- Usted ha estudiado y trabajado en Estados Unidos, país que visita y que conoce bien. ¿Se esperaba que el segundo mandato de Trump fuera así de iconoclasta?
- Me sorprende el grado de ruptura en el que se encuentra Estados Unidos. Siempre pensé que esta segunda administración de Trump sería más radical, porque en su primer mandato no tenía el equipo preparado, en cambio ahora está rodeado de fieles. Pero no pensé que llevaría las cosas tan lejos. Creo que estamos en un punto tan crítico, para bien o para mal, como lo fueron el fin de la Segunda Guerra Mundial o la caída del muro de Berlín. Estamos en un cambio de época, eso es el regreso de EEUU al nacionalismo y al proteccionismo. Las políticas económicas arancelarias y proteccionistas van a tener un gran impacto mundial. Lo que está haciendo Trump es un claro ataque a las instituciones multilaterales. Avanzamos hacia un mundo multipolar y potencialmente más conflictivo en todos los aspectos. En general, no son buenas noticias para Europa, pero esta política de Trump acabará siendo negativa también para Estados Unidos porque para tener influencia, para mejorar la economía, se necesitan socios y alianzas.
- ¿Trump quiere cambiar las reglas del libre mercado, impulsar un nuevo orden mundial? ¿Ve riesgo de recesión global?
- Si la intención de Trump es provocar una recesión desde el poder político, me parece una apuesta muy arriesgada. Pero no sé decir aún hacia dónde va, todo es muy errático. Sí está incrementando la posibilidad de recesión, pero también de estanflación. Es decir, de provocar un decrecimiento o una rebaja del crecimiento con inflación. Los aranceles tienden a ser inflacionarios y más tenderán a que haya menos actividad económica. Por ejemplo, en la primera administración Trump pusieron aranceles al aluminio y así se favoreció a los productores americanos, porque pudieron subir un poco más los precios, pero a la vez perjudicaron a muchas más industrias que utilizan el aluminio. Así que el efecto neto fue negativo. Ahora la política de Trump está favoreciendo más a la bolsa europea que a la americana porque el mercado financiero nota la incertidumbre e inestabilidad que ha traído. Incluso empieza a estar un poco en duda que el dólar siga siendo la moneda de referencia mundial y de reserva.
- ¿Cómo debe actuar Europa ante el ataque arancelario de EEUU?
- La gran cuestión es si estos aranceles son una táctica negociadora, y por lo tanto pueden variar con el tiempo, o forman parte de una estrategia de largo recorrido. Por el momento parece que es más bien la segunda opción. Ante la política arancelaria, Europa debe reforzarse económicamente a partir de ahondar en su unidad política y fiscal. La obligación de la unanimidad de todos sus miembros para tomar cualquier decisión es una rémora. La UE necesita también ser más innovadora, invertir más en ciencia y, dado el clima político de EEUU, intentar que muchos de los científicos europeos que están allí trabajando regresen. Y tiene la asignatura pendiente de la Defensa, que es inexcusable.
- ¿Cómo debe actuar Europa ante el ataque arancelario de EEUU?
- La gran cuestión es si estos aranceles son una táctica negociadora, y por lo tanto pueden variar con el tiempo, o forman parte de una estrategia de largo recorrido. Por el momento parece que es más bien la segunda opción. Ante la política arancelaria, Europa debe reforzarse económicamente a partir de ahondar en su unidad política y fiscal. La obligación de la unanimidad de todos sus miembros para tomar cualquier decisión es una rémora. La UE necesita también ser más innovadora, invertir más en ciencia y, dado el clima político de EEUU, intentar que muchos de los científicos europeos que están allí trabajando regresen, y tiene la asignatura pendiente de la Defensa, que es inexcusable.
- ¿Y cómo puede y debe Europa financiar todas estas inversiones?
- Una buena manera sería mediante la emisión de eurobonos. Tendría una ventaja bastante grande: fortalecería al euro como moneda de reserva internacional frente al dólar. Crearía un activo seguro, que serían los eurobonos, un mercado profundo de este activo. De hecho, la falta de este mercado de deuda pública europea es una debilidad que tiene el euro. Una asignatura pendiente para que el euro se consolide. Naturalmente, para emitir eurobonos el grado de integración política de la UE debe ser mucho más elevado. El informe Draghi advertía, por ejemplo, de la urgencia de elevar la productividad y de la necesidad de invertir más en los sectores más tecnológicos e innovadores. Uno de los grandes problemas de Europa y de España es la baja productividad. Hay un informe previo al de Draghi, elaborado por las universidades de Toulouse, Bocconi y Múnich, que indica que Europa se puede quedar atrapada en la «trampa de la tecnología media». O sea, una tecnología que acaba siendo superada por la de grandes potencias como China o EEUU.
