Podemos convenir en la definición del tardosanchismo como una sucesión de escándalos apenas velados por sus correspondientes cortinas de humo. Hace tiempo que el búnker se ha poblado de penélopes con doctorado en posverdad que tejen volutas en el aire antes que leyes en el BOE, fundamentalmente porque no hay mayoría para aprobarlas. Todavía no se ha dado cuenta, pero ya falta menos para que Pedro comprenda que debió haber dimitido tras los famosos cinco días de reflexión. No solo habría recobrado la salud sino que habría legado a la izquierda un capital de misterio y victimismo, un relato casi suareciano desde el que intentar la tercera salida quijotesca en el momento oportuno de desgaste de un gobierno de derechas.
Pero le faltó imaginación y le sobró miedo. Así que se empeñó en doblarse de presidente therian, mitad perro ladrador y mitad hombre mordedor. Los griegos llamaban cínico al hombre que aspiraba a vivir con la indisciplina de un perro callejero, y en Moncloa habita hoy un cínico crepuscular que se lame las heridas hasta quedarse en los huesos y se consume soñando con la postrera piedad de los votantes.
El problema ya no es la mentira que nos cuenta -que preside un gobierno operativo- sino que ni él la distinga de la verdad de su triste situación, los estertores de esta legislatura suicida que agoniza encarnizadamente y que abocará a la izquierda a una larga travesía por el desierto de la oposición y el faccionalismo. Por cada día que aguanta Pedro en Moncloa se retrasa otra semana el incierto retorno de lo que quede del PSOE a ese palacio algún día.
Por el humo se sabe dónde está el fuego, pero en el caso de la casa en llamas llamada Moncloa ya todo es humareda. Lo ejemplifica el ceniciento Bustinduy, a quien quieren terminar de esculpirle las ojeras cargándole la herencia de las ruinas de Yolanda: como si no tuviera suficiente con parir ideas de bombero. Decretar un despido general de enanos toreros (si se empeñan en ser ambas cosas a la vez), prohibirle el Red Bull a la chavalería (no vaya a ser que la excitación cafeínica los ponga a cantar el Cara al sol) o instituir la Mesa Interinstitucional de Soledades (galerías y otros poemas). ¡Cortinas de humo!, clamará la oposición. ¿Y no será que el humo es la esencia misma del sanchismo? ¿Y no será que ahora humea más que nunca porque va terminando de quemarse?

