EDITORIAL
Editorial

Vox también 'pesca' en el PSOE

La formación de Abascal seduce al 3,9% del electorado socialista tras centrar su discurso en los barrios y la clase obrera

Santiago Abascal, líder de Vox.
Santiago Abascal, líder de Vox.EL MUNDO
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La política de polarización que promueve Pedro Sánchez está teniendo consecuencias inesperadas en sus propios intereses electorales. Tras alimentar el auge de Vox para dividir al PP, ahora esta estrategia se vuelve en su contra: por primera vez, el partido de Santiago Abascal consigue robar electores al Partido Socialista. Así se desprende de la última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, que recoge un trasvase de votos del 3,9% desde el PSOE hacia Vox. En la práctica, eso significa que en torno a 300.000 personas que votaron a Pedro Sánchez en las últimas elecciones generales ahora lo harían por Vox. Hace sólo dos meses, este flujo era marginal: apenas 40.000 votantes.

Como revelamos hoy en nuestro Primer Plano, el clima de división social y parálisis legislativa se combina con la nueva estrategia comunicativa de Vox, que incluye guiños a las clases populares en temas como la vivienda, la precariedad y el poder adquisitivo. De hecho, es entre los votantes de clase media-baja donde el partido de derecha radical encuentra su máximo respaldo: el 19,4%. Cuando se mira el lugar de residencia, el patrón es similar, puesto que la tercera formación más votada alcanza su máximo (19,8%) en ciudades de más de 100.000 habitantes que no son capitales de provincia. Hablamos de zonas del cinturón de grandes urbes como Madrid o Barcelona, que tradicionalmente eran un fortín para el voto de izquierdas.

En los últimos meses, Vox ha realizado constantes apelaciones a las «clases populares» y «obreras», como también a los «barrios». Una figura central en esta nueva estrategia es Carlos Hernández Quero, nombrado portavoz adjunto en el Congreso en noviembre, cuyos discursos se centran en la vivienda, los bajos sueldos o las críticas al bipartidismo y «la casta». Gracias a él, el partido ha hecho suyas consignas populistas hasta ahora asociadas a Podemos.

El punto de inflexión se produjo tras la dana que asoló Valencia hace más de un año. En ese momento, la intención de voto de Vox se encontraba bajo mínimos, tras haber abandonado los gobiernos regionales en julio de 2024. Desde entonces, sus apoyos demoscópicos han crecido al mismo ritmo que ha asimilado sus planteamientos a los de otros partidos de la ultraderecha europea como la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, que explotan el malestar de los trabajadores y las tensiones que genera la inmigración para ampliar sus bases electorales.

La crisis de la vivienda, la falta de perspectiva de los jóvenes o la percepción de inseguridad son problemas reales que, a la vez, constituyen un caldo de cultivo idóneo para los populismos. Un Gobierno en minoría parlamentaria e inmerso en incontables escándalos de corrupción se está demostrando incapaz de ofrecer las reformas y soluciones que la sociedad necesita.

Hasta ahora, Sánchez se ha limitado a desacreditar a sus adversarios políticos y a atizar la división del centro-derecha en beneficio propio. Ahora que la estrategia empieza a volverse en su contra, urge que deje de resguardarse tras un «muro» artificial entre españoles y ofrezca soluciones reales a la inquietud de los ciudadanos.