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Bajad las armas

Rufián ahora es unionista

Amortizado el liderazgo de Yolanda Díaz antes de nacer, el PSOE necesita otra muleta para competir dignamente contra PP y Vox en las generales

Pedro Sánchez y Gabriel Rufián.
Pedro Sánchez y Gabriel Rufián.Javier Barbancho
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El último quijote de la izquierda estatal no proviene de La Mancha sino de Santa Coloma de Gramanet, provincia de esa Barcelona que de tal modo acogió al Caballero de la Triste Figura que no pudo sino deshacerse en elogios a semejante archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres y correspondencia grata de firmes amistades. Pero Barcelona ha cambiado mucho desde entonces, y por no acoger ya no quiere ni a sus hijos pródigos, sobre todo si son nietos de andaluces. Lo sorprendente, lo imperdonable, es que aquel barcelonés de aluvión recriado políticamente en Madrid contribuyese con pasión digna de mejor causa a su propio extrañamiento durante los años autolíticos del procés. Cualquiera podía temer que un movimiento de fanáticos identitarios acabaría regurgitando a aquellos elementos de orígenes sospechosos que precisamente se enrolaron para hacérselos perdonar.

A Juan Gabriel Rufián Romero lo quieren hoy más en Madrid que en Cataluña. Y ahora que prefiere ser cabeza de ratón español antes que cola de león catalán entendemos del todo la naturaleza puramente instrumental de su militancia en Esquerra. Por eso no se lo pensó demasiado cuando oyó el susurro con que lo ungía Moncloa: "Tú, que tan favorecido sales en las redes de los tecnooligarcas, eres el futuro de la izquierda plurinacional". Amortizado el liderazgo de Yolanda Díaz antes de nacer y cumplida la obsolescencia programada del artefacto llamado Sumar, el PSOE necesita otra muleta para competir dignamente contra PP y Vox en las generales. Así don Gabriel puede al fin reconciliarse con su charnega condición y postularse como líder mestizo, frentista sin reparos, enemigo de la pureza de los doctrinarios de sigla que atomizan el poder de la izquierda.

Pero el quijotismo de Rufián choca de frente contra la ley histórica que formuló hace más de un siglo el sociólogo Robert Michels: la ley de hierro de la oligarquía. Toda organización al crecer segrega un aparato burocrático que acapara el poder orgánico y acaba desentendiéndose de las bases del partido y de la sociedad a la que se supone que sirve. Por esos los plurales portavoces del Frankenstein le han dado un portazo a Rufián para proteger sus sillas, y el éxito de la Chunta en Aragón refuerza la deriva centrífuga. Quién le iba a decir al portavoz de ERC que acabaría luchando en las sufridas filas del unionismo.