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Sin acritud

23-F: no hubo doblez en la Corona

Los documentos desclasificados no revelan ningún secreto. No existió ambigüedad desde la Jefatura del Estado. No hubo doblez en la Corona, y esa es la única verdad

Juan Carlos I, en el Palacio de la Zarzuela, durante su alocución televisada en la noche del golpe de Estado del 23-F.
Juan Carlos I, en el Palacio de la Zarzuela, durante su alocución televisada en la noche del golpe de Estado del 23-F.THOMAS COEXAFP
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La desclasificación de los documentos no altera lo que ya sabíamos sobre el 23-F, solo añade detalles y color. Aun así, hemos escuchado el estribillo habitual: «no lo han abierto todo». La sospecha permanente nace de la voluntad política, no de los papeles. Las viejas patrañas de la extrema derecha -el golpe como maniobra de la Corona- llevan décadas siendo recicladas por sectores de la izquierda y del separatismo. Se habla de «operación de Estado» y de «implicación del rey emérito» con una seguridad inversamente proporcional a la evidencia.

La historiografía seria ha establecido desde hace tiempo que fue un golpe descoordinado. Tejero y Milans apostaban por la ruptura dura; Armada promovía un Gobierno de concentración presidido por él mismo. No hubo un plan único ni una dirección coherente, sino una coyuntura explosiva: crisis económica, terrorismo persistente, desgaste político de Suárez y malestar militar acumulado.

Sabemos que el general Armada se reunió semanas antes con el Rey en Baqueira y le trasladó el descontento castrense y de otra mucha gente, ofreciéndose como solución. Este informó a Suárez, quien interpretó la maniobra como deslealtad y dimitió poco después. ¿Fue imprudente el monarca? Puede aceptarse. ¿Fue cómplice? No hay base alguna para sostenerlo. Y existe, además, un hecho que desmonta cualquier insinuación de doblez.

Si hubiera querido imponer la llamada «solución Armada», habría intentado promover su nombre como presidente del Gobierno tras la dimisión de Suárez. La Constitución otorga margen al Jefe del Estado para proponer candidato. Sin embargo, el nombre que respaldó fue el de Calvo-Sotelo, el señalado por Suárez y la UCD.

Cuando Armada pidió acudir al Congreso ocupado, Zarzuela le prohibió que hablara en nombre del Rey. Queda, eso sí, una pregunta legítima: ¿qué habría sucedido si Tejero hubiera permitido a Armada exponer su propuesta ante los diputados retenidos? Es un interrogante contrafactual razonable, no una prueba de conspiración.

Lo único cierto es que el mensaje televisado de Juan Carlos se grabó mucho antes de que Armada abandonara el Congreso. Hasta entonces, su prioridad fue asegurar la cadena de mando, evitar el contagio en las capitanías generales y prevenir un enfrentamiento o un derramamiento de sangre.

Los documentos desclasificados no revelan ningún secreto. No existió ambigüedad desde la Jefatura del Estado. No hubo doblez en la Corona, y esa es la única verdad.