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Maduro capturado; Trump temido, pero no respetado

El presidente no ha dedicado un minuto a pensar cómo gestionar la transición a la democracia en Venezuela ni a hacer valer la Constitución de dicho país, que estipula que a la vacante presidencial debería responderse con la convocatoria de unas elecciones

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.NICOLE COMBEAU / POOLEFE
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Los griegos elogiaron a los tiranicidas. Cicerón y Plutarco reflexionaron sobre la legitimidad de resistirse a los tiranos que gobernaban en contra del pueblo. Tomás de Aquino, el Padre Mariana y Francisco Suárez se adentraron en la discusión sobre la licitud del tiranicidio. Juan de Mariana, el más radical, distinguía entre el «usurpador», que ejerce el poder sin título alguno y al que cualquier persona estaba legitimada para derrocar o matar, y el «tirano de ejercicio», soberano que, habiendo accedido legítimamente al poder gobierna despóticamente y al que conviene desalojar solo de forma violenta en último extremo.

Nicolás Maduro, que ganó dos elecciones fraudulentamente, entra en la categoría de usurpador, de la misma manera que su régimen, ilegítimo, violento y criminal, solo puede ser calificado como una tiranía que no merece un minuto más de vida. Por ello se entiende perfectamente que una gran mayoría de los venezolanos no quiera detenerse en minucias legales y contemple la captura de Maduro como un primer paso necesario para la recuperación de su democracia. Ojalá sea así y el país pueda dejar pronto atrás la pesadilla que ha supuesto la dictadura liderada por Maduro sin pasar por una guerra civil ni sufrir más penurias.

El problema es que Trump no es un filósofo griego, romano, ni un escolástico español, sino un matón de barrio al que nada importa la democracia, los derechos humanos o el derecho internacional, que vuelve a quedar en entredicho generando un peligroso precedente.

En su rueda de prensa del sábado, Trump afirmó que EEUU es ahora respetado. No es cierto, EEUU es temido, pero no respetado. El respeto emana de la grandeza, virtud de la que carece Trump, como demostró en su desprecio por María Corina Machado, Edmundo González y la oposición venezolana. Tampoco comanda respeto alguno el lenguaje colonial de Trump, que erige a EEUU en administrador de Venezuela, como si el país y su petróleo fueran de propiedad estadounidense. Y menos aún la evidencia de que, frente a los miles de horas y los numerosos medios materiales -hasta 150 aeronaves- dedicados a capturar a Maduro, la administración Trump no ha dedicado un minuto a pensar cómo gestionar la transición a la democracia en Venezuela ni a hacer valer la Constitución de dicho país, que estipula que la vacante presidencial debería responderse con la convocatoria de unas elecciones. Esperemos que Trump no entregue el poder a Delcy Rodríguez y que Venezuela pueda sobrevivir a la imprevisibilidad, inconstancia y codicia de Trump y pueda recuperar pronto su democracia.