EDITORIAL
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Una oportunidad española que se diluye

Una oportunidad española que se diluye
Actualizado
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La recta final de los fondos Next Generation deja a España en una posición incómoda. Mientras la Comisión Europea ha aprobado ya la mayoría de los planes revisados y los Estados miembros encaran el último tramo del programa, nuestro país destaca para mal: ha renunciado a cerca de 60.000 millones de euros en forma de préstamos, de los 163.000 que tenía asignados. Es una decisión excepcional entre los grandes beneficiarios y que desmiente el relato triunfalista que durante años ha acompañado a la gestión de Pedro Sánchez.

El contraste con Italia es revelador. Roma mantendrá íntegra su asignación, incluidos más de 120.000 millones en créditos, y cerrará el programa prácticamente duplicando la captación española, cuando en el diseño original de 2020 la diferencia prevista era muy inferior. La explicación no está en el coste de la deuda, como sostiene el Gobierno, sino en la política interna. Así lo ha reconocido la propia Comisión Europea: la dificultad para aprobar reformas y cumplir hitos en un Parlamento fragmentado ha hecho inviable solicitar estos fondos antes de que expire el plazo.

El plan de recuperación no era un cheque en blanco. Cada desembolso exigía compromisos concretos en materia fiscal, regulatoria o administrativa. Renunciar a los préstamos equivale a admitir que el Ejecutivo carece de la estabilidad y la capacidad legislativa necesarias para culminar ese itinerario. Supone también aceptar que decenas de proyectos de inversión y modernización no verán la luz como estaban anunciados.

Más preocupante aún es el intento de minimizar el alcance del revés, ocultándolo tras tecnicismos mientras el presidente guarda silencio. Gestionar ese caudal exigía liderazgo y consenso. Justo lo que ha faltado en una legislatura marcada por el bloqueo, la provisionalidad y la erosión institucional. Los fondos Next Generation representaban una ocasión histórica para transformar el tejido productivo. Que una parte sustancial se pierda por incapacidad política es un fracaso que compromete la credibilidad del país. Europa difícilmente volverá a mirar igual a quien deja pasar una oportunidad que nunca volverá.