La Agrupación Socialista Islámica de los Goya recibió el sábado con una cerradísima ovación a Pedro Sánchez y Begoña Gómez, en el esperado acto de apoyo al régimen islámico de Irán y sus asociados de Hamas, que dominan la franja de Gaza ejecutando en plena calle a los que les disputan el control de las ayudas humanitarias de los países ricos, como España. El acto central de la ceremonia tuvo lugar, como es costumbre, a la entrada del teatro, en la cuidada rueda de prensa improvisada de Sánchez a los medios, cuyos militantes aprovechan su cercanía para animarle: ¡eres nuestro icono!
Y como siempre, Sánchez no defraudó. Si el año pasado saboteó la Vuelta Ciclista a España y envió una flotilla a Gaza para mostrar su apoyo a Hamas, víctima de la venganza israelí por las supuestas violaciones, supuestos secuestros y supuestos asesinatos de jóvenes judíos amontonados en un festival tecno, esta vez plantó cara a la conjura judeoyanqui contra la libertad de los pueblos, bárbaramente manifestada en el bombardeo a Teherán que ha producido la muerte del líder espiritual, político y militar Alí Jamenei, hombre providencial que durante 40 años ha evitado la recaída de la juventud iraní, especialmente las mujeres, en las decadentes costumbres occidentales, que permiten mostrar su cuerpo y provocar el pecado en los hombres.
Sánchez hizo algo mucho más práctico que apoyar el régimen de los ayatolás: defenderlos. La parte más podrida de su opinión pública, infiel desde la Reconquista, no respeta la eliminación de 50.000 enemigos del régimen, que, tras la muerte de una impía que llevaba mal el velo, atacan la vigilancia islámica sobre todos los actos de la vida, inspirada en el Corán. Ante esa incomprensión, Sánchez no dijo que apoyaba a Teherán, aunque lo apoye, sino que no apoya a los que lo atacan, o sea, lo mismo, pero mejor. Lo hace también con el régimen bolivariano: no lo apoya, pero ataca a los que lo atacan. Y defiende el derecho internacional; para sus dictadores, claro.
El año que viene, los Goya deberían celebrarse en Gaza. En Teherán hay mucha feminista occidental, y, si la conjura judeoyanqui triunfara y llegaran al poder, serían capaces de apedrear a Sánchez y a Begoña. Son todas fachas, y fuman. Pero, además del apoyo de las líderes podemitas y los actores de los Goya a la represión de la obscenidad en Irán, lo mejor de los Goya ha sido no citar, entre Gaza, Caracas y Teherán, a los muertos de Adamuz. Aún hay muertos y muertos.

