EDITORIAL
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La debacle de un modelo

Las elecciones extremeñas marcan un hito para el PSOE. No es el descalabro de Miguel Ángel Gallardo: es el de Pedro Sánchez

El candidato del PSOE en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo.
El candidato del PSOE en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo.Jero MoralesEFE
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Las elecciones autonómicas en Extremadura evidencian con crudeza la crisis existencial que atraviesa el PSOE de Pedro Sánchez. La primera fase del ciclo electoral abierto en España marca un hito para los socialistas: el presidente los ha arrastrado al colapso. El PSOE desaparece como alternativa de gobierno incluso en la región donde su dominio fue durante décadas más estructural y estuvo más consolidado.

La presidenta extremeña, María Guardiola, logró una victoria inapelable. Representar al 43,1% de los votantes en una región de larga tradición socialista denota un vuelco sólido. Además, sus 29 escaños suman más que toda la izquierda. Sin embargo, y pese a haber subido 4 puntos, ello sólo se ha traducido en un escaño más, con lo que Guardiola no logra liberarse de Vox. El fuerte ascenso del partido radical es, de hecho, una de las grandes novedades de la cita.

El desplome socialista no admite matices. Pierde diez escaños, hasta los 18, y anota su peor resultado histórico en Extremadura. Sólo suma el 25,7% del voto. Pero el descalabro no es atribuible a Miguel Ángel Gallardo, procesado por crear una plaza pública para el hermano del presidente: es, en primer término, el descalabro de Sánchez, y la prueba del legado que ha dejado para su propio partido: la quiebra de la igualdad entre españoles, con Cataluña y los partidos nacionalistas como apoyos prioritarios y su supervivencia personal como principio innegociable. Hoy, dos años después del histórico retroceso que el PSOE padeció en las elecciones autonómicas previas al 23-J (y, por tanto, dos años después del pacto de la amnistía), ese modelo se ha hundido en Extremadura. Y nada hace pensar que esa tendencia no se mantendrá o incluso se agravará en Aragón, Castilla y León y Andalucía.

La derecha, por su parte, alcanza el 60% de los votos, y si bien la fuerza mayoritaria es el PP, Guardiola no ha cumplido las expectativas que se había marcado al adelantar las elecciones. La presidenta gana ampliamente -en 2023 quedó segunda-, pero se queda lejos de los 33 escaños que anhelaba, tras dos semanas en las que apenas ha buscado liderar la conversación pública, ausentándose del debate electoral y cerrando la campaña sin Alberto Núñez Feijóo.

El arrastre de Vox es, en ese sentido, muy significativo. Incluso en una región donde no es especialmente fuerte y tras presentar a un candidato desconocido, el partido de Abascal, centrado en la inmigración y la inseguridad, no sólo seguirá siendo decisivo en la gobernabilidad, sino que dobla su apoyo y, con él, su capital político.

Extremadura no es España en su conjunto, pero deja lecciones valiosas para todos los partidos. Las próximas citas electorales dirán si, como parece, la agonía de Pedro Sánchez empujará al PSOE a suelos electorales aún más bajos.