EDITORIAL
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Un desbloqueo audaz de Mercosur

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.EFE
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La decisión de la Comisión Europea de aplicar provisionalmente el acuerdo con Mercosur demuestra que Bruselas es capaz de sortear bloqueos internos y tomar decisiones audaces en un contexto internacional cada vez más hostil al multilateralismo y al comercio basado en reglas.

Europa avanza así hacia una autonomía estratégica fundamental para reducir la dependencia estratégica de los Estados Unidos de Trump y aumentar su competitividad frente a la autocracia china a base de diversificar sus alianzas económicas. Y lo hace asumiendo el coste político de desencallar en la Eurocámara un impasse impulsado por la extrema izquierda y la ultraderecha que buscaba congelar el pacto durante años al remitirlo a la justicia comunitaria no por las dudas jurídicas reales, sino por cálculo político. La Comisión ha evitado esa parálisis sin desautorizar al Parlamento Europeo, recordando que la provisionalidad es legal, limitada y reversible y usando un instrumento previsto en los Tratados: la aplicación temporal de un acuerdo mixto mientras el fondo jurídico se dilucida.

Mercosur trasciende la dimensión de pacto comercial para convertirse en una plataforma política de países que, pese a sus diferencias, comparten una visión abierta del mundo. En un escenario dominado por la lógica de las esferas de influencia -la del proteccionismo transaccional de Donald Trump y la del expansionismo económico de China-, la UE refuerza con él su credibilidad como socio sólido y fiable.

El acuerdo crea el mayor espacio de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores, y abre oportunidades claras para la inversión europea en una región clave. También permite ganar autonomía en sectores estratégicos, algo imprescindible tras la lección aprendida con la energía rusa y las cadenas de suministro asiáticas. Las salvaguardas agrícolas incluidas en el acuerdo desmienten, por otro lado, el alarmismo sobre una competencia desleal tolerada.

La puesta en marcha del pacto es, en definitiva, crucial para poner de relieve que Europa no se resigna a ser un actor pasivo mientras otros redibujan el tablero global.