- ¿Por qué hay esa baja productividad, casi crónica, en España?
- Dinamarca es un país pequeño que tiene una alta productividad y grandes empresas internacionales. ¿Cómo lo ha conseguido? Pues teniendo un buen sistema educativo, manteniendo una competencia interna vigorosa, teniendo un mercado de trabajo flexible, con protección social, pero protegiendo al trabajador y no al puesto de trabajo. España debería mirarse en este espejo. Hay otro elemento: en EEUU, la financiación para empresas más arriesgadas e innovadoras se encuentra mucho más fácilmente que en Europa. La productividad depende mucho de que el mercado sea competitivo, eso impulsa a las empresas a mejorar.
- Respecto a la inteligencia artificial, ¿tiene sentido que Europa, que parte con retraso, invierta ahora para tener una IA propia o, como dice EEUU, es mejor que se sume y colabore con ella en su carrera con China?
- Debe claramente invertir, pero ha de hacerlo con inteligencia. A veces ser el segundo no es malo si sabes aprender de los errores y experiencias de los que van delante. Hay un gran debate sobre qué economías de escala son necesarias para desarrollar la IA. En principio, todo el mundo apunta a las grandes plataformas porque tienen gran capacidad de computación, tienen muchos datos y capacidad energética. Pero no es tan evidente. Ahí está la aparición de DeepSeek en China: con menos recursos ha tenido unos resultados muy buenos. Esto le demuestra a Europa que hay partido y debe invertir, ya que, además, tiene muy buenos científicos en todos los campos asociados con la IA. También hemos de decidir qué papel debe jugar la regulación. Europa normalmente lidera la regulación y quiere prevenir posibles usos no adecuados de la IA. Esto está bien, pero hay que ir con mucho cuidado para que la regulación no frene la innovación. Necesitamos que las empresas tecnológicas europeas crezcan y se desarrollen. La regulación y la protección a veces se vuelven en contra.
- La hostilidad de la Casa Blanca con Europa la puede estar empujando a China. Pedro Sánchez viajará en breve al país comunista. ¿Qué relación debe tener Europa con China?
- Debemos ser muy pragmáticos. La animosidad de la actual administración americana obliga a Europa a tener una actitud abierta con China, pero respetando los principios fundacionales europeos y los derechos humanos. No tengo ninguna duda de que la relación con China va a aumentar en los próximos años porque EEUU ha dejado el espacio libre, renunciando al soft power y negociando de manera muy transaccional. China también es muy transaccional, pero si al final estas relaciones deben ser puramente transaccionales, acabará beneficiando a China.
- La «motosierra» de Milei, el DOGE de Musk... ¿Qué opina de su doctrina de recorte drástico de las administraciones públicas?
- No tengo dudas de que hay margen para mejorar la eficiencia de nuestra administración pública. Y se debería hacer. La cuestión es cómo. El método utilizado por Trump y Musk parece que no está teniendo en cuenta las restricciones legales, algunos derechos personales. Reformar la administración pública es muy difícil, pero esa no es la manera. Respecto a Argentina, la herencia del peronismo ha sido tan mala que han decidido probar otra cosa, introduciendo mecanismos de mercado de manera muy directa. Es pronto para saber si la política de Milei funciona. Este tipo de reformas necesitan mucho tiempo para que tengan efecto.
- En España, por ejemplo, el número de funcionarios ha crecido mucho con Sánchez, a lo que hay que sumar la duplicidad de administraciones. Incluso muchos jóvenes dicen tener como objetivo laboral y casi vital trabajar para la administración pública. ¿Estamos ante un problema estructural y cultural español?
- También pasa en otros países europeos. El aumento de los funcionarios está relacionado con la eficiencia de la administración pública. Habría que pensarse muy bien las funciones de esta, qué nivel de recursos son necesarios... Parece evidente que tenemos demasiados niveles administrativos y que algunos se solapan: el ayuntamiento, los consejos comarcales, las diputaciones, etc. Se podrían racionalizar estos recursos e invertirlos donde sean necesarios. España tiene mucho campo de mejora.
- ¿Cuáles son los principales problemas de la economía española? El Gobierno de Sánchez sostiene un discurso triunfalista sobre la marcha económica, «¡como un cohete!», pero los datos de pobreza infantil, bajos salarios, precariedad laboral y paro juvenil son alarmantes.
- El principal problema es la baja productividad, que está directamente ligado al bienestar de la población. Hay que invertir en I+D, mejorar todos los ámbitos de la educación, hacer una economía más flexible. España todavía tiene una economía bastante dual, donde hay unos sectores dominantes con bajo valor añadido, como el turismo como gran exponente, y que proporcionan salarios bajos y no exigen mucha formación. Este es un círculo del que es difícil salir. No es necesario reducir el turismo, sí que crezcan más los sectores más dinámicos, exportadores e innovadores de nuestra economía. Esto ayudaría a aumentar nuestra renta per cápita, que ha bajado desde la entrada en el euro. Esta es la razón de la disociación del discurso del Gobierno, o del elogioso artículo de The Economist, con el sentir de la calle. Tenemos un crecimiento económico extensivo -que aguanta en buena parte por la llegada de mucha inmigración-, pero no intensivo y por lo tanto no repercute en muchos ciudadanos que cobran poco y no ven que mejore su nivel de vida.
- Hablemos de Cataluña. Los sectores empresariales y organizaciones como Foment, Pimec y el Círculo de Economía reclaman un modelo de «financiación singular». Si finalmente, como asegura ERC, es una suerte de concierto a la vasca, ¿cree que es sostenible para el modelo común español dado que el PIB catalán representa el 19% del PIB español?
- Me resulta muy difícil especular al respecto porque todavía no está definido lo que llaman financiación singular. No sabemos todavía cómo será. Lo que sí puedo decir es que sería bueno y deseable que adoptemos un sistema de federalismo fiscal, más parecido al que tienen Estados Unidos o Canadá. En este sistema, el Estado federal tiene unas competencias, las regiones tienen otras, y cada uno recauda los impuestos para llevar a cabo sus respectivas competencias. Es más claro que el español. Y es un modelo que preserva los buenos incentivos para la productividad y económicos en general. Con este modelo, incluso, se puede decidir que una de las competencias de ese Estado federal es asegurar un mínimo de servicios, sobre educación, sanidad, seguridad, etc., en todo el Estado. Solventando así el problema de la solidaridad. En cambio, en España actualmente tenemos un sistema de financiación confuso, que es asimétrico, con el País Vasco, Navarra o Cantabria, poco transparente, y que se tenía que haber reformado en el 2014. Realmente no está funcionando bien, provoca muchas distorsiones. Por eso, si la llamada financiación singular, que ha sido planteada por Cataluña, sirve para reformar el modelo en la dirección que he dicho, pues bienvenida sea. Será bueno para España. Necesitamos que el modelo de financiación sea más transparente y estoy seguro de que cuanto más se acerque al federalismo fiscal mejorará muchas cosas, porque es un sistema menos conflictivo.
- Respecto a esta idea del federalismo fiscal, el Banco de Sabadell esgrime para rechazar la OPA del BBVA que son una entidad muy arraigada a algunos territorios, especialmente Cataluña y Valencia, garantizando una descentralización bancaria. Y que, por consiguiente, es contradictorio que el Gobierno hable de descentralización política, mientras el modelo bancario español se puede centralizar en tres grandes bancos si se lleva a cabo la OPA.
- La cuestión importante es cuántos competidores son necesarios para que el mercado funcione bien y tanto los inversores como los consumidores estén bien atendidos. Hay una tensión, por un lado, en el mundo digital, que requiere grandes inversiones en plataformas, por ejemplo, lo que favorece las economías de escala y una cierta consolidación del sector. No solamente en España. Pero después hay un tema crucial respecto al Sabadell que es el crédito a las pymes y empresas más grandes. En su mayoría dependen del crédito bancario y prefieren la proximidad. La ventaja de la proximidad es que los créditos no solo se dan con unos parámetros, sino que hay una información blanda que implica una relación entre el banco y la empresa. El Sabadell está muy especializado en esto y hay un problema potencial de que con la OPA se deteriore este crédito. Supongo que la Comisión de Competencia lo tendrá en cuenta, porque se puede perjudicar al tejido empresarial catalán y de otras comunidades. En términos políticos, además, supondría para Cataluña una pérdida de decisión local.
- El regreso del Sabadell y de la Fundación la Caixa a Cataluña es vendido por Sánchez como un regreso a la normalidad tras los años convulsos del procés. ¿Lo comparte?
- Sin duda, es un síntoma de la normalización de Cataluña.
DNI
- Barcelona, 1955. Es doctor en Economía por la Universidad de Berkeley, director académico del Public-Private Sector Research Center de IESE y miembro de la junta directiva del Cercle d'Economia.
- Dirigió el Instituto de Análisis Económicos del CSICH. Premio Nacional Rey Don Juan Carlos I de Investigación.

