PP y vox afrontan en Extremadura un test sobre sus vínculos cuyas consecuencias exceden a esta comunidad. El partido de Santiago Abascal, que cosechó 11 diputados en las elecciones autonómicas del pasado 21 de diciembre, tumbó ayer la investidura de María Guardiola. Sin embargo, la dirigente popular señaló que ve «muy cerca de cerrarse» un acuerdo que permitiría a esta región superar el bloqueo. Ambas fuerzas políticas, cuyas fricciones han sido particularmente acusadas en Extremadura, están llamadas a traducir el mandato de las urnas en un Gobierno estable. Una vez que el PP ha fijado un marco para forjar una alternativa a escala nacional, Vox tiene la responsabilidad de traducir el voto del descontento en una labor de gestión institucional.
La reciente llamada entre Alberto Núñez Feijóo y el propio Abascal, y el discurso de tono conciliador verbalizado por Guardiola en la Asamblea extremeña, han logrado rebajar sustancialmente la tensión que se había instalado entre las dos formaciones. A ello ha contribuido el ejercicio de pragmatismo de los populares a la hora de aceptar el grueso de las 23 exigencias formuladas por Vox, incluido el rechazo al acuerdo de Mercosur y el Pacto Verde. Vox también pide retirar las subvenciones a los sindicatos y la patronal, y oponerse al reparto de «inmigrantes ilegales». En todo caso, ninguna de sus propuestas desborda la legalidad. ni choca frontalmente con los valores inherentes al PP, el imperativo contemplado en su decálogo para allanar las negociaciones con una fuerza populista que tiende a posiciones maximalistas.
A falta de sellar un acuerdo, que podría pasar por un Gobierno en coalición o en solitario, mañana tendrá lugar la votación definitiva para investir a Guardiola. Si Abascal se mantiene en el no significará que antepone el tacticismo a la gobernabilidad en plena campaña en Castilla y León. Pese a ello, aún quedaría un plazo de dos meses para evitar una repetición electoral. Los recientes comicios han fortalecido tanto a Vox que el PP necesita a este partido de manera estructural. Es responsabilidad de ambas partes materializar un cambio estratégico que permita habilitar un espacio compartido de centroderecha.
