EDITORIAL
Editorial

Tiembla la economía global

Prolongar la incertidumbre sobre el alcance y la salida de la guerra de Irán amenaza el crecimiento mundial

Mapa del tránsito de barcos por el Estrecho de Ormuz. AFP
Mapa del tránsito de barcos por el Estrecho de Ormuz. AFP
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La guerra iniciada por EEUU e Israel contra la teocracia iraní ha entrado en una fase crítica ante la falta de claridad respecto a un plan político, diplomático y económico que acote sus objetivos, su duración y el escenario futuro. La incertidumbre en torno a la estrategia de Donald Trump y Benjamin Netanyahu aumenta el riesgo para la economía mundial y, de forma directa, para Europa. Las bolsas se estabilizaron ayer tras una fuerte sacudida en los mercados a principios de semana que evidencia el temor a que la operación militar -que se anticipaba corta y limitada- se alargue más de cuatro semanas y derive en un shock energético a gran escala.

Los inversores se han mostrado inquietos ante un escenario de estanflación, con un barril de brent que ayer escalaba hasta los 84 dólares y el gas europeo repuntando un 70% en pocos días. La interrupción prolongada del suministro energético desde el Golfo constituye un riesgo de carácter sistémico. Y el punto neurálgico es el Estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. Su bloqueo efectivo ha bastado para paralizar el tráfico marítimo, disparar las primas de los seguros y obligar a Qatar a frenar su producción de gas licuado por ataques directos a infraestructuras clave.

La ausencia de una hoja de ruta para desescalar el conflicto agrava el problema. Hasta ahora Washington ha demostrado una abrumadora superioridad militar, pero no concreta un plan para el día después. Prevalecen la confusión y la opacidad sobre los objetivos de la operación, su calendario o la estrategia de salida. La posibilidad de una transición automática a la democracia una vez eliminada la cúpula de los ayatolás es muy incierta, a falta de una oposición unida y con el sanguinario régimen acorralado pero dispuesto a regionalizar e incluso internacionalizar el conflicto para elevar su coste global y forzar un cambio de cálculo en Occidente. La estrategia iraní es erosionar la seguridad jurídica y la estabilidad operativa incluso a costa de autosabotear sus propias infraestructuras para provocar una fuerte disrupción económica. Y enquistar el riesgo para las monarquías del Golfo, cuyo mayor activo es su seguridad como destinos de inversión. Para Europa, las consecuencias pueden ser también graves. El repunte del gas amenaza con reactivar la inflación cuando el crecimiento es aún frágil, lo que precipitaría una subida de los tipos de interés en economías que aún tienen que digerir el ajuste energético de los últimos años tras la invasión rusa de Ucrania. La volatilidad financiera se sumaría así a la pérdida de competitividad industrial y al deterioro del poder adquisitivo de los europeos.

Cada día sin una vía creíble para la desescalada en Oriente Próximo acrecienta la incertidumbre económica en todo el mundo con un coste global por ahora incalculable.