéndice de la COP se celebrará el 28 y 29 de abril del 2026 en Santa Marta (Colombia), un puerto emblemático por su papel en las exportaciones de carbón.

«Tenemos que aprovechar el impulso, liderar con valentía y formar una auténtica coalición de voluntarios», declaró Irene Vélez Torres, ministra de Medio Ambiente de Colombia, tirando del carro de la transición junto a Países Bajos. «Queremos invitar a las ciudades, a los gobiernos locales, a los pueblos indígenas, a las ONG y a las empresas a subirse a una plataforma multisectorial para avanzar hacia una reducción progresiva de los combustibles fósiles».

Los impulsores de la coalición de voluntarios aseguran que la cumbre de Santa Marta será «complementaria» y que no rivalizará con el proceso de las COP. Varios analistas advierten sin embargo que estamos posiblemente en un punto de inflexión al cabo de 30 cumbres del clima, y posiblemente en una escenificación de la incipiente guerra fría energética, con el mundo dividido entre los petroestados (resistentes al abandono de los combustibles fósiles) y los electroestados (empeñados en acelerar la transición ecológica).

Cumbre del Clima

La COP30 dejó también en evidencia la existencia cada vez más palpable del llamado eje de la obstrucción, en palabras del economista británico Michael Jacobs. Este nuevo eje geopolítico estaría encabezado desde fuera por Estados Unidos y, desde dentro, por Arabia Saudí y Rusia. El objetivo sería sabotear en lo posible la acción ante el cambio climático, considerado por el presidente Trump como «la mayor estafa del siglo», a pesar de los episodios de clima extremo que castigaron EEUU en el 2025.

«El resto del mundo está harto del negacionismo y de los retrasos», fue la lectura del ex vicepresidente Al Gore de lo ocurrido en la COP30. «En última instancia, las industria de los combustibles fósiles y sus aliados acabarán perdiendo poder. Hoy por hoy, son capaces de vetar el lenguaje diplomático, pero no pueden vetar la acción en el mundo real».

La guerra fría energética confluirá a lo largo del 2026 con la guerra cultural en las ciudades, donde está ganando terreno la resistencia a la transición ecológica promovida por los partidos de derecha europeos. Berlín se ha convertido en uno de los primeros campos de batalla de la regresión climática, con las medidas adoptadas por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en defensa de los derechos de los automovilistas, volviendo a subir la velocidad máximas en las calles y suspendiendo los proyectos de peatonalización.

París, por ejemplo, es la ciudad que ha liderado en la última década la transición ecológica en Europa con la peatonalización de las riberas del Sena, el impulso a la bicicleta y la creación de calles-jardín. Serán las elecciones municipales del 2026 un test del giro verde emprendido por la alcaldesa gaditana Anne Hidalgo. La perspectiva de la elección de una nueva alcaldesa de la derecha como Rachida Dati puede suponer una marcha atrás en esta tendencia. Tal como se ha visto a nivel estatal con el voto de la Asamblea Nacional a favor de la supresión de las zonas de bajas emisiones y la campaña contra las energías renovables, rebautizadas como «energías intermitentes» por Marine Le Pen.

En el Reino Unido, entre tanto, el líder de Reform UK, Nigel Farage, ha proclamado sin rodeos que el abandono de la meta de emisiones cero para 2050 será «nuestro nuevo Brexit». La líder conservadora Kemi Badenoch ha ido incluso más allá y ha anunciado que su partido propondrá la renuncia a la Ley de Cambio Climático que impulsó el propio David Cameron en 2008 y que fue aprobada casi por unanimidad.

Las encuestas confirman entre tanto que la preocupación por el medio ambiente es sustituida por la inquietud por la situación geopolítica y por el riesgo de los conflictos armados. Pero la realidad económica ha marcado ya una clara tendencia en el año que ahora acaba: las inversiones en energías renovables han duplicado a las inversiones en combustibles fósiles, la electricidad generada con las placas solares y las turbinas eólicas ha superado por primera vez a la del carbón y la mitad de la nueva capacidad eléctrica de India y China -los dos países más poblados del planeta- fue baja en carbono.