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Bajad las armas

Las nueces de Mañueco

Los castellanoleoneses son difíciles de impresionar, porque ya lo han visto todo. Quizá por eso allí no gana la izquierda desde que el Cid marchó al destierro

El candidato del PP a las elecciones autonómicas, Alfonso Fernández Mañueco.
El candidato del PP a las elecciones autonómicas, Alfonso Fernández Mañueco.EFE
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Estamos en campaña pero apenas nos damos cuenta. Los medios están a otras cosas por dos razones. La primera es la guerra, que hace mucho ruido. La segunda es Mañueco, que prefiere las nueces. De modo que un tiempo inclinado a la furia épica y un espacio propicio a la austeridad están engendrando una campaña lenta, analógica, propia de la edad en que el disputado voto del señor Cayo se pedía en burro por los dos mil y pico pueblos de la región más histórica y extensa de España. Tanta historia acumula la vastedad de Castilla y León que corre el riesgo de vivir únicamente de pasado. Por eso se afanan estos días los candidatos en prometer medidas que anclen la población al territorio, que aseguren la rentabilidad del campo, que garanticen la ubicuidad de los servicios públicos. Cosas de comer. Nueces.

De momento a nadie se la ha ocurrido recoger el guante de Macron, que anda buscando por Europa solares dispuestos a alojar parte del arsenal atómico francés en el marco de su nueva estrategia napoleónica a ritmo de Marsellesa. Una localidad idónea para promocionar a potencia nuclear es Peleas de Arriba, pedanía zamorana que alberga a 150 norpeleínos y que no debemos confundir con Peleas de Abajo, que tiene censados a 250 surpeleínos. Con el dedo en el mapa se da la paradoja geopolítica de que Peleas de Abajo se ubica en realidad al norte de Peleas del Arriba, donde por cierto nació Fernando III, que tuvo la suerte de vivir en una época donde uno podía alcanzar la santidad guerreando contra los hijos de Mahoma, lo mismo que el rey Luis de la patria de Macron. Frustrada la candidatura al Nobel y aprovechando el pontificado de un compatriota, no descartemos que sea la canonización lo que persiga el milagroso superviviente de Pensilvania, señor Donald John Trump, martillo de sarracenos persas.

Queremos decir que los castellanoleoneses son difíciles de impresionar, porque ya lo han visto todo. Quizá por eso allí no gana la izquierda desde que el Cid marchó al destierro, y quizá por eso allí Vox no ha logrado hacerse perdonar la espantada de 2024 después de inaugurar la fórmula de la coalición con el PP. El castellano es partidario de la seriedad, devoto del compromiso y enemigo de la cobardía. Se fía de lo hecho más que de lo dicho. Por eso Mañueco, que no es precisamente un surtidor de carisma, contiene la crecida de Vox. Porque los experimentos, en la vieja Castilla, topan enseguida con el poder de la memoria.