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Carne de Cañón

Grietas en el alma y pliegues en el mito con "p" de Julio Iglesias

Una chica con esquizofrenia tuvo que tomar litio porque pensaba que Julio Iglesias la visitaba por las noches. Estos días sus ex empleadas han acusado al cantante de ordenarles prácticas bastante repugnantes

Grietas en el alma y pliegues en el mito con "p" de Julio Iglesias
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Detuvieron a la tía de una amiga mía a mediados de los 80. El dueño de una droguería había acudido a comisaría alarmado por la cantidad de matarratas que aquella chica debía de haber acumulado en pequeñas compras; sospechaba de aquella joven tan pizpireta que le hablaba de temas demasiado variopintos...

Interrogada por la Policía, confesó que planeaba matar a sus padres y hermanos porque impedían que se marchara con su gran amor, Julio Iglesias, que cada noche trepaba hasta su balcón para poder verla. Los médicos a los que la llevaron le diagnosticaron esquizofrenia y le recetaron el litio pertinente. La historia no tiene gracia, en realidad, aunque la familia sigue viva.

El espeluznante relato de las ex empleadas de Julio Iglesias ha marcado la actualidad informativa de la semana. Según una consultora especializada en la percepción de famosos llamada Personality Media, solo el 7 % de los hombres y el 4 % de las mujeres considera que se trata de una denuncia falsa. No es extraño. Las imágenes incómodas de besuqueos -que en otro tiempo podían parecer graciosos- alimentan la conversación social sobre el cantante. Lo que le faltaba a El Madrid.

Por lo que cuentan quienes le conocen -eso tan críptico que se califica de «entorno»-, lo más relevante será saber cuál era el desempeño de las denunciantes en el servicio del cantante. Y, por lo que dicen, esa será la línea de defensa del artista. ¿En calidad de qué estaban trabajando las dos señoras? De ahí que el consentimiento vaya a ser, de nuevo, una cuestión central en el debate. O la prostitución -dadas las acusaciones de «trata»-, un asunto que desde luego no conviene al sanchismo.

Acosar a las chicas del servicio de la casa es un clásico del macho priápico. (También, por cierto, lo es casarse con ellas, como saben muchos prohombres y señoras de). No hay nadie más vulnerable ni con menos escapatoria de las garras del sátiro. Es, en efecto, un eslabón débil por la relación de intimidad que se establece entre patrón y empleada. Los académicos que estudian los abusos sexuales saben que solo se denuncian una parte mínima de los delitos que sufren las mujeres. El violador, el acosador, sabe bien a quién elige como víctima. De ahí que un actor famoso nunca quiera propasarse con una igual, sino con una chica del reparto, una aspirante, una maquilladora... Las mujeres tienen que ser fuertes, pero no todas lo son ni están en posición de serlo.

Nadie sabe qué tipo de fisioterapia aplicaban a Julio Iglesias (¿calippo o donut fondant durante cinco horas?) ni tampoco la cronología exacta de los hechos. Y eso que los autores de las informaciones dicen que han estado investigando tres años.

Contaba una señora de Murcia que conociendo no se puede votar, ni tampoco -añado- admirar. La cercanía permite ver con demasiado detalle las grietas del alma y los pliegues del mito (con p). A veces dan ganas de darle la vuelta a Pinker y admitir que estamos tan bien como estamos (mejor que nunca), pese a esa capacidad inherente de muchos para sacar lo peor de los hombres y mujeres de talento. Los pelotas, los arribistas, las complacientes rodean siempre al genio -o al poderoso-. [Y aquí pongan también hijos con hambre de pasta -solo ha salido Enrique, que no le necesita para nada, presumiento de niña monísima- y esposas que aceptan lo que hay]. Si hay un montón de mindundis con fama y podercito que son gilipollas (por no decir sobones), ¿cómo no va a pensar Julio Iglesias que sigue siendo irresistible? O que puede tomar lo que ha pagado.

La edad -ya lo vimos con Biden y más recientemente con Trump- no perdona y dejan en nada incluso a quienes lo han sido todo. Estar chocho, estar enchochado... ¿qué más da?

Es difícil saber en qué quedará la denuncia: si se archivará o si se le declarará incapaz, como ha dicho Manuel Alejandro, por "volverse completamente loco", (que es la es la única explicación que encuentra para dar credibilidad a lo que cuentan las chicas). En cualquier caso, lo repugnante es la manera en que se ha politizado la denuncia contra Julio Iglesias y las consiguientes intoxicaciones informativas.

Bastó la medicación para que Julio dejara de visitar a la tía de mi amiga en sus alucinaciones.