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Optimismo

Un poco de sociología para combatir los bulos científicos

No basta con dar una opinión: hay que enfrentarla a la realidad empírica y someterla a la revisión de otros especialistas

Laboratorio de investigación en la Autónoma de Madrid.
Laboratorio de investigación en la Autónoma de Madrid.Alberto Di Lolli
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Pese a las crecientes amenazas geopolíticas, económicas y comunicativas a las que está expuesto el mundo construido tras la Segunda Guerra Mundial, varias de sus instituciones y creencias fundamentales todavía gozan de una salud más robusta de lo que parece. Una de ellas es el consenso en torno al valor y la utilidad de la investigación científica: una amplia mayoría de la población se interesa por la ciencia, confía en ella e incluso entiende razonablemente sus métodos. El negacionismo y las teorías conspirativas persisten, pero aún hay motivos para ver el vaso medio lleno.

Según el nuevo Estudio de Cultura Científica en España, realizado por la Fundación BBVA, un 93% identifica correctamente que la comprobación experimental de una teoría y su confirmación por parte de otros grupos de investigación son importantes para determinar su validez. Es decir, no basta con dar una opinión: hay que enfrentarla a la realidad empírica y someterla a la revisión de otros especialistas, lo que sin duda separa a la ciencia de la mayoría de discursos que intentan seducirnos a diario.

Una regla casi siempre útil es comprobar si aquello que nos cuentan se publica en revistas científicas o, en cambio, procede de lobbies o expertos no independientes. Así dice hacerlo un 72%, que concede mucha o bastante importancia a que un resultado aparezca en publicaciones académicas. Otro resultado que invita al optimismo es que una holgada mayoría asegura entender procesos como el «efecto invernadero» (85%) o la «fotosíntesis» (82%), aunque en realidad son más complicados de lo quizá pensemos.

Curiosamente, no resultan tan familiares ideas de las ciencias sociales que se dirían sencillas: el concepto menos comprendido (40%) es el de «estratificación social», el cual significa, simplificando un poco, que siempre ha habido ricos y pobres, en el mismo sentido que la sabiduría popular da a esta frase. Esa sociología que al parecer nos falta sería una excelente herramienta contra la desinformación científica, promovida a menudo desde «algunas élites y grupos de interés», como señala el estudio de la Fundación BBVA.

Quizá el resultado más preocupante sea que solo un 46% considera falsa la afirmación de que «el cambio climático se debe principalmente a ciclos naturales de la Tierra y no a las actividades humanas». Afirmación cuyo principal valedor es el hombre más poderoso del mundo y que, según se estudia en España en Primaria, es falsa. Pero, como la sociedad está estratificada, resulta que a él se le oye más.