COLUMNISTAS
Los 40 y tantos golpes

Hoy nos timan menos que ayer: cómo evitar el sablazo del fontanero, del mecánico del taller y del banco con la hipoteca

A medida que la IA se va generalizando, la distorsión más obscena del capitalismo -el precio inflado o rejonazo- desaparece.

Un fontanero arreglando una cisterna en un domicilio.
Un fontanero arreglando una cisterna en un domicilio.IÑIGO IBAÑEZ
Actualizado

El señor que instaló la mampara de la ducha resulta que era fontanero. Bendita suerte. Había que montar el grifo del fregadero y le pedí presupuesto. Nos acabábamos de mudar a nuestra casa y la reforma de aquel piso viejo estaba en sus últimos coletazos. Los jodidos «detallitos» los llaman. Uno, que no sabe nada, pregunta poco y hace caso a quienes saben. Y cuando le dicen que pague, paga. Resulta que aquel señor dijo que lo hacía por 120 euros. De haber dicho 60 o 70 habría pagado religiosamente, pero su demanda parecía excesiva, incluso desde el desconocimiento. Presentí un timo, talento que en mi caso es infrecuente. Amablemente no acepté. Al día siguiente, la persona que había dirigido la reforma apareció para otra cosa. Montó el grifo. Tardó 15 segundos. Me vanaglorio de valorar mucho el tiempo propio y ajeno, pero ocho euros el segundo, que es lo que pedía el otro, es demasié.

Uno puede ser un mercenario con delitos de sangre cuando escribe una columna, pero ante un fontanero, electricista o mecánico de taller no es más que un cordero pascual que reza el Credo de los ovinos. No hay mejor pagador que el ignorante, sea un precio justo o un sablazo. Sin embargo, todo el mundo cree que las estafas van al alza, sobre todo por el acoso telefónico de los comerciales y los fraudes informáticos, cuando en realidad van a menos. El pagar de más se va a acabar gracias a internet y la IA.

ChatGPT puede decirte cuál es la tarifa media por hora de un fontanero en Madrid y compararla por barrios. Quizás de haber obtenido un presupuesto previo aquel tipo hubiera aceptado cobrar 50 euros por 15 segundos de su tiempo. A medida que la IA se generaliza, el rejonazo -la distorsión más obscena del capitalismo- disminuye. Según The Economist, esto hace que vendedores, proveedores e intermediarios pierdan la ventaja en cuanto a la información que tienen sobre los consumidores.

Resulta imposible a día de hoy que un taxista alargue una carrera porque Google Maps te da una ruta con menos tráfico. Un restaurante muy pirata es detectado a gran velocidad gracias a las reseñas de TripAdvisor u otra plataforma similar. Incluso hay apps que te indican el precio de mercado de una botella de vino que te quieren colar como si fueras a beberte un Vega Sicilia.

Lo mismo pasa con dentistas, abogados y agentes inmobiliarios. La tecnología ahorra dinero. La mejor prueba es la hipoteca. Comparar precios entre entidades por internet abarata la que es la mayor operación económica de una vida media. Lo he comprobado. Supone un ahorro colosal respecto a la información manejada por nuestros padres, que confiaban ciega -y erronéamente- en lo que les decía el empleado de su sucursal de siempre.

Esto todo es teoría. Hace poco mi lavadora -de apenas cinco años de vida- se paró. Mientras un miembro del servicio técnico me daba el presupuesto de la reparación, deseé que los visigodos hubieran prendido fuego a la sede de The Economist. Pude haber consultado a una IA para armarme de argumentos, pero me conformé con lanzar un grito de señor muy primitivo.