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Sánchez y su doméstica ofensiva de paz

España, próxima al Sur Global, no pinta nada. Por eso se permite representar su trillada función

Sánchez y su doméstica ofensiva de paz
ALBERTO DI LOLLIMUNDO
Actualizado
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En el mundo libre hay pocos perfiles y caretas tan sofisticadamente peligrosos como el de pacifista pretencioso. Durante la Guerra Fría, la URSS reforzó la propaganda basada en la «lucha por la paz» para, decía, fomentarla en las democracias... contra Estados Unidos. Si el socialismo es paz, todo lo que combate al socialismo es sinónimo de guerra.

La propaganda soviética inoculó el falso «deseo de paz» en Europa, que se superpuso sobre el verdadero, efectivo y concreto deseo de paz que propició la construcción de la UE. El «deseo de paz» se usó contra Israel y las intervenciones estadounidenses que trataban de evitar el expansionismo soviético en Oriente Próximo. El falso y rudimentario constructo elaborado bajo el sintagma «imperialismo americano» tapaba el soviético, basado en sus «ofensivas de paz».

Al constituirse la URSS en 1922, maliciosamente, el Gobierno bolchevique promovió una conferencia regional para el desarme en Moscú. Invitó a Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Finlandia: las naciones que pretendía ocupar a cuenta de la paz. Hoy, brusca y groseramente, Trump ha coceado los problemas que Obama contribuyó a agudizar también en nombre de la paz. Se puede explicar más largo pero, básicamente, mientras sus asesores preparaban su engolado discurso en El Cairo en pos del Nobel, donde se mostró dispuesto a aceptar la victoria de los Hermanos Musulmanes -luego auspició un golpe de estado para derrocarlos-, Obama envió una carta secreta al líder supremo de Irán insinuándole su disposición a dialogar sobre su programa nuclear. El ayatolá respondió airado con un memorial de agravios, uno de los cuales fue reconocido por Obama en su intervención. El resto ya se sabe: Irán no renunció a su programa nuclear y usó a Hamas para atacar Israel.

El artificio amanerado de Obama contrasta con las peladas urgencias domésticas de Sánchez, que se muestra deudor de tres circunstancias que lo empujan a construir una narrativa farisea: lidera una mayoría negativa incapaz de legislar; la corrupción lo devana; y España, próxima al Sur Global, no pinta nada. Por eso se permite representar su trillada función. Meloni le pisa su sombra, aunque su caso es distinto. Avanza con pies de plomo y no quiere distracciones antes del referéndum sobre la reforma judicial. Adopta una posición propia de la tradición democristiana: un equilibrado y calculado pacifismo atlantista. Sin hipocresías, burlas ni penurias.