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A simple vista

No dañen un pelo de su cabeza

De los creadores de "El Hombre no pisó la Luna" (el 22% de los españoles así lo cree), llega ahora el revival "Los inmigrantes que el Gobierno va a regularizar son todos una panda de hijos de puta que han venido a violar a saco y a mangar lapiceros del Ikea"

Liam Conejo Ramos, de cinco años.
Liam Conejo Ramos, de cinco años.Cedida por Columbia Heights Public Schools
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De los creadores de "El Hombre no pisó la Luna" (el 22% de los españoles lo sostiene), "Los extraterrestres han visitado la Tierra, pero los poderes lo han ocultado" (30%) y "El cambio climático no existe" (15%); llega ahora el revival "Los inmigrantes que el Gobierno va a regularizar son todos una panda de hijos de puta que han venido a violar a saco y a mangar lapiceros del Ikea".

Más allá de la motivación verdadera de la medida sorpresa, en Carabanchel Alto celebramos la iniciativa del Gobierno que -ocho años después de estar a los mandos- ha decidido extender el internacionalismo y socialismo y el humanismo y todos los ismos por estas calles que no están tan limpias como Ferraz y por estas marquesinas por las que el 34 tarda media hora en pasar.

Lo celebramos porque Osvaldo hace la mejor pizza y porque Eleonora es muy atenta en el ascensor. Porque son muy buenos vecinos. Lo celebramos y ya.

Hay obviedades que no dan para más de tres párrafos: lo mismo que un lapicero del Ikea.

(...)

Todo se ve mejor con la distancia.

Se llama Liam Conejo Ramos, tiene cinco años y una mochila de Spider-Man, es de origen ecuatoriano y cumple ya una semana retenido junto a su padre en un centro de detención en Dilley (Texas) por ser inmigrante sin papeles.

Las gélidas manitas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) que lo han detenido son esas mismas que unos días antes mataron en Minneápolis a Renée Good por no parar su todoterreno y unos días después asesinaron a tiros a Alex Pretti por mediar en favor de una señora.

En Lo que está mal en el mundo, Chesterton comenta una ley promulgada en aquel tiempo en Reino Unido según la cual, para evitar las epidemias de piojos en los barrios pobres, los niños de la clase obrera debían llevar las cabezas rapadas.

"Los pobres se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos", escribe. "En consecuencia, los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos".

Y añade: "Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una distribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos caerán, pero no habrá de dañarse un pelo de su cabeza".