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El ingenio de la escalera

Gordos serán los pobres de bolsillo

"Se han infiltrado en las cifras que publica Morning Consult: el porcentaje de consumidores de Ozempic se duplica en cuanto los ingresos anuales superan los 100.000 dólares".

Demi Moore, en Los Ángeles.
Demi Moore, en Los Ángeles.AFP
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EL DIRECTOR CREATIVO QUE convirtió Balenciaga en una marca de souvenirs, en el origen de las zapatillas deportivas más contrahechas de la historia, en la firma que publicó una campaña con niños que jugaban con osos de peluche pertrechados con arnés de BDSM, recurrió al truco que calma la deshidratación creativa: en vestidos que parecían vendajes, puso a caminar a modelos famosísima. La tela se pegaba al cuerpo hiladita como si compusiera diseños que podrían haberse empaquetado en la fábrica de una plataforma de moda rápida asiática y delataba unas caderas hiperbólicas, tan afiladas que debían interpretarse como prótesis.

Sus apóstoles quisieron ver una crítica y una reivindicación. Que si una sátira de la superficialidad, blah, y que si el mal gusto usurpándole, blah blah blah, el sillón al bueno. Lucha de licra y lentejuelas en Gucci. Guerra de clases estética.

Aquello todo lo vio Demi Moore. La actriz buscó su asiento frente a la pasarela vestida de cuero negro, con su perrillo apretado bajo el codo y las gafas de sol encasquetadas. La protagonista de La sustancia, 62 años, se dejó fotografiar con piel fresca, canijísima. Quizá a Moore le ha caído encima un nuevo disgusto. O un papel de prisionera de guerra. Puede, igual que Emma Stone o Kelly Osbourne, que no haya elegido los cambios en su aspecto físico.

Pero tal vez el alud de alabanzas sobre la belleza recuperada las ha infiltrado en las cifras que publica Morning Consult: el porcentaje de consumidores de Ozempic se duplica en cuanto los ingresos anuales superan los 100.000 dólares. El encargado de una tienda de lujo estadounidense, desde el anonimato, ha contado a la consultora Matter que en los últimos meses ha tenido que aumentar los pedidos de la talla 38. A las ricas no les aprieta el. La comida, en su plato, no es herramienta para la vida ni un medio hacia el placer. Es, hecha números, una amenaza.

A las riquitas y a las medianitas y a las pobres como ratas tampoco las estrujará el pantalón si la cosa sigue así. Quien atraviese sin auriculares la puerta de un supermercado no sale sin oír junto a la caja que "Dios de mi vida, 44 euros y son dos cosas". Una al final envejece solo como puede.

Si a cambio de unos retoques como los de Stone, tan bella que parece alienígena, hay que dar un riñón, yo lo mando por Correos Exprés con un lacito y confeti de papel charol. Pero este déjà-vu es ya latosísimo. Plan 15 días Special K, dieta Dukan, Naturhouse, barritas Bimanán. No hay mendruga más aburrida que la que vive a dieta. Les va a pillar el hongo nuclear contando calorías.