España está recaudando más dinero que nunca y ha aumentado su presión fiscal hasta 3,1 puntos en la última década, lo que significa que ha crecido el triple que la media de los países de la OCDE. Pero la inestabilidad política está impidiendo que estos ingresos se dediquen a las reformas que el país precisa y redunden en mejores condiciones para las clases medias y bajas.
Como refleja el informe Las estadísticas de Ingresos 2025, que publicó ayer la OCDE, los costes laborales son los principales responsables del aumento histórico de la recaudación, especialmente pronunciado en España, donde también ha tenido un importante efecto el IRPF, tras negarse el Gobierno deflactar este impuesto para compensar la inflación.
Pese a ello, la calidad del empleo no solo no ha mejorado en nuestro país, sino que ya es un 26% inferior a la media de la UE, como acaba de recoger el informe de Foessa para Cáritas. Además, el Ejecutivo se ha revelado incapaz de traducir los mayores ingresos fiscales -a los que se suman los fondos europeos recibidos tras la pandemia- en inversiones que impulsen la productividad y transformen el tejido productivo. Como confirmó ayer el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, España ha renunciado a más de 60.000 millones de euros en préstamos comunitarios. El Gobierno acumulaba ya dos años de retrasos para cumplir objetivos e inversiones inviables a causa de la minoría parlamentaria. La perseverancia del presidente en mantener esta legislatura agónica perjudica al interés general.
