Los gitanos tienen su manera de convocar lo sobrenatural y por eso el otro día una representación de este pueblo incalculable se acercó a La Moncloa a reivindicar, denunciar, agradecer, cantar y bailar. Hace 600 años llegaron a España y en el Barrio de Santiago de Jerez de la Frontera llevan al menos otros 500 conviviendo naturalmente con payos y demás. Lejos del tópico sobre el gitano chatarrero, mangui, trafiquilla y nómada, existe una realidad de pueblo herido, ignorado, expulsado y dueño de una dignidad sin molde. Federico García Lorca lo entendió muy bien.
En La Moncloa cantó por Camarón el vibrante Israel Fernández, y a la guitarra Diego del Morao. También interpretó el himno internacional de los gitanos, Gelem Gelem, Leila Soto. Intervino Teresa Peña, La Lebrijana; y Juan de Dios Ramírez Heredia, primer diputado gitano en el Congreso de los Diputados por el PSOE. Pepe Habichuela, Juana Martín y Lolita Flores recibieron las Orden de Alfonso X el Sabio y del Mérito Civil. Lolita dijo: "Somos como todos vosotros, aunque tengamos un origen diferente". A veces olvidamos por olvidar.
Al mundo gitano (también al payo educado en cantes gitanos) le debemos una de las babilonias de la historia de la música: el flamenco. Es nuestro jazz, nuestro blues, y sólo ocurre de verdad en España. Fuera dices "flamenco" y, quien más quien menos, sabe de qué va. Igual que si dices Cervantes. Entre el Quijote y el flamenco hay un trozo claro y extenso de nosotros. El flamenco emociona del todo porque viene de abajo, y de donde nadie sabe, y de la fatiga, de las penas, también de la celebración. El flamenco es una escuela de tolerancia donde se han declarado guerras tremendas.
Los gitanos llevaron hasta Sánchez su sarao como quien la lía con gracia en un patio, en un concierto gigante o alrededor de una hoguera alimentada con maderas de palé. No son una raza maldita ni una excepción cultural, sino propulsores de unos sonidos sofisticadísimos, oscuros o luminosos, donde se cantan verdades grandes: "Sigue cantando tu historia/ sigue cantando gitano/ que el mundo no es una noria/ y ojalá nos criasen a tos como hermanos". Esto es del Terremoto hijo. Los gitanos entraron en Moncloa en medio del derribo general y por un rato hubo fiesta.

