EDITORIAL
Editorial

Rigor frente a antagonismo estéril

Al Gobierno le interesa alejar el foco de problemas en los que tiene una responsabilidad directa para proyectar a Sánchez como adalid de la izquierda

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.Araba Press
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Las polémicas de Pedro Sánchez con Elon Musk, propietario de X, y Pável Dúrov, fundador de Telegram, representan una controversia estéril que no servirá para solucionar los problemas reales que plantean las nuevas tecnologías, sino para que el presidente intente reforzar su imagen de antagonista y eluda los retos más inmediatos a los que se enfrenta España. El anuncio de la prohibición de las redes sociales para menores de 16 años, que ha propiciado los insultos de Musk y el envío de un insólito mensaje por parte de Dúrov a todos los usuarios de su servicio, aún tiene que concretarse y solventar importantes desafíos técnicos. Se solapa, además, con el anteproyecto de Ley que aprobó el Consejo de Ministros en junio de 2024, y que aún está tramitándose, y podría contravenir la normativa europea, como ya ha advertido la Comisión Europea.

Los excesos de Musk y Dúrov, cuya inmensa capacidad para crear corrientes de opinión es preocupante, permiten a Sánchez personalizar en torno a su figura un debate que inquieta a muchas familias, pero que difícilmente se resolverá con políticas de brocha gorda y relatos simplificados. La ciencia aún no ha alcanzado un consenso sobre los efectos de la tecnología en los menores, por lo que cualquier medida debe sopesarse en profundidad para evitar efectos contraproducentes. Por otra parte, tanto la Fiscalía de París como la propia Comisión Europea han abierto distintas investigaciones contra la red de Musk y su servicio de inteligencia artificial, Grok, por presuntos delitos que van desde la manipulación de algoritmos para favorecer injerencias extranjeras hasta la complicidad en la difusión de pornografía infantil. Se trata de asuntos muy graves que deben aclararse policial y judicialmente, más allá de anuncios efectistas.

Al Gobierno le interesa alejar el foco de problemas en los que tiene una responsabilidad directa, desde el caos ferroviario hasta los casos de corrupción, para proyectar a Sánchez como adalid internacional de la izquierda. Pero impulsar medidas concretas requiere de una mayoría parlamentaria que hoy no existe. Un Ejecutivo sin credibilidad social e incapaz de aprobar unos Presupuestos difícilmente podrá liderar la respuesta global a los retos tecnológicos.

En cualquier caso, limitarse a demonizar la tecnología no puede ser el camino: el retraso de Europa respecto a EEUU y China reduce la competitividad y dificulta alcanzar la soberanía defensiva. Que la UE se sume a esta revolución requiere de una apuesta sostenida y ambiciosa, en ningún caso limitarse a prohibir. Proteger a los menores y evitar que las redes se conviertan en una herramienta contra los valores humanistas y democráticos de Occidente es una exigencia que requiere rigor y capacidad de acuerdo, lo que casa mal con la habitual estrategia polarizadora en la que Sánchez se siente más cómodo.