COLUMNISTAS
Los 40 y tantos golpes

Puede que pertenezca a la peor generación de la historia y no lo sepa

¿Qué hemos aportado en política? A Iglesias, Casado y Rivera, que no dan ni para cadáveres exquisitos. ¿Y en literatura, música y otros campos? Pido disculpas

Pablo Iglesias y Albert Rivera, fracaso generacional.
Pablo Iglesias y Albert Rivera, fracaso generacional.ALBERTO DI LOLLI
Actualizado

Cumplidos los 46 conviene asumir certezas. La primera es que a la vida, como a la pata de jamón, alguien la ha dado la vuelta. La última mitad corre y cada vez más deprisa. Cuando esto sucede recomiendo no hacer balance: es desolador. Jamás escribiré el gran libro con el que soñé consagrarme ni me acostaré como fue mi deseo con una Miss de provincias. No seré un padre ejemplar que dé consejos sabios como Lord Chesterfield ni habré concebido un hijo que crea que soy Atticus Finch.

Nacido en democracia (1979), recibí más ayuda que mis padres y abuelos y he coincidido con el periodo más prospero de la historia de mi país. A pesar de todas estas facilidades de contexto, afirmo con rotundidad pertenecer a la peor generación de la historia (los nacidos entre 1977 y 1982). Por insípida, complaciente e infradotada de talento diferencial.

En política, sus más insignes prohombres se han demostrado equivocados en su visión y ejecución. ¿Cuál es su mayor logro? La nueva política. ¿Qué logró la nueva política? Envejecer antes que la vieja política. Los Cánovas, los Suárez y los Gramsci de mi generación son Pablo Iglesias, Albert Rivera y Pablo Casado, que ni siquiera han dado para cadáveres exquisitos. La única de esta quinta que aún sobrevive en primera línea es Isabel Díaz Ayuso.

En literatura tampoco hemos aportado gran cosa. Con seguridad no se leerá a ninguno de sus mejores escritores dentro de 50 años y, cuando llegado el momento -y por urgencia biológica- se tenga que entregar un Cervantes más vale que se quede desierto. Sin mala fe, por decoro.

No hay estrellas comparables en tronío musical a Julio Iglesias, Camarón y Raphael, mirando a los mayores, ni tampoco, por supuesto, una Rosalía, hacia los más jóvenes. De mi cuadrilla edadista son David Bisbal, Melendi, Dani Martín y La oreja de Van Gogh... Sí, un infarto de miocardio para la posteridad.

En las disciplinas científicas quienes podrían rescatarnos de la maldición de Unamuno con la gloria del Nobel son todos nacidos en la década anterior. Desde Ignacio Cirac hasta Eva Nogales y Francis Mojica, incluso la esperanza más cercana por edad, Pablo Jarillo-Herrero, descubridor del llamado ángulo mágico del grafeno, es ligeramente mayor.

Eso sí, cuando estábamos destinados a despeñarnos con Raúl González Blanco como campeón generacional y repetir un nuevo fracaso futbolístico, de repente surgieron como cabezas que brotan en un bancal de Amanece que no es poco los Xavi, Casillas y demás enanos geniales. ¿Una excepción? No, Luis Aragonés, un señor de otra generación que salvó la nuestra. Como siempre.

Que quieren que les diga, como sucede con el país en el que se nace, uno debe estar orgulloso de la generación que le toca, aunque sea la peor. Por estética.