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Naufragios

Acabar la legislatura como Isabel Preysler

El presidente está convencido de que para recuperar el cariño de los españoles debe convertir lo que queda de legislatura en un sketch de José Mota

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palacio de Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palacio de Moncloa.Borja Puig de la Bellacasa/Pool MoncloaEFE
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España acaba el año con Pedro Sánchez haciendo en TikTok «un pequeño house tour por La Moncloa en plan Isabel Preysler»; y con Isabel Preysler hablando de política en El Hormiguero. La socialité lo hace porque tiene que vender un libro, mientras que el líder socialista lo hace por «echar unas risas», según escribió en la red, convencido de que para recuperar el cariño de los españoles debe convertir lo que queda de legislatura en un sketch de José Mota.

Isabel Preysler es lo que permite a Pedro Sánchez, al menos en su subconsciente, acercarse a lo que siempre quiso ser junto a Begoña Gómez, una Familia Real, dándose el gusto de ponerse a gobernar sin necesidad de un Congreso de los Diputados. A mí me encanta la idea de que el presidente enseñe la Moncloa a la muchachada en las redes, o de que cuelgue las tomas falsas de sus recomendaciones literarias, a falta de las tomas falsas de sus Presupuestos Generales del Estado, de las reuniones de Santos Cerdán con Puigdemont o de la supuesta bronca en la que José Luis Ábalos salió por patas de un Consejo de Ministros.

Sánchez, en El Hormiguero, podría haberse enfrentado exactamente al mismo cuestionario que le presentaron a la Preysler, y decir qué opina del «perdón» tras la traición, que lo mismo vale para Iñigo Onieva que para una posible amnistía, algo que en política es bastante habitual, pero que en la alta sociedad no se regala tan alegremente.

«¿Cómo lo ves tú como ciudadana, Isabel, todo esto que está pasando?», le preguntaba Pablo Motos hablando del Gobierno, cuando lo incómodo de la pregunta, tanto para Isabel como para Pedro Sánchez, es verse como ciudadanos. «Es de no creer», respondió Preysler, que es lo mismo que nos soltó Sánchez en rueda de prensa tras la detención de Santos Cerdán. Cualquier pregunta sobre sus parejas valdría perfectamente para interpelar a Sánchez sobre sus secretarios de organización, y las de Julio Iglesias para sus políticas feministas. Incluso cualquier novio de Preysler le habría valido de secretario de organización.

Pero por suerte la elegancia es algo que no se entrena y te delata, por eso Sánchez tiene que decir que Ábalos «era un gran desconocido», y que su relación con Koldo era «anecdótica», mientras la Preysler puede exhibir su desdén confundiendo el nombre de un novio de Tamara, Kevin, con el del perro, Collin, que la culpa ya no sé si es de cómo llamamos a los perros o a los novios.