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En camisa de once varas:

María del Monte: "¿Acaso a mí un hetero se me presenta como un hetero? Parece que el colectivo cargamos una obligación extra y tenemos que llevar una cartilla especial con nuestra orientación"

'Reina' de las sevillanas, pertenece a una especie en peligro de extinción, esa 'rara avis' españolísima llamada folclórica. Su 'improvisada' salida del armario hace tres años abrió los informativos y rompió todos los techos de cristal. Ésta es su vida

María del Monte: "¿Acaso a mí un hetero se me presenta como un hetero? Parece que el colectivo cargamos una obligación extra y tenemos que llevar una cartilla especial con nuestra orientación"
FOTO: JAVIER BARBANCHO
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Tiene usted toda la pinta de que ya salió cantando del útero de su santa madre. Como el respirar, vamos.
Mis padres cantaban muchísimo y yo, a la vista está, también. Y notaba que a la gente le gustaba. Y además cobraba, ¿eh? Cuando me pedían que cantase y me daban cinco duros, pensé: «Ostras, esto mola». Y ya no lo hacía sin poner la mano. «¿Queréis que cante? Pues mis cinco duros».
Vio rápido el filón.
En mi vida todo me ha llegado por casualidad. Unas compañeras del colegio me dijeron que había unas pruebas para no se qué, y allí que nos fuimos. «Ésta canta muy bien», decían todas, señalándome. Me subieron al escenario con un pianista, canté Rojo clavel, y a las dos semanas recibí una carta de Televisión Española diciéndome que me habían seleccionado para un concurso.
Y el resto es historia.
Me desilusioné, porque yo pensaba que aquello iba a ser llegar y besar el santo; que te ponían una banda y ya te coronaban como artista. Menuda ilusa. He tenido que picar, y no sé hasta cuándo seguiré picando, muchísima piedra. Toneladas.
¿Cuánto hay de mito y cuánto de verdad en esa fantasía de la competencia voraz entre folclóricas?
R. Hay una cosa que yo he escuchado hasta la saciedad que es lo de la mano negra que impide que uno triunfe y bla, bla, bla. Yo me he dedicado a recorrer mi camino, a regar mi parcelita y a recoger mis frutos sin meterme en el terreno de nadie.
La fama cuesta, que decían...
La fama es un perfume que se va con una ducha.
Y ha salido airosa en un mundo de hombres.
El primer día te puede sonar la flauta y hay que tener la suerte de estar en el sitio adecuado y la hora correcta. Pero después hay que mantenerse 30 años. Yo no he salido de fiesta jamás, no he bebido alcohol... Cuando empecé, en este negocio sólo existían grupos masculinos, nada de solistas. Incluso un señor de una compañía de discos me llegó a decir, por el simple hecho de ser mujer, que yo no servía para cantar sevillanas.
¿Se permite caerse de vez en cuando? ¿Cómo trabajamos la salud mental?
Por avatares de la vida, no hace mucho pasé por una época muy fuerte que todo el mundo ha visto en las noticias. Te juro que lo intenté, pero me di cuenta de que yo sola no podía y tuve que ponerme en manos de profesionales. Y con mucho trabajo he conseguido salir adelante.
Habrá pasado usted sus vacas flacas... Lo de que le entreguen a una 13 discos de platino en una sola noche supongo que ya es historia.
Es que yo soy muy talibana, muy curranta, y me he metido en unos berenjenales tremendos. Si tengo que ir a una tertulia de televisión, voy. ¿Que tengo que meterme a monologuista? Pa'lante. Si algo me seduce, me tiro de cabeza. Ahora bien: si no me gusta, no vas a tener dinero para pagarme.
¿Le ponemos algún pero a esta profesión suya tan particular?
La soledad del después. Cuando estás enfrente de miles de personas, con la adrenalina a tope, y de repente, pasas al silencio de la habitación de un hotel cualquiera, o de tu propia casa. Es un contraste tremendo, un golpetazo, al que no me acostumbro.
Le tengo que preguntar por aquel pregón del Orgullo de Sevilla y su salida del armario, porque si no me van a despedir. ¿Cómo surgió?
Yo jamás llevo un papel cuando tengo que hablar en público, o cuando tengo que presentar un programa de televisión. No llevo guion, porque creo en la espontaneidad. No somos Inteligencia Artificial. Surgió así.
Pues menudo arrebato.
Desde el escenario vi a un matrimonio con su hijo, que debía de estar con su novio porque ambos chavales se dieron un pico. Y pensé: «Ostras, han venido sus padres para dar apoyo a su hijo, para que no esté solo, como si tuviera que pedir permiso. ¿De verdad que esto está pasando?». Y salí como una leona.
Una salida del armario como Dios manda. Fue también una forma de darle su espacio a su pareja..
Mi pareja ha tenido su espacio siempre. Y otra cosa: yo jamás me quité ninguna mochila, porque no la tenía. Hice lo que me dictó el corazón, porque el corazón se equivoca poco. Y si se equivoca, se le perdona. Pero tampoco entiendo el revuelo. Es que yo nunca he mentido; jamás me habrás visto a mí con un señor de dos metros al lado diciendo que era mi pareja. ¿Por qué tengo yo que confirmar nada? ¿Acaso a mí un hetero se me presenta como un hetero? Parece que en el colectivo cargamos con una obligación extra, como si tuviésemos que llevar una carta especial con nuestra orientación.
Tres años después, ¿cuál es el termómetro en la calle? Porque a Mick Jagger se lo perdonamos todo, pero las sevillanas apuntalan un territorio más bien conservador...
El cariño que recibo es exactamente igual, o mayor. Es cierto que la gente lo intuía y a nadie le ha cogido de sorpresa. No hace mucho me vino un chaval con 20 años, me abrazó emocionadísimo y no paró de darme las gracias. «María, voy mucho a merendar con mi abuela, porque me encanta estar con ella», me contó. «Pero tengo un novio y siempre había pensado que no lo iba a entender. Y a raíz de lo tuyo, me dijo: '¿Tú no tienes un chiquillo por ahí? Pues vete a merendar con él y estate tranquilo'».
¿Le preocupa que, en los tiempos que corren, el colectivo pierda parte de los derechos conseguidos?
Para atrás ni para coger impulso. Y a nuestros detractores, lo único que les digo es que tengan cuidado, porque a lo mejor a quien le están cercenando sus derechos, para el día de mañana, es a un hijo, a un nieto, a un hermano...
¿Es España un país mejor que antes para las cosas del vivir?
R. Antes los trabajos eran más precarios, la mujer no estaba introducida en el mundo laboral... Pero la gente tenía un techo bajo el que dormir. Cuando nuestros padres han tenido casa y los jóvenes no pueden tener la suya, algo falla. Y no hablo de ideologías, porque a mí hay políticos de todos los colores que me gustan y me disgustan. De hecho, a veces pienso: «Si hubiera un Gobierno con Fulanito y Menganita...». Pero es imposible, porque se llevan a matar y parece que lo único que les importa es el sillón.
Me está dando muchos titulares...
Es que nos hemos vuelto una sociedad con la piel muy fina. Tenemos que estar en alerta de lo que decimos y lo que no decimos, porque a la mínima se monta un pollo que no veas. Pero sí, yo pienso mucho en voz alta. Y sobre todo, me doy la satisfacción de, si he decirte algo, decírtelo yo. Nunca por detrás.
¿Qué le puede fastidiar el día a María del Monte?
Que me mientan. Eso me mata, porque soy muy buena tauro. Y sé perdonar, pero no olvido. Mi perdón tiene memoria.
¿Por qué esa fobia a hablar de su vida privada?
En el momento en el que tú comercializas con tu esfera más íntima y dejas que entren en tu casa, se rompe una barrera muy peligrosa. Y yo respeto a quien lo haga, ¿eh? Tampoco soy un muro de hormigón; de hecho, acabo de contarte que me he puesto en manos de profesionales.
¿Cultiva alguna afición desconocida, y ya la dejo en paz?
Soy muy buena cocinera. Te hago lo que quieras, desde cuchareo a unas vieiras gratinadas que te mueres. Tengo un huertecito de dos metros y me encanta recoger mis tomates. No soy complicada: a mí quítame una discoteca, con ese ruido golpeándome el pecho, bum, bum, bum, ponme un buen libro en las manos... y seré feliz.