El 9 de septiembre de 2015, Jorge Mota participó en la cárcel de Martutene en el primer homenaje a los funcionarios de prisiones asesinados por ETA. Jorge es hermano de Ángel Jesús Mota Iglesias asesinado por un comando terrorista el 13 de marzo de 1990 por ser funcionario de prisiones en Martutene. Apenas nueve años más tarde, el Gobierno vasco facilitó que el cantante Fermín Muguruza y su banda celebraran dentro de la prisión la huida de dos etarras en 1985 ante la atónita mirada de los compañeros de Ángel Jesús Mota, uno de los funcionarios que trabajaba en Martutene cuando huyeron Joseba Sarrionandia y Joseba Pikabea. "Es vomitivo", ha reconocido Jorge Mota; víctima del terrorismo y cargo público del PP vasco en Gipuzkoa.
El 'Sarri, sarri' de Muguruza jaleado por una veintena de presos de ETA en el interior de Martutene ha indignado a víctimas y multiplicado el desánimo entre los funcionarios de prisiones. Alrededor de 60 trabajadores transferidos en octubre de 2021 se han apuntado al concurso de traslados para optar por plazas en otras prisiones españolas. "Indignación, asco, vergüenza", se repetían como expresión del estado de ánimo de los trabajadores de Martutene en sus grupos de redes sociales. Víctimas del terrorismo de ETA durante décadas -como constata el informe realizado por la Universidad de Deusto- sufren ahora la humillación de que el Gobierno vasco sea quien organice proclamas proetarras como el 'Sarri, sarri' interpretado por Muguruza.
"Es inconcebible", reconoce Jorge Mota que no esconde el desamparo de las víctimas ante un "acto cultural", según el Gobierno vasco, que contó con el visto bueno del director de la prisión. "No existe ningún tipo de arrepentimiento por los etarras y se permite que se celebre una huida de dos etarras que habían sido condenados", recuerda Jorge Mota. Presente siempre la memoria de su hermano, Mota recuerda que fueron tres los trabajadores de Martutene asesinados y del intento fallido de un cuarto el 16 de abril de 1997. Ángel Jesús Mota fue la primera víctima al acribillarle en marzo de 1990 en San Sebastián cuando esperaba a que su mujer cerrara la tienda en la que trabajaba. Mota tenía a su hijo en brazos cuando le dispararon a bocajarro.
José Ramón Domínguez fue asesinado en enero de 1993 cuando acudía a trabajar y el psicólogo Francisco Javier Gomez Elosegi también fue ejecutado con un disparo en la nuca por ETA el 11 de marzo de 1997 cuando acudía a su trabajo. Al menos Ángel Jesús Mota trabajaba en Martutene cuando Sarrionaindia y Pikabea huyeron escondidos en altavoces; la fuga que se coreó y bailó en la prisión de Martutene el pasado sábado. Pero hubo un cuarto funcionario del que no se quiso desvelar su identidad que salvó la vida de milagro el 16 de abril de 1997. Un comando etarra esperaba a Juan José Baeza para ejecutarlo en el polígono Olibet de Rentería. «Cuando se encontraba a su altura, sacó una pistola, y al darse cuenta de ello el funcionario echó a correr, disparando el procesado contra él varias veces, con ánimo de matarle, pero sólo le alcanzó con uno de los tiros en el cuello», explicó el fiscal del caso en su escrito de acusación. El etarra que intentó consumar el asesinato era Kepa Echevarria Sagarzazu que fue condenado a 30 años de cárcel. Su pena finalizaba en 2029 pero Etxerat anunció el 8 de marzo de 2019 que Echevarria Sagarzazu quedaba en libertad.
El informe realizado por el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto sobre el sufrimiento padecido por los funcionarios de prisiones en Euskadi incluye once recomendaciones. Tareas entre las que destaca el "promover el reconocimiento público del funcionariado de prisiones como personas estigmatizadas. Nadie debe quedarse atrás en la contribución a construir una sociedad justa, pero especialmente aquellas personas que padecieron el intento de ser silenciadas y marginadas". No consta como recomendación de los expertos de la Universidad de Deusto la organización de conciertos para jalear la huida de etarras en la propia prisión de la que se escaparon.
Mientras, víctimas y funcionarios revivían los asesinatos de sus allegados y la persecución sufrida, el lehendakari Imanol Pradales inauguraba una escultura en Bilbao. Pradales ha hecho un llamamiento a hablar a los jóvenes "sin tapujos ni complejos" sobre el pasado del terrorismo y la violencia en Euskadi para que las nuevas generaciones "no estén condenadas a repetir los mismos errores" en este acto protocolario.

