EDITORIAL
Editorial

El PSOE empieza a agrietarse

La ausencia de autocrítica después de las derrotas en Extremadura y Aragón, y el desdén hacia figuras históricas como Felipe González o Javier Lambán, ha empezado a romper las costuras del círculo más próximo a Pedro Sánchez en un PSOE cada vez más bunkerizado

Óscar López, ministro de Transformación Digital, en el Congreso de los Diputados.
Óscar López, ministro de Transformación Digital, en el Congreso de los Diputados.EUROPA PRESS
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La ausencia absoluta de autocrítica después de los severos correctivos encajados recientemente en las urnas, y el desdén hacia figuras históricas como Felipe González o Javier Lambán, ha empezado a romper las costuras del círculo más próximo a Pedro Sánchez en un PSOE cada vez más bunkerizado. Si el PSOE pudo erigirse en coartífice de la democracia de 1978 y en alternativa de gobierno fue por su capacidad para pasar de ser una partido de minorías a otro de mayorías. Ahora, en cambio, recorre el camino inverso. Los socialistas emiten señales de haber entrado en combustión no sólo por su claro retroceso electoral, sino por su incapacidad para definir un proyecto sólido e integrador, asumir la crítica interna y fijar un discurso inmune a intereses tacticistas.

Las derrotas en Extremadura y Aragón -en este caso, con una candidata impuesta por Sánchez- deberían haber abierto una reflexión. Pero la reacción ha sido la de cerrar filas, lo que no ha impedido la ruptura de la unidad en el núcleo duro del presidente. Es la primera vez que esto ocurre en esta legislatura, lo que revela el temor a perder el poder. Hasta cinco ministros, en un gesto que no parece ajeno a Moncloa, han replicado al ex presidente González, llegando a señalar la puerta de salida a quien sigue siendo el principal referente del socialismo desde la Transición. A ello se suma que Óscar López, en una deriva parece que sin límites, ha culpado a Lambán, fallecido el pasado año, del hundimiento del 8-F. Tanto Félix Bolaños como Elma Saiz han evitado respaldar unas palabras que merecieron el reproche de la ex ministra y líder del PSOE aragonés Pilar Alegría.

El indigno ataque de López -del que se ha negado a retractarse- es éticamente reprobable y políticamente insostenible. En primer lugar, por la razón obvia de que Lambán no puede defenderse. Lo segundo, porque es la voluntad de Sánchez de controlar a su partido en todos los territorios lo que está castigando a sus dirigentes autonómicos y municipales. Por eso García-Page ha vuelto a pedir adelantar las generales: «No puede ser que termine hundiéndose a toda la infantería para que exista el cuartel general». Este malestar interno da síntomas de estar extendiéndose. Mientras el alcalde de Mérida, apartándose de la línea oficial, abrió la puerta una abstención socialista en Extremadura, en el PSOE aragonés se ha desatado una batalla en la que dirigentes de Zaragoza y Huesca piden ya «un giro político».

La respuesta a la sangría de votos que arrastra el PSOE no puede ser la de aferrarse a la polarización sin admitir la discrepancia. Porque un partido sin pulso y sin debate, como ha subrayado Juan Lobato en estas páginas, «está muerto». El problema del PSOE no es perder unas elecciones -algo inherente a todas las fuerzas políticas en democracia-, sino renunciar a la centralidad ideológica y la pluralidad orgánica que le permitieron ser un pilar de la vertebración de España.