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Ciudad abierta

Quién tuviera una transición imperfecta

Por cada español que destaca los defectos de nuestra transición hay un venezolano o un iraní que lo daría todo por tener una transición tan defectuosa como la nuestra

Vigilia para pedir la liberación de los presos políticos en Venezuela.
Vigilia para pedir la liberación de los presos políticos en Venezuela.Ronald Pena REFE
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No sé qué más necesitamos para aceptar que nuestra transición a la democracia fue un milagro. Hay grandes diferencias entre lo que está ocurriendo en Venezuela y lo que está pasando en Irán, pero si algo se comprueba en ambos casos es lo difícil que resulta desmontar un sistema autoritario, sobre todo cuando quienes lo controlan 1) no quieren dejar el poder, y 2) han moldeado a su gusto todo el aparato represivo del Estado.

Irán y Venezuela recuerdan que la presión interna y democrática no suele bastar por sí sola para provocar un cambio de régimen, ni siquiera cuando hay millones de personas que lo arriesgan todo por lograrlo. Si quienes sujetan las ametralladoras están dispuestos a convertirse en asesinos, no hay mucho que hacer. Además, los sistemas represivos no sólo limitan la posibilidad de que se articule una oposición; también neutralizan la capacidad de cualquier oposición, por mucho apoyo que tenga, de hacerse con las riendas efectivas del país. Unas dificultades que, como también estamos viendo, persisten incluso si hay interés internacional en facilitar el cambio de régimen. Las potencias extranjeras siempre tienen sus propios cálculos e intereses, y estos pueden facilitar el proceso de cambio, pero también pueden cooptarlo, distorsionarlo o hasta traicionarlo.

Está claro que las condiciones de España en los años 70 eran muy distintas de las de estos países en los 2020. Pero la excepcionalidad de aquellas condiciones es precisamente un motivo para celebrar el caso español, o al menos para sentirnos afortunados de ser sus beneficiarios. También está claro que la española no fue la única transición a la democracia exitosa y mayormente pacífica. Pero que algunas transiciones salgan bien no hace que su éxito resulte menos asombroso. Sobre todo, si uno piensa en lo que ocurre cuando fracasan. Por cada muro de Berlín que cae hay una plaza de Tiananmen que se llena de sangre. Por cada colapso del bloque soviético hay unas primaveras árabes que terminan en represión y guerra civil. Por cada héroe opositor que alcanza la Presidencia hay otro que es asesinado; por cada Havel hay un Navalny. Y por cada español que destaca los defectos de nuestra transición hay un venezolano o un iraní que lo daría todo por tener una transición tan defectuosa como la nuestra.