Pedro Sánchez sobrevive como puede procurando no marchitarse antes de tiempo y eso para la derecha y su versión más ultra es también una "cortina de humo". Ésta es una expresión desafortunada y difícil de encajar en un discurso maduro, solvente, sagaz. En el vociferio político se incrustan sintagmas rasantes y los utilizan indistintamente en ambos bandos hasta que los desangran y alguien echa otro nuevo hallazgo a los micrófonos para que corra la misma suerte: no significar demasiado. El lunes fue un día de mucha "cortina de humo" porque Sánchez adelantó que el Consejo de Ministros de este martes aprobará la desclasificación de los papeles del 23-F, la siniestra y bufa tejerada, último intento de los ultras franquistas para impedir la democracia por donde ahora avanzamos o imponer una falsa democracia rigurosamente vigilada, como los trenes del novelista checo Bohumil Hrabal. Los protagonistas pasaron todos por banquillo y reja: Armada, Milans del Bosch, Tejero... Pero falta saber hasta dónde llegaron, y el Rey de entonces qué, si se pudo evitar y quién se salió de puntillas de aquel acoso a un país ultrajado.
Cuarenta y cinco años no son nada y tampoco conviene estar carente de prejuicios frente a aquello. Algunos patriotas de sí mismos pretendían devolver a España al 36 o al 39 o al 43 o al 51 o a cualquiera de los 40 años de dictadura sin reciclar antes la basura acumulada. (Para los suspicaces: también estará formidable cuando alguien explique con rigor la matanza de Paracuellos). Dicho esto, ahora que tanto se odia públicamente como si fuera siempre un día de fiesta (el verso es de Hölderlin), no daña conocer mejor la mandanga de aquellos meses. Porque ese tiempo pudo ser pa' habernos matao. Lo mejor de la democracia (ya lo hemos aprendido) es que suele dar de más a quienes no confían en ella. Quiero decir: en democracia se está mejor que en lo otro, tenemos muertos y números para cotejarlo. Con el 23-F íbamos al hundimiento, por eso es favorable desclasificar y compulsar, y hasta entender, y si es posible desenmascarar. Los protagonistas militares de la asonada son hoy la vergüenza de un paripé peligroso. Quién prefiere no saber.
No lo llamaría "cortina de humo", sino oportunidad y tactismo. Nada nuevo en el trile político. Probablemente no habrá ninguna fantasía barroca en los legajos, ni revelaciones para voltear la historia, quizá sólo un eco de viejos militares traidores traicionándose a granel y dejándose los unos a los otros tirados en sus cunetas. Conocer mejor la gansada'delincuencial del 23-F no abre heridas, sino que aclara sombras y aplasta mentiras. De eso se trata. Alguien tenía que desclasificar los documentos secretos y Pedro Sánchez ha decidido que ahora, como la exhumación de Franco en 2019. Le conviene, claro. Que todos los males sean estos.

