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Bajad las armas

'Fachapobres' de Pedro

El Ibex escala a máximos porque capta el capital que huye del ladrillo, y los hijos de la clase media empiezan a emanciparse a los 40. Y cuando expresan su colérica disposición a votar a Vox, va la izquierda que los ha empobrecido y los llama 'fachapobres'

La vicepresidenta del Gobierno María Jesús Montero, junto a Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, durante la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera.
La vicepresidenta del Gobierno María Jesús Montero, junto a Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial, durante la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera.EUROPA PRESS
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Se acusa al todavía presidente del Gobierno de ser una fábrica de ultraderechistas. Lo acaba de hacer Jordi Sevilla, autor de un manifiesto tan audaz que nadie se ha atrevido a poner su firma debajo: postula nada menos que una socialdemocracia para el siglo XXI. Es como si la infanta Margarita convoca una merienda de victorianas eminentes para reivindicar el miriñaque.

No afearemos a don Jordi su arranque de romanticismo kelseniano en un mundo que vuelve a deslizarse por el plano schmittiano de la soberanía del más fuerte, pero me temo que su partido ya no tiene solución. Como le ha sucedido en toda Europa, también en España su verdugo será esa clase trabajadora a la que ha traicionado minuciosamente hasta empujarla en brazos de eso que Sevilla llama la ultraderecha, hija natural de la desigualdad promovida durante el sanchismo.

La lista de traiciones es larga, pero basten las dos últimas. La penúltima es la financiación singular que Pedro ha pactado con el casero de su salvador (sic) Illa. El manual de historia de las ideas políticas dice que el socialismo es incompatible con el nacionalismo, porque el primero persigue la igualdad mientras que el segundo encarece la diferencia: el privilegio oculto bajo el tecnicismo contable de la ordinalidad. Como es imposible defender desde posiciones no reaccionarias que los más ricos (los que más impuestos pagan) sean los que más reciban, Pedro ha encomendado esa improbable pedagogía a María Jesús Montero, arma de confusión masiva de este Gobierno. En Silicon Valley trabajan a contrarreloj para desarrollar una IA que no se recaliente cuando se le ordena traducir del monterés al cristiano.

La última traición de la izquierda a sus votantes tradicionales es la vivienda. Los viejos socialdemócratas no querían acabar con los ricos sino con los pobres; pero el nuevo progresismo dio cauce a su negra envidia atacando la seguridad jurídica de los propietarios, desincentivando el alquiler, demonizando la construcción y drenando la oferta mediante la intervención de los precios. Resultado: el Ibex escala a máximos porque capta el capital que huye del ladrillo, y los hijos de la clase media empiezan a emanciparse a los 40. Y cuando expresan su colérica disposición a votar a Vox, va la izquierda que los ha empobrecido y los llama fachapobres.

No es mal final para el partido que reguló el suicidio asistido. Solo que el PSOE no necesita que le asistan. Se basta solo